Reportaje Córdoba

Pedro y Ana Pino, La Bicicleta: «Vendemos experiencias placenteras, la suma de productos y servicio»

Por Rocío Górriz,

Como rezaba el spot, los hermanos Pedro y Ana Pino son «jóvenes aunque sobradamente preparados». Fue en medio del mar, durante unas vacaciones, cuando decidieron romper con sus respectivos trabajos y volver a dar vida al local que albergó la tienda de ultramarinos de su padre durante décadas en La Ribera. No sabían qué negocio pondrían pero sí lo que no querían.

_ Tampoco el gran público al comienzo tenía claro qué significaba venir a La Bicicleta

_ Al principio el concepto fue incomprendido. Empezamos sirviendo  cafés, cervezas, zumos, y fuimos incorporando comida sobre la marcha. No abrimos con todo hecho. Y aún hoy no ofrecemos ni desayunos, ni comidas ni cenas. Toda nuestra carta es combinable entre sí  y los platos están pensados para compartir. Fomentamos las reuniones entre amigos y que se conozca gente.

_ Pero vuestra carta, así como la decoración del local proyectan una imagen de marca bien definida ¿Teméis que os cuelguen las etiquetas, tan en boga, de «hipsters, healty o ecológicos»?

_ No pretendemos tener esa imagen. La decoración es parte de nuestros recuerdos y nuestras casas. Es el reflejo de nuestra personalidad, no de una tendencia estética ni culinaria.  Desechamos las etiquetas. Ni nos definimos de ninguna de esas formas. Lo único ecológico que tenemos son los yogures. Lo nuestro es tan simple como que trabajamos con productos locales y elaborados en el momento. Huimos de alimentos procesados y de factura industrial. Hacemos la compra casi a diario, de calidad y donde prima la rotación de productos.

_ Pero habéis desarrollado un lenguaje propio ¿Qué son los «Zubatas» y los «Pedales»?

_ Los primeros son nuestros cócteles o combinados que mezclamos con los zumos que elaboramos. Y los segundos son la fusión de yogur con, igualmente, jugo de fruta fresca.

_ ¿Son vuestros clientes de los que se dejan aconsejar a la hora de pedir un cóctel o una tosta?

_ En nuestra carta hay referencias pero el cliente tiene la última palabra. En función de sus gustos se pueden cambian ingredientes.  La nuestra es una coctelería y una cocina viva. No vendemos sólo productos terminados sino experiencias placenteras, que sean la suma de productos y un buen servicio. Si pagas algo, que sea porque es diferente. Para simplemente comer o beber en Córdoba ya hay muchos sitios.

_ ¿De dónde llenáis vuestra despensa?

_ Compramos verdura y fruta en mercados cordobeses y también de pequeños huertos privados, como es el caso de nuestros aguacates, que vienen de Almuñécar. El pan de tostas procede del Horno San José y está cocido con leña. Y las tartas nos las fabrican en exclusiva en el Restaurante La Boca

_ Vuestra fórmula ha funcionado y La Bicicleta está siempre llena ¿Tenéis planes de cambio o de traslado a un local más grande?

_ No, preferimos invertir en personal. Apostamos porque ellos consideren que éste es su trabajo, que lo sientan como un proyecto propio, en vez de conformarse con un empleo mal pagado en la hostelería. Es la única forma de exigir que den lo mejor de sí mismos. Esto es un intercambio: mimarnos mutuamente. La motivación y crear una familia con tu equipo es básico.

_ En  ese planteamiento ¿tuvo mucho que antes hubierais trabajado en restauración?

_ Absolutamente. Yo estudié la carrera de Relaciones Laborales (Ana) y yo hice estudios de cerámica (Pedro). De todos nuestros trabajos previos así como de nuestra formación académica hemos podido aprovechar algo. Reconvertimos nuestra formación. Siempre hemos hecho lo que nos gustaba en cada momento

_ Vuestros amigos, familia… ¿os veían como parte de esa «Generación Perdida» que no ha podido dedicarse a lo que ha estudiado y ha tenido que lanzarse a la hostelería?

_ Algunos conocidos sí. Visualizaban el haber montado La Bicicleta como un fracaso laboral. Les daba pena que no nos hubiéramos dedicado a «lo nuestro».

_ Y después de cinco años al frente de uno de los locales más concurridos de la ciudad ¿Cuál es vuestro balance? ¿Habéis triunfado?

_ Absolutamente sí, sobre todo a nivel emocional y personal. Además, también hemos conseguido que este local, por el que lucharon tanto mis padres, no haya desaparecido tras su jubilación. La Bicicleta es un homenaje a ellos.

_ ¿Cómo es trabajar en familia?

_ Ambos somos totalmente diferentes pero nos complementamos a la perfección. La carta, de hecho, es obra de los dos al cincuenta por ciento.