La Tula

Bar La Tula: «Porque comer es divertirse en serio»

Por Euleon

Bar La Tula: «Porque comer es divertirse en serio»
Nombre La Tula
Dirección Ronda de Triana, 29 (  )
Horario De 08.00 a 0.30
Teléfono 854808961
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

“Una carta de tapas donde concurren la tradición con lo moderno en un quiebro trasgresor al aburrimiento”

Bares y restaurantes hay más que botellines, estamos de acuerdo; pero ¿qué me dicen ustedes de los críticos gastronómicos? Este cronista sostiene que hay más blogueros, gourmands, “influencers”, censores, calificadores, visitadores o rayos encendidos (como ustedes quieran llamarlos) que bares hay en la ciudad de la gracia, que ya es decir. Usted abre el internet y hay más gente escribiendo de comida que cocinando. Es el signo de los tiempos, cualquiera opina del sabor sin saber. Hete aquí un ejemplo: servidor mismo.

Por cierto, y ya que el lector me ha concedido la venia, le voy a hablar de lo último de Luis Parladé al que usted conocerá por ser el artífice de La Basílica, La Barqueta o el Quiosco de La Buhaira. En medio de la Ronda Triana que viene a ser como el paseo marítimo de Sevilla, ha abierto nuestro hostelero en cuestión un bar la mar de agradable porque ni es bar ni es restaurante y si me apuran, tampoco quiere ser gastrobar, que es algo así como el hijo tonto de todo lo anterior. La Tula es un sitio de encuentro donde echar un rato agradable, tanto en la brisa trianera de sus veladores como en el cómodo y elegante comedor de sus adentros. Todo alrededor de una carta de tapas donde concurren la tradición con lo moderno en un quiebro trasgresor al aburrimiento.

De lo dicho, un poner: una carrillera de cerdo servida en una taza de café con una parmentier de patata por encima imitando la crema de un cortado. Todo un trampantojo para romper la baraja de la sensatez en un tapeo en reunión. Y encima está buena, como su ensaladilla de atún y huevo duro con mayonesa de piquillos o sus taleguillas de queso con mermelada de pimientos. Tapas donde el sabor y la presentación compiten para sorprender al cliente.

Tienen una arreglada carta de vinos, tan cuidada como la “tiranza” de su Cruzcampo, algo imprescindible en un local con aspiraciones de perdurar en el arrabal trianero.

Siguiendo con la comanda -que recomendamos acatar en sus mesas alta al alegre compadreo del compartir en comandita- debe el lector probar su . Un plato fresco y apetecible en los días de calor y en las noches de callejeo veraniego. Otro guiño con guasa gastronómica son sus cucuruchos de langostinos con mayonesa de soja o sus samosas de pollo y manzana al curry con coco y chocolate blanco.

Si usted para el condumio tiene la formalidad de El Viti, aquí le ponen el jamón de bellota con pan de pueblo y aceite de oliva virgen extra o los taquitos de adobo sevillano en perfecto estado de revista y atendido por un servicio joven, amable y atento, sin el “metepatismo” tan al uso últimamente.

La Tula, nos relaja y nos invita a comer aflojándonos el nudo de la corbata de lo convencional. Y es que la vida ya nos tiende demasiadas trampas como para tomárnosla en serio, ¿no les parece?