Entrevista

Chiva Tapas: De Manzanilla a la avenida del Greco pasando por Triana

Por Isabel Aguilar,

Chiva Tapas: De Manzanilla a la avenida del Greco pasando por Triana

Miguel Campos hijo, María José Gutiérrez y Miguel Camposa

El origen de Chiva Tapas, el establecimiento de la avenida del Greco que ha conquistado a comensales de toda la ciudad, se remonta a los años 50 del pasado siglo en la localidad onubense de Manzanilla. Allí un joven Antonio Gutiérrez (abuelo materno del actual responsable) se debatía entre seguir con la actividad propia de los que se quedaban en el pueblo, básicamente centrada en el ganado, o salir a Sevilla a buscarse la vida como tabernero.

Como ya habrán imaginado, optó por lo segundo y tras pasar brevemente por un establecimiento de la calle San Eloy se asentó en la calle Castilla número 24, donde fundó la Bodeguita El 24, aunque todos lo conocían como El Chiva, apodo que Antonio Gutiérrez se había traído de su Manzanilla natal. Era comienzos de los años 60 y allí se inició una tradición hostelera que ha llegado a nuestros días de la mano de la tercera generación de esta familia, tras cambiar de barrio y de concepto gastronómico. La ilusión y la perseverancia, sin embargo, permanecen intactas.

Miguel Campos (hijo). Fotos: Vanessa Gómez

Miguel Campos (hijo). Fotos: Vanessa Gómez

En la actualidad es el joven Miguel Campos quien está al frente de Chiva Tapas, nombre con el que han querido homenajear al fundador de esta saga, que en plena juventud apostó por un negocio al que dedicó sus horas y su alma. En el mismo local de la calle Castilla dormía para abrir poco antes de las cinco de la mañana y atender a su madrugadora clientela, compuesta en su mayoría por trabajadores que acudían al Mercado de Triana. Allí servía vinos de Manzanilla, aceitunas y algunas tapas, como las papas aliñás o los potajes de garbanzos.

 

Cambio de barrio

Pronto cogió fama y fidelizó al público del barrio, aunque pasados unos años y debido al movimiento geográfico que experimentó Sevilla, decidió trasladar su negocio. “En Triana había mucha gente viviendo en corrales de vecinos y en los años 60 eso empezó a cambiar, hubo muchos vecinos que se mudaron a otras zonas de la ciudad, principalmente el Polígono San Pablo o la Macarena”, explica Miguel Campos, yerno del fundador del negocio y padre del actual responsable. Bien conoce él los entresijos de uno de los barrios más populares de la ciudad, puesto que nació y se crió a pocas calles de donde su suegro abrió El 24. “Precisamente él se vino a la avenida de El Greco en el año 66 detrás de esa parte de su clientela que había hecho lo mismo poco antes”, apunta.

La llegada del yerno

Aunque Antonio Gutiérrez mantenía su filosofía de negocio, bautizó al nuevo establecimiento con el nombre de El Rocío respondiendo a la moda de la época, aunque todo el mundo siguió llamando al bar del mismo modo que su apodo del pueblo, El Chiva. Su yerno, Miguel Campos, entró a echarle un cable en 1981, coincidiendo justamente con el golpe de estado de Tejero. “Aún recuerdo cómo lo escuchábamos por la radio y cuando se hizo de noche me fui a casa con mi mujer y las niñas porque la cosa parecía que se estaba poniendo fea”, evoca.
Él venía de un sector muy distinto, ya que trabajaba en una empresa de sondeos y prospecciones de pozos a la que no le fue bien, con lo que su suegro le ofreció un puesto en el negocio. “Aprendí todo de él, que siempre quiso ayudarnos y no solo a nosotros. Él ha quitado mucha hambre en el barrio”, sostiene Miguel Campos padre. Aunque al principio le costó adaptarse, poco a poco empezó a gustarle y quiso mejorar algunas cosas. Se preocupó por ofrecer vino embotellado en lugar de a granel, reformó la cocina… “Siempre hemos mirado hacia delante y hemos intentado mejorar. Mi suegro convirtió esto en una taberna de lujo de las que costaba encontrar, con aire acondicionado, fachada de mármol y varias mesas donde sentarse. Eso no era muy frecuente en los 70”.

Salón de Chiva Tapas

Salón de Chiva Tapas

La cocina de María José

En el año 2001 Antonio Gutiérrez legó la titularidad del establecimiento a su hija María José y a su yerno Miguel Campos y desde entonces el matrimonio se encargó de la gestión del negocio y ella entró en la cocina. Tenía ya a sus cuatro hijos criados y disponía de más tiempo para echar un cable en el bar. “Trabajar con ella siempre ha sido muy fácil porque además de ser trabajadora y eficiente, dispone de un impulso nato muy potente”, dice su marido, ya retirado al igual que ella del establecimiento. María José conocía los entresijos de la cocina de casa, pero pronto empezó a instruirse leyendo libros de recetas y buscando nuevas propuestas. “Fue una introducción en la cocina creativa desde dentro”, subraya Miguel Campos.

Miguel Campos y su mujer María José Gutiérrez

Miguel Campos y su mujer María José Gutiérrez

Poco después llegaría Miguel hijo para acompañarles y tomar las riendas de la tercera generación al frente del negocio. “Estudió en el IES Heliópolis y ahora está rompiendo moldes, se la ha jugado porque aquí la gente conocía su historia y es más difícil triunfar así que si empiezas de cero, pero está teniendo muy buena aceptación”, comenta su padre, quien reconoce que al principio llegó a dudar de los cambios tan drásticos que acometió su hijo pero que reconoce que han sido un éxito.
Aunque sus padres ahora quieren disfrutar del tiempo libre y de sus nietos (María José se jubila este año), Miguel Campos hijo no se encuentra solo al frente de Chiva Tapas. “Ellos han sido mis únicos y fieles compañeros y, aunque de otro modo, siguen estando a mi lado. Cuando mi madre se jubile me veré un poco huérfano aunque sé que la tendré cuando la necesite y ella me ha ido dejando solo paulatinamente para que me vaya acostumbrando”, reconoce el joven hostelero, que además de la gestión se encarga de la barra y de la atención al público.

Miguel Campos con sus padres

Miguel Campos con sus padres

Para este verano tiene un gran proyecto de reforma, puesto que como asegura, se encuentra en “la obligación de continuar con esto. Mi abuelo hizo un gran esfuerzo viniéndose solo del pueblo y yo quiero continuarlo marcándome metas continuamente”, dice. Para su madre también es una satisfacción ver que tanto ella como su hijo están manteniendo el trabajo que iniciaron sus padres. “Mi padre vivía para esto y hasta que no nacieron mis hijos no logré que cerrara un día en semana para poder disfrutarlos”, evoca. Cuando se le pregunta cómo recuerda la evolución del establecimiento, María José reconoce que “en los negocios familiares queda el sentimiento, porque el Chiva Tapas de hoy ha cambiado mucho respecto a sus inicios. Es más una continuidad sentimental que física”, insiste.

Este verano harán una gran reforma

Este verano harán una gran reforma