Reportaje Sevilla

Dulces de convento: las hermanas Clarisas de Santa María de Jesús saben mucho de esto

Por Iván Guillén Cano,

Caminando por la Calle Águilas de Sevilla, a la altura del Convento de Santa María de Jesús (calle Águilas, 22) hay un olor embriagador que te obliga a volver la vista hacia una pequeña habitación que se abre según avanzas hacia la Plaza Pilatos.

dulces de convento

Un pequeño cartel lo indica: «Obrador conventual». Una decena de turistas catalanas ultiman sus compras antes de tomar el vuelo a Barcelona. Conversan en catalán entre ellas, aunque llama la atención que Sor Angélica, tras la reja, trata de comunicarse también en catalán, a pesar de que su origen sea italiano.

No es el único idioma que domina. El alemán, el inglés, el francés, entre otros, forman parte de su trabajo diario, pues es la responsable de la tienda del convento. Lo hace con una amplísima sonrisa, la misma que mantiene hasta despedirse de sus clientes.

Sor Angélica atendiendo a una cliente catalana

Sor Angélica atendiendo a una cliente catalana

Al fondo aguardan tres personas, que esperan con paciencia a ser atendidos. «Es nuestra labor con las familias más desfavorecidas. Vienen a recoger bolsas con alimentos», nos avisa la hermana desde el interior. Con la misma sonrisa nos invita a pasar para conocer en primera persona cómo trabajan en el convento.

¿Cómo son sus dulces de convento?

dulces de convento

Una puerta anexa a la verja de entrada se abre y nos descubre un pequeño habitáculo, de no más de 20 metros cuadrados, divididos en dos estancias, pero de techos altos y muy luminoso. Es donde se hacen los «dulces artesanos San Pancracio», que es como ellas denominan a su producto.

En él, unas siete hermanas, de las veinte que hay en el convento, se afanan en su tarea por elaborar el mayor número de dulces posibles. Miran de soslayo nuestra llegada, pero no se distraen de su actividad, que les llevará ocho horas al día de lunes a viernes.

Sor María José en el obrador

Sor María José en el obrador

«Nuestra labor principal es rezar y estar con Dios. Este trabajo tiene como fin poder costear los gastos de nuestra casa, pero no podemos desviar la atención en lo realmente importante, y para lo que estamos encomendadas», nos recuerda Sor María José, una joven mexicana que a pesar de llevar varios años ya en Sevilla aún no ha perdido su acento.

El olor de la sala es más intenso si cabe. Canela, ajonjolí, almendra tostada y aceite se apoderan nuestro olfato. El ruido de la freidora en ebullición, con los roscos, y la campana que tocan los clientes a su llegada, son los únicos sonidos que nos sacan de la paz que se respira entre sus paredes. También algunos coches, que pasan a toda velocidad por la puerta del convento, y que nos devuelven a la realidad mundana.

dulces de convento

Corazones de almendra

Corazones de almendra, roscos de almendra, pasta de nuez, pasta de San Francisco, Torta Santa Clara, mantecados, cortadillos, pastitas de almendra, suspiros de almendra, yemas, mazapán relleno, figuras de mazapán, pasta sevillana, lenguas de almendra, tejas o roca de bombón, entre otros, forman parte del amplísimo surtido que ponen a disposición de los clientes.

Cuentan con bastantes referencias, «en torno a cincuenta», nos aseguran. Con la salvedad de que los productos para Navidad ─como los mantecados, los polvorones, mazapanes o roscos de reyes─ no se hacen el resto del año. Igual que en Semana Santa, pues lo específico para esta festividad ─los pestiños, el rosco frito o las torrijas─ se elaboran sobre todo en esas fechas.

dulces de convento

Roscos fritos con azúcar

¿Cómo es su obrador conventual?

Sor María José no cesa de su actividad mientras nos relata el origen de su orden, la de las hermanas Clarisas: «La fundó en el siglo XIII Santa Clara y San Francisco de Asís, ella la versión femenina y él la masculina. Pero la llegada a este convento es posterior. Concretamente estamos aquí desde 1520 y se ha mantenido hasta la fecha».

dulces de convento

La tradición repostera del convento lleva poco tiempo: «Empezamos en 2010. Antes hacíamos trabajos de encuadernación, pero se tardaba mucho en realizarlos y apenas se obtiene rendimiento económico». Pasó algo parecido con la lavandería, otro de los negocios que emprendieron pero que tampoco les compensaba. «Así que se pensó en el obrador como medio para vivir, porque rentaría algo más. Y aquí seguimos hasta la fecha», asegura la religiosa mexicana. De hecho, actualmente, su actividad externa se limita al obrador.

Pero ¿cómo surge la idea? La hermana María José sonríe al afirmar que el mérito es de todas las religiosas: «La tradición la iniciamos entre todas porque se escuchaba que otros conventos hacían dulces y podían mantenerse de su venta. Como teníamos este espacio, decidimos aprovecharlo y empezar la aventura», asegura.

La Madre abadesa, Sor Lucía en el obrador

La Madre abadesa, Sor Lucía en el obrador

En ese instante hace acto de presencia la Madre Abadesa, Sor Lucía, que es la que lidera el convento. Para ella, que también es mexicana, el trabajo del obrador es fundamental para obtener liquidez y reconoce estar muy agradecida por la entrega de las religiosas en esta labor. Bien es cierto que ella participa en el trabajo por momentos, pues al ser la Madre Abadesa tiene otras ocupaciones que le absorben su tiempo en el convento.

No ostentaba este cargo, el de Madre Abadesa, cuando empezó el obrador en esta particular abadía, pero continuó la labor. «Es importante, es un trabajo muy bonito que se combina con la oración y la liturgia. La actividad en el obrador es un trabajo que gusta a todas y que es muy satisfactorio», asegura.

En ese momento, termina de hablar y se coloca en un segundo término, para no eclipsar a la hermana María José, que es quien nos está describiendo cada uno de los entresijos del obrador. Nos relata la religiosa que no todas las monjas del convento son las que están en ese instante en el obrador, donde solo trabajan las hermanas más jóvenes.

Una veintena conforman la orden de Sevilla y las edades son de lo más dispares: «Desde los 93 años de la más anciana, hasta los 21 de la más joven. Y de distintas nacionalidades: de Kenia, de Tanzania, de Perú, de México, de Italia e incluso hay una sevillana», afirma.

Normalmente en el obrador trabajan unas ocho hermanas de media, por cada turno. Pero son tres las que lideran el trabajo, una por semana. Sor Mariana, Sor María Paula y Sor Pascualina son las artífices que se encargan de organizar el trabajo repostero.

dulces de convento

No hay prácticamente descanso cuando se elaboran estos dulces de convento artesanos. Desde la mañana al mediodía, con una media de ocho horas. «Hay veces que incluso hay que hacer horas extras para abastecer la demanda. Eso sí, los sábados y los domingos lo dedicamos a rezar, no al obrador», nos advierte Sor María José.

Un trabajo que no cesa en Navidad

dulces de convento

«Son fechas complicadas», nos habían avisado y damos buena cuenta porque durante la entrevista ninguna de las hermanas se para a conversar. De hecho, Navidades y Semana Santa, reconocen, son son las épocas con más trabajo en el obrador. «El resto del año es más tranquilo, porque no tenemos tantas ventas como ahora», asegura otra de las religiosas.

Cuentan con recetas «de toda la vida» que estaban recogidas en la documentación del convento. Pero también con recetas «de fuera». Nos pone el ejemplo de la torta de Santa Clara: «Este producto ya venía desde el propio Convento de Santa Clara, por lo que tiene muchos años. Se hace con una pasta a base de azúcar, manteca, anís y harina».

También tienen recetas que han ido recopilando de otros conventos, «que nos han ido aconsejando», e incluso incorporan recetas nuevas: «Si alguien viene y nos recomienda alguna nueva receta, y la vemos viable, la incorporamos. Por ejemplo, los roscos fritos fue la última que incorporamos a la lista que hacemos aquí en el obrador», asegura Sor María José.

dulces de convento

Roscos fritos con azúcar

Haciendo cuentas, la religiosa advierte que la producción es alta pero no es excesiva. «Lo hacemos con serenidad, en torno a unos cinco productos al día. Y tampoco con un peso excesivo. Por ejemplo, de corazones de almendra se hacen unos cinco kilos, de roscos unos diez».

Pero no tienen objetivos por día. «Se van haciendo según se van vendiendo», sonríe la hermana al afirmar. Eso sí, lo que más le demanda el público son las pastas, los corazones de almendras y las magdalenas. Reconocen que se han querido especializar en los corazones de almendra, «pero los clientes buscan otras cosas también. Por ello, la clave está en permanecer muy atentas de lo que el cliente demande».

Su especialidad está en los dulces artesanos: «No hacemos nada salado, solo dulces. No sé si algún día lo implementaremos. Si se viera la necesidad, se haría. De momento no ha sido necesario», reconoce Sor María José. Tampoco hacen dulces para intolerantes a la lactosa o para alérgicos a cualquier ingrediente, porque «para ello necesitaríamos ampliar más el material, y no se contempla, de momento».

Respecto a los precios, Sor María José no tiene muy claro a cuánto se venden. Las labores están tan compartimentadas que prefiere que esa tarea la comente la hermana que vende en el obrador, que en este caso es Sor Angélica. Aún así, ríe al afirmar que no son caras: «Vamos casi con la competencia, como está en el mercado». Eso sí, tuerce el gesto cuando afirma que lo más caro son aquellos productos que llevan almendra, «que últimamente está muy cara».

Sus proveedores son de Sevilla. Destacan dos: Payco y Frutos Secos San Blas, en el Merka. «Es a ellos a quienes compramos asiduamente todo el material que necesitamos para confeccionar nuestros dulces artesanos», asegura la religiosa mexicana.

Sin embargo, a pesar de que salgan del convento a adquirir los ingredientes, todo aquel que desee comprar algunas de sus propuestas artesanas, debe acudir a esta casa de 9.30 a 12.30 y de 16.30 a 19.00, de lunes a viernes. Reconocen que también llevan algo de su producción a la XXXII Exposición de Dulces de los Conventos, en la que participan 20 monasterios, 8 de la capital y 12 de la provincia. Es lo más lejos que ellas llevan sus dulces de convento fuera de él.

dulces de convento

De hecho, por internet aún se resisten a vender, y Sor María José cuenta una anécdota para ilustrarlo: «Una vez mandamos un paquete y no encontraron al destinatario. Al volver al convento nos encontramos el producto hecho añicos. Entonces llegamos a la conclusión de que no nos convenía vender por ese medio».

También es cierto, reconocen, que no quieren agobiarse con tanto compromiso porque «nuestra función principal es la oración y la contemplación. Y el trabajo es una ayuda para vivir, pero sin menoscabar nuestra misión», advierte.

Todos estos ingresos van destinados a toda la comunidad: «A pagar la luz, el agua, la comida… Mantener el convento en general. También repartimos comida para los pobres que se acercan hasta nuestra casa a pedir. Pero con dulces de la tienda no, porque su destino es el de venderlos».

Mirando al futuro, la hermana Sor María José no se atreve a aventurarse y comenta que es pura incertidumbre: «No sabemos qué pasará con el obrador, la verdad. Nosotros escribimos el día, que mañana hay que quitar o aumentarlo, Dios dirá. Pero hoy no podemos pronosticar nada». Terminamos las preguntas y con un leve gesto de cabeza, pues las manos las tiene ocupadas con la masa de los suspiros de almendra, se despide de nosotros. Así como el resto de hermanas, que continúan incansables con su labor en el obrador.

dulces de convento

Hasta la puerta nos acompaña de nuevo Sor Angélica, que nos da un par de estampas de San Pancracio, «para que os bendiga», nos dice, además de una pequeña caja con una selección de todos los productos. Antes de llegar a la puerta, nos da un abrazo que nos da toda una inyección de energía y nos invita a volver pronto. Lo haremos.