Reportaje Córdoba

La Bodega: ¡Viva el vino de pata negra!

Por Rocío Górriz,

«Hacer de nuestra casa, su casa por unas horas ». Esa es la filosofía de La Bodega, un templo del vino y las carnes ibéricas, ubicada en la localidad de Peñarroya-Pueblonuevo. Fundada en 1989, es un negocio regentado por la familia Redondo. Como todo lo bueno, este establecimiento también surgió por casualidad, cuando al adquirir la casa, los dueños no supieron qué hacer con una zona vacía. Y decidieron darle este uso como complemento a la armería ubicada en el mismo edificio.

Para sus propietarios «no hay buena comida que no esté acompañada con un buen vino », de ahí que decidieran bautizar el restaurante como La Bodega en homenaje a su afición enológica. «Disponemos de una amplia variedad de vinos con Denominación de Origen Montilla Moriles, como por ejemplo, algunos de Bodegas Delgado (de Puente Genil) y de Pérez Barquero (Montilla). Siempre tomamos buena cuenta de las sugerencias de nuestros clientes porque son ellos los que hacen grande un negocio».

Pero como no sólo de vino vive el hombre, su barra es toda una referencia en la comercialización de vermut. A pesar de que para muchos es el aperitivo de moda, en este local es un éxito seguro desde que abrió y ofrecen a sus clientes varias marcas.

Actualmente, los designios de sus fogones están regidos por su propietaria y chef, Pilar Redondo, que elabora una cocina 100% mediterránea.

En principio no pensaba ofrecer  una oferta gastronómica tan amplia: sólo y exclusivamente ibéricos y conservas. Pero con el paso del tiempo y gracias «al apoyo del público hemos ido ampliando y adaptándonos a los tiempos que corren», afirma.

Sus clientes pierden la cabeza por sus calamares de campo, lechón, ensalada de perdiz, salmorejo, berenjenas con miel de Palma y los torreznitos. Sus platos fuertes son las carnes a la piedra: lomo de buey gallego o presa ibérica, entre otras. Aunque también sirve una ventresca de atún a la plancha deliciosa.

Además, últimamente ha ampliado y modernizado su carta con la incorporación de platos  como tartar de atún, steak tartar de ternera y otros muchos.

Sus elaboraciones, como es inherente a una cocina de mercado, van variando a lo largo del año. Y opta, siempre que puede, por productos de kilómetro cero o al menos de cercanía, apostando por una cocina sostenible. En invierno, sus comensales vienen atraídos por sus carnes de caza y su amplia variedad de platos a base de setas.

Igualmente imprescindibles son las sugerencias fuera de carta que ofrecen a diario y sus postres caseros: Helado de queso con miel de acacia, tarta de queso «A nuestro estilo», tarta o helado de turrón con Pedro Ximénez o su Mascarpone con virutas de chocolate y Amaretto, son sólo alguno de ellos. Y para rematar una buena comida, su variedad de gin tonics, famosos ya en toda la provincia.