Nombre Abantal
Dirección Alcalde José de la Bandera 7-9 (  )
Horario De martes a sábado de 14.00 a 16.00 y de 20.30 a 22.30
Teléfono 954540000
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

No volvíamos a Abantal desde antes de recibir la preciada estrella Michelín. Y lo mejor que se puede decir es que no ha cambiado. Y sobre todo no han cambiado ellos: su amabilidad, sencillez, normalidad y atención.
Y la verdad es que no nos hubiera importado un cambio en la decoración. ¿porqué todos los restauradores jóvenes se empeñan en hacer restaurantes tan parecidos y tan despersonalizados? Aunque no hay que ser muy entendido para darse cuenta que ésta ha estado en manos de profesionales es eso lo que convierte este restaurante en impersonal. La calidez y el cariño que se aprecia tomando sus platos se echa en falta en la decoración. Uno tiene la sensación de que faltan elementos para considerarlo acabado. Otro punto a cambiar sería la iluminación, así en la parte del fondo comes en una penumbra que te recuerda al refectorio de un monasterio. La iluminación natural que no llega junto al efecto de toda una pared de granito negro hace que mires con envidia a los comensales que comen alegremente pegados al ventanal. Si invirtieran los materiales tendrían un resultado mucho más luminoso (y si eso es costoso, por favor pongan unas lamparitas)
Por el contrario sala espaciosa, mesas amplias, cambio de cubiertos con cada plato, diferentes tipos de vajilla, perfecto.
Antes de la comida nos ofrecen un aperitivo de la casa que hubiéramos deseado que fuera más abundante pues estaba delicioso, una crema de patatas con pechuga de codorniz donde la crema por textura y sabor a aceite casi te recordaba a la mayonesa.

Llega enseguida un arroz meloso de chocos, ortiguillas y jamón excelente. Abantal casi siempre tiene un arroz en su carta y siempre es bueno.
Un huevo escalfado con migas y papada que justifica por sí solo la comida. Las migas, crujientes, el huevo de campo y la papada para repetir.

Y de segundo hemos tomado un borriquete en su justo punto con asado de cebollas, manzana y una deliciosa crema de castañas y una pierna de cordero lechal presentada en forma de cilindro, deshuesada, sabrosa y con un acompañamiento de riñones al jerez buenísimo.

Pero llega el postre, Sablé de regaliz con crema de limón, pistacho y sorbete de fresas y es donde nos decepciona. Nos sobra el pistacho, el sorbete de fresa y toda la decoración extra que no hace más que incomodarnos para poder apreciar el crujiente sablé y la magnífica crema de limón que, por el contrario, se nos quedan escasos. Se le queda este postre minimalista y quizás mal planteado.

En definitiva, estamos ante un restaurante que hace cocina actual, pero con bases sólidas (buenos productos, buena preparación), con un servicio excelente y discreto, que no se cuestiona lo que pides y cómo lo pides. Los precios, para un estrella michelín, ajustados, salvo en el capítulo de vinos que se van por las nubes.

Ahora bien, si humanizara la decoración, retirara los aperitivos tipo chips y yucas, prescindiera de los petits fours en cucharas risibles que acompañan al café, desechara las bandejas de pizarra y, en definitiva, eliminara las falsas modernidades al uso que hoy en día se repiten por doquier, para nosotros ganaría en personalidad, comodidad y, en definitiva, en atractivo. Porque en la cocina, sin ninguna duda, ya lo borda.