La cocina de La Cantina, en Doña Mencía, es “como la de tu casa” afirma rotunda su propietaria María del Carmen Montañés. Se cocina “como cocinaba mi madre y como lo hacía mi abuela” cuenta María del Carmen. “Mi madre enseñó a mi marido y él cada día a las siete de la mañana comienza a preparar el guiso del día” narra orgullosa la dueña de este restaurante situado en plena Vía Verde de la Subbética.

 

Hace muchos años, cuando aún se podía escuchar el traqueteo del viejo Tren del Aceite, lo que ahora es La Cantina era una pequeña estación del tren. La sala donde los pasajeros esperaban a subirse al tren o para recoger mercancías o a familiares es ahora el salón de este modesto restaurante en que el sigue vivo el bullicio de los años dorados del Tren del Aceite. Ahora lo protagonizan camareros cargados de suculentos y “más bien grandes” platos, apunta María del Carmen, y clientes a los que les aumenta el apetito solo con el sabroso olor que emana de su cocina.

 

La Cantina se ha convertido en un punto de referencia para aquellos que tienen como oficina la carretera. Para ellos comer aquí es hacerlo como en su casa porque su guisos “saben como el que ponía mi madre” comenta María Carmen que le dicen una y otra vez sus comensales y eso “compensa mucho porque, por ejemplo para un cocido mi marido está hora y media alrededor de la olla” puntualiza. Aquí a los platos se les dedica el tiempo que necesitan.

El acogedor restaurante menciano es también un lugar muy familiar, “para familias con niños” apostilla su dueña porque, explica, “pueden jugar, correr, hacer lo que quieran junto al restaurante sin peligro y para tranquilidad de sus padres”. La Cantina goza del gran patio trasero que es la Vía Verde.

Mientras los pequeños juegan, los grandes pueden degustar tranquilamente sus carnes a la brasa “con leña de olivo”, la especialidad de la casa. Si son valientes y traen mucha hambre pueden degustar también cualquiera de sus revueltos de verduras o decantarse por un chorizo o morcilla, algo de queso de cabra de Baena o una ensalada. O bien compartir. Las carnes son “todas de primera calidad, pero al que le gusta la ternera y sabe de ternera, la de La Cantina le encanta” presume María del Carmen.

 

Si se acerca entre semana, el comensal puede degustar sus guisos caseros. Y debe dejar hueco para paladear sus postres caseros, donde la cocinera da rienda suelta a su imaginación. El cliente no debe contrariarse con una posible tardanza en poder saborear su plato. Esto se debe a que “todo se prepara en el momento en el que se pide” asegura su dueña.

La Cantina se podría definir como un gran lugar con muy buena cocina desde hace más de 28 años.