Nombre Restrobar Puerta Osario
Dirección Puerta del Osario, 20 (  )
Horario De 7:30 a 0:00
Teléfono 955196321
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Que se come con los ojos es más verdad que todas las cosas. Y no me refiero solamente a la agonía de llenar los quinqués antes que la barriga, como nos pasa delante de una buena vitrina de viandas. Me vengo a referir con esta entrada a la buena lectura sobre gastronomía. Tiene este gastroplumilla tres libros de cabecera que son catón, evangelio y catecismo en el arte del condumio: «La cocina cristiana de Occidente» de Álvaro Cunqueiro, «La casa de Lúculo» de Julio Camba y «Lo que hemos comido» de José Pla. De este último no me resisto a dejarles una frase que resume con contundencia lo que debe ser la ciencia y la consistencia de los peroles: «La cocina es el arte de resucitar los cadáveres, no el de rematarlos».

De esta ola de modernidad tabernaria que nos invade –con cocinillas que parecen escapados de alguno de esos estúpidos concursos que echan por el televisor– no todo es «mindundicia» ni mucho menos. Hoy traemos un local moderno nombrado y situado en plaza rancia como la Puerta Osario. Allí, David Núñez, un cocinero joven pero con muchos tiros pegados en los fogones hoteleros, ha abierto un gastrobar amplio, luminoso y con una buena esquina para velar al fresco de esa bulliciosa calle. Lo primero que entra por los ojos en esta casa es ese tirador de Cruzcampo que llaman torre glacial y que, cuajado de nieve como aquellas barras de hielo antiguas, hace imposible resistirse a la caña.

La carta de Puerta Osario está basada en productos de mercado trabajados originalmente como los taquitos de merluza frita con mayonesa de mojito o las croquetas de gambas al ajillo. Comanda cambiante, como el tiempo, por eso es mejor pasarse por allí y echarle un ojo al solomillo ibérico gratinado con crema de whisky, al magret de pato con vinagreta de frambuesa o a sus exitosas navajas al ajillo.

Tiene una carta de vinos cortita sin sifón donde recomendamos Brezo, tinto del Bierzo o Isabelino, verdejo de Rueda. Moyates que el camarero, ver para creer, trae en bandeja y escancia de la botella a la vista del cliente, ¡¡Lagrimones de emoción!! Si estuvieran más pendientes de las mesas sacaban matrícula.

Un sitio al que echar un vistazo a menudo y donde les dejo con su tataki o el tartar de atún, peces muertos y vueltos a la vida por la ciencia de un cocinero resucitador, que no solamente amortajador como tantos otros.