Reportaje Córdoba

Restaurante-Marisquería Araceli, excelente clasicismo

Por Manuel González,

Restaurante-Marisquería Araceli, excelente clasicismo

Cristóbal Montilla Contreras, al culminar una etapa formativa inicial en Casa Muñoz, inauguraba en 1978, junto a sus progenitores y hermanos, el Restaurante Baltanás, cuya extensión abarcaba alrededor de la mitad de la superficie disponible hoy. Seis años después asumió, junto a su mujer, Josefa Chacón, la regencia de la empresa gastronómica, evolucionando hasta concretar, en 1997 su propuesta más ambiciosa: el Restaurante-Marisquería Araceli. Las audaces transformaciones comprendieron una remodelación estructural e integral del establecimiento (siempre ubicado en el número 10 de la Avenida del Parque, esquina calle El Peso), duplicando el tamaño hasta los 500 metros cuadrados, y una especialización singular en el pescado, reflejada y ratificada en su denominación, al agregarse su identificación como «Marisquería».

La combinación del pescado fresco, del marisco de mayor reputación y de la carne procedente de territorios lindantes caracteriza y encumbra al Restaurante-Marisquería Araceli. El cordero lechal, el rabo de toro, la ternera y la presa conviven con la merluza, el lenguado, la corvina, el rodaballo, el pargo o el rape, seleccionando, rigurosamente, los manjares propios de cada época. Entre los crustáceos y moluscos, se imponen la quisquilla de Motril, la gamba blanca, la cigala, el carabinero, la concha gallega y los mejillones.

Clientes de provincias como Córdoba, Málaga y Sevilla, preferentemente, acuden reiteradamente a este icono lucentino donde se prioriza el sabor original y natural de los platos sobre salsas u otros condimentos. Cristóbal Montilla defiende que «un pescado bueno, cuando menos lo manipulemos, mejor, no debemos disfrazarlo», optando, preferiblemente, por la plancha, a la sal, a la espalda o al horno. De este modo, aspira a trazar un equilibro entre la cocina vanguardista y aquella más tradicional, y Araceli convence y seduce a sus comensales con elaboraciones que conservan una línea clásica, anteponiendo las preferencias afianzadas a los diseños innovadores. Sin desviarse de estas premisas, el tataki de atún rojo ya es una atracción irresistible en este emblema de la restauración en la Subbética.

Desayunos, comidas de empresa, reuniones profesionales, encuentros familiares, los menús básicos y de ejecutivo intensifican la oferta, variada y extensa, de un emplazamiento insoslayable, que practica una apertura diaria desde las 8.00 horas y hasta la medianoche. Un equipo base de siete empleados atiende con sumo esmero y una cortesía comprobada.