Nombre Bar -Marisquería Pepe
Dirección Calle Virgen de las Montañas, 10 (  )
Horario De 13:30 a 16:30 y de 20:30 a 0:00
Teléfono 954451604
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Bueno, ¡pues ya tenemos acuario!, que debe ser algo así como el necesario dragado del río, pero en altura; que queda más mono y más arregladito de precio. Uno se imagina pasando por allí a algún político de antaño ilustrando a su prole sobre la fauna submarina con diálogos como: “Hijo mío, aquí tu padre se ha comido una pecera de lubinas como esa, pero con cargo a la Junta” o “¿Ves aquello, hijo? Es un bogavante. Un mojón para el tiburón-toro. Mis compañeros de partido y yo nos hemos comido más que él y pagados por otro tiburón-contratista”. Y ese niño respondiendo: “Papá, tú no eres del Comandante Guevara, tú lo que eres es del Comandante Custó, hijolagran…”

Qué tiempos. Aunque ya no es lo que fue, Casa Pepe fue uno de los caladeros favoritos de aquella corte de políticos y empresarios del ladrillo, amigos de la cáscara, el bigote y la tarjeta de gañote. Ahora lo llevan sus hijas Gloria y Silvia y el marido de esta, que también se llama Pepe. Se mudaron a un local más amplio, frente por frente al anterior, algo más desangelado pero con un salado aire de taberna ayamontina o portuense. Digo desangelado porque apenas tiene barra -que es algo que da ambiente- pero a cambio ofrece mesas tranquilas donde disfrutar de la redada pescadera del día. Además de la consabida carta cocida: gambas, langostinos y palabras mayores, Pepe nos puede sacar un tomate palaciego con melva, tremendo de sabor y aliño, muy propio para refrescarse del sofocón de este otoño caliente.

Con una caña Cruzcampo litúrgicamente perfecta, le podemos meter mano a una ensaladilla de langostinos con la papita poco hecha, merecedora de nota alta por ese O.D.E.R (Observatorio de la Ensaladilla Rusa) de Fray Casado que vela por la ortodoxia y la honestidad de dicha tapa sevillana. De especies marinas de “tapa” dura tienen coquinas de Isla Cristina, almejas de carril, mejillones: todo excelente y tratable con Tío Pepe helado.

Pero donde hoy quiero parar máquinas y echar el rezón es con sus fritos. Boquerones, acedías, salmonetes, huevas o pijotas, chocos o su calamar (con sabor a mar y nada más). ¡Qué digo fritos! más bien dorados en aceite caliente con el cariño con el que una madre baña a sus hijos. Descomunal manera de freír. Como su plancha, donde señalo los huevos de choco con todo su coralito por encima.

Y es que, como decía un guasa: “El mejor acuario de Sevilla fue el escaparate de La Isla”, el pescao donde está a gusto no es en el agua, es en el aceite. Y además las peceras y los acuarios traen mal fario.