Reportaje Sevilla

Nueve restaurantes que vivieron también la Expo ‘92 (25 años después)

Por Iván Guillén Cano,

Todo aquel que viviera la Exposición Universal de Sevilla de 1992 sabe que significó un antes y un después para la ciudad, que se convirtió durante seis meses en el centro del mundo. Desde los terrenos de la Isla de la Cartuja, se acogió a 112 países, 23 organismos internacionales, 6 empresas y las 17 comunidades autónomas españolas, en un recorrido cultural que pudieron disfrutar más de 20 millones de personas, entre turistas y nacionales.

Un evento que en estos días celebra su 25 aniversario, y del que se vieron beneficiados todos los actores de los distintos ámbitos de la ciudad, con encuentros políticos y económicos que afianzaron lazos entre distintos países y que tuvo a Sevilla como testigo.

Sin embargo, los principales lugares de encuentros no estaban tanto en la propia exposición, como sí en los restaurantes de la ciudad que coinciden en afirmar que fue un momento glorioso para el desarrollo de Sevilla. 25 años después hablamos con algunos de sus protagonistas, que ya por entonces se anunciaban en el periódico ABC y que nos cuentan no solo cómo vivieron la Expo ‘92, sino también cómo han evolucionado.

La Expo ‘92, 25 años después

En estos días volvemos la vista atrás para conmemorar el 25 aniversario de un acontecimiento que cambió a una ciudad como Sevilla. Hablamos de la Expo ‘92 que congregó a un altísimo número de participantes: 30 países europeos, 33 americanos, 21 asiáticos, 20 africanos, 8 de Oceanía, así como las 17 Comunidades Autónomas y 23 Organismos internacionales, junto a 6 empresas con Pabellón propio.

«Todo el ingenio humano se concretó en un despliegue de manifestaciones estéticas e imaginativas. Los pabellones mostraron lo mejor de sus países intentando crear una totalidad coherente que recogiera los aspectos culturales, tecnológicos y lúdicos», afirman desde la Organización Legado Expo.

Cualquiera podría dar buena cuenta de lo que aquí se vivió y posiblemente también coincide en que «fue uno de los mejores momentos que vivió la ciudad de Sevilla», como reconoce la sevillana Gracia García de la Escosura, que por entonces trabajaba para Olivetti Mnemotécnica en la misma exposición.

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Gracia García de la Escosura, testigo de la Expo ’92

«Trabajé como documentalista en el archivo óptico de la Expo. Todos los expedientes de obras, servicios, suministro y periodísticos pasaban por nuestras manos», reconoce la sevillana. La Expo ‘92 la define como un gigante que puso a la ciudad en el mapa y la dotó de una proyección internacional.

Por aquel entonces Gracia García aprovechaba cualquier ocasión para conocer la gastronomía a la que tenía alcance: «Descubrimos nuevos sabores que antes no teníamos acceso a través de la Expo. Podías comer avestruz, canguro o probar la auténtica piña colada que se hacía en el Pabellón de Puerto Rico», ríe al recordar.

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Tarjeta de acceso a la Expo ’92 de Gracia García

También nos habla de la cocina que se hacía en Sevilla, que ya por entonces destacaba por sus tapas. Eso sí, se queja que «por entonces las tapas de los establecimientos eran mayores que ahora».

De entre todos los establecimientos nos habla de El Donald, «que he conocido siempre porque soy vecina del establecimiento» y donde destaca su cocina tradicional». No es el único lugar, pues en Sevilla eran muchos los restaurantes que crecieron a la sombra de la Expo ‘92. Repasamos con ellos estos 25 años de historia.

El Donald

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La Cafetería Donald es, como no, todo un referente gastronómico en la ciudad. Lo es desde 1973, que es cuando abrieron sus puertas. Al frente siempre ha estado Mariano García, que es el único dueño, desde que el 30 de abril de 2016 se jubilaran sus otros dos socios.

Mirando casi tres décadas atrás, los recuerdos del gerente de Donald son excelentes. «No solo llenábamos el bar cuando comenzó la Expo. Antes incluso, cuando estaba en pleno proceso de construcción, por aquí pasaron a comer diariamente los arquitectos que trabajaban allí».

Tal era la afluencia de público que en 1989 decidieron abrir el Donald II, justo enfrente, y que ahora alberga un pub irlandés: «Abrimos el Donald II, con dos plantas, con el fin de poder dar cabida a la afluencia de público que vino con la muestra. Ya en 1993 decidimos cerrarlo y traspasarlo, porque el objetivo, que era el de dar respuesta a la demanda que hubo, se satisfizo», asegura el gerente.

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Antes de la propia inauguración de la Exposición Universal, cuenta Mariano anécdotas de todo tipo. Pero llama especialmente la atención una: «En febrero de 1992, antes de que la Expo echara a andar, salió ardiendo el Pabellón de los Descubrimientos, uno de los cinco edificios emblemáticos de la muestra. Por entonces, su arquitecto, Javier Feduchi, se encontraba en nuestro restaurante, y para evitar a la prensa, lo tuve que sacar escondido con mi propio coche», ríe al recordar.

No se le borra la sonrisa con cada uno de los recuerdos, y asevera que fue una época magnífica para el turismo: «Hasta la llegada de la Expo, el turismo de Sevilla se limitaba a Semana Santa y Feria. Una vez que pasó la muestra, hay turismo todos los días del año». De hecho, menciona que prácticamente en el Barrio Santa Cruz no había establecimientos, «salvo Casa Román o Las Teresas», apostilla.

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Por tanto, Mariano García reconoce que «la Expo fue para nosotros un trampolín para darnos a conocer al resto del mundo. No solo a Donald, sino a toda Sevilla en general». Tanto fue así que calcula que desde entonces la afluencia a su establecimiento se duplicó, acogiendo a personalidades como Plácido Domingo o Bob Dylan, así como turistas de cualquier rincón del mundo.

Si bien la ensaladilla rusa es uno de sus grandes emblemas gastronómicos ─posiblemente una de las mejores de la ciudad─ también reconoce que durante los días de la Expo tuvieron ocasión de contar con un cocinero catalán y con otro galo, con los que organizaron un par de semanas gastronómicas, rindiendo homenaje a sus cocinas.

Pero sobre todo el cliente venía buscando su cocina mediterránea, basada en pescado frito, gazpacho, marisco fresco y chacina. Y recuerda que por entonces triunfaba la «merluza vasca al horno», una propuesta que iniciaron durante la muestra y que hoy, 25 años después aún conservan en su carta.

Recientemente han pintado las instalaciones y reconoce Mariano García que solo conservan, como adorno, un «pequeño Curro que debe estar guardado en alguna de las cajas, pero que ahora mismo no localizo». Sin embargo, los recuerdos dos décadas después permanecen intactos en su memoria, en todo un reconocimiento a una de las mejores etapas de Donald.

  • Dirección: C/ Canalejas, 5.
  • Teléfono: 954 22 72 52

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El Espigón

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Buscando los orígenes de restaurantes que ya estaban abiertos durante la Exposición Universal, llegamos hasta la calle Bogotá y entramos en El Espigón. Curiosamente el establecimiento está ubicado en una casa típica del Porvenir, construida durante la Exposición Universal de 1929.

No es que haya vivido dos exposiciones, pues la historia de este sitio comienza a mediados de los años 80, cuando Miguel Ángel Moro, junto a sus padres, dan forma a un lugar que se ha convertido en todo un referente de la cocina andaluza.

En el establecimiento nos atiende Rafael Moreno Correa, que es el metre del restaurante y tiene una gran experiencia pues ya a principios de los años 90 estaba al frente del negocio. Eso sí, reconoce que estuvo un tiempo trabajando fuera, pero que ha vuelto y conoce el lugar desde siempre.

«El local empieza su andadura en 1985 en una típica casa sevillana del barrio del Porvenir, y como se puede comprobar en su decoración, tenemos todo tipo de detalles marineros», reconoce Moreno. Es un lugar amplio, que puede acoger a 150 comensales sentados y cuenta con salones privados como «El Submarino».

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Asegura el metre que la Expo fue todo un punto de inflexión para este establecimiento, que continúa con la misma carta que entonces, con pescados, mariscos y guisos marineros. Eso sí, destacan platos como el bacalao al chef, la corvina a la marinera, o cualquier pescado a la sal.

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Recuerda que grandes personalidades tanto de Casa Real como de la política se acercaron hasta aquí antes, durante y después de La Expo ‘92 para degustar todos esos platos, así como su bodega: «Debido a la vocación marinera del local, en la carta existe un gran apartado dedicado a los vinos blancos y tintos. En general destacan los vinos nacionales, de los que podemos encontrar cerca de cien referencias», menciona el metre.

Una época dorada, recuerda Rafael, que supuso todo un éxito para el restaurante y para la ciudad en general. Y ya 25 años después, el centro de Sevilla cuenta con un Espigón más, en el centro histórico de la capital junto a la Iglesia del Cristo de Burgos. Un lugar que, sin duda, «bebe» del restaurante primitivo que tanta satisfacciones dio a los comensales hace ya 25 años con la Expo ‘92.

  • Dirección: C/ Bogotá, 1.
  • Teléfono: 954 62 68 51

Toda la información sobre El Espigón

El Jamón Real

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Extremadura también estuvo presente durante la Expo ‘92, así como su gastronomía. De hecho, los distribuidores de la región abrieron en 1987 el primer establecimientos, El Jamón Real. «Lo abrieron mis padres y yo me puse al frente de lo que comenzó siendo una pequeña abacería en la calle López de Arenas, a pocos metros de nuestro actual local», recuerda Fernando Gómez, que es su actual gerente.

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Fernando Gómez, gerente de El Jamón Real

Desde su propia apertura, y con la construcción de la Expo, Gómez reconoce que no pararon de crecer y, a pesar de no contar con experiencia en hostelería, «el establecimiento de López de Arenas se nos quedó pequeño y tuvimos que abrir otro, en 1991».

Por entonces ya tenían El Jamón Real I y El Jamón Real II, con los que «se daba de comer a un público de lo más variopinto, procedente de todos los rincones del mundo». Una época de esplendor que hizo posible mantener ambos establecimientos hasta 1997, cuando cierran el primero y se quedan con el actual.

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Recuerda Fernando que todos esos años, los previos y los de la muestra universal sobre todo, «fueron muy prósperos tanto para Sevilla como para nosotros, que pasamos de ser una pequeña abacería al restaurante que hoy mismo tenemos», reconoce.

Sus establecimientos no paraban, y «estaban todo el día llenos», con un recetario similar al que ejecutan también hoy día: «Una cocina tradicional, con una importante presencia de recetas extremeñas, pues mis padres son de allí. Mi madre de Fuente de Cantos, mi padre de Higuera de la Serena y mi suegro de Coria», sonríe al afirmar.

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Judiones y huevos fritos, además del jamón extremeño, forman parte de una carta muy aclamada por sus comensales. Destacan, sobre todo, las migas, que incluyeron durante la Expo ‘92 y por las que se les reconoce, según cuenta, «como los primeros que las introdujimos en la ciudad».

El hecho de comenzar a elaborarlas les ha dado la posibilidad de convertirse en todo un referente en una receta, cuyo plato es sin lugar a dudas de lo más demandado en El Jamón Real. Aún así, su carta es para pararse y degustarla con calma, mientras imaginamos cómo los miles de turistas que se acercaron hasta aquí se dejaban sorprender por los sabores extremeños que cocinaban.

  • Dirección: C/ Pastor y Landero, 20.
  • Teléfono: 954 56 39 98

Restaurante La Raza

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En pleno parque de María Luisa, frente al Casino de la Exposición y al Teatro Lope de Vega, rodeado de una extensa vegetación y con varias terrazas al aire libre, encontramos el restaurante La Raza, cuya historia está muy relacionada con otra Exposición Universal.

«El restaurante La Raza ocupa el edificio que fue Pabellón de la Información en la Exposición Iberoamericana de 1929, situado en la entrada de acceso a la muestra. Es el que daba la bienvenida a los visitantes», afirma Pedro Sánchez-Cuerda Rodríguez, director de Grupo La Raza. Una bienvenida que aún hoy sigue dando a todo aquel que visita la ciudad, en estos 85 años de historia que tiene la empresa.

Este restaurante es el buque insignia del Grupo La Raza, y durante la Expo ‘92 fue todo un punto de encuentro para los visitantes ─y también para los sevillanos. Afirma el director del grupo que tiene unos recuerdos muy buenos de la exposición «porque fue un acontecimiento importantísimo para la ciudad a todos los niveles y que influyó muy positivamente al sector de la hostelería».

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De hecho, muchos de esos comensales descubrieron en ese año los fogones de La Raza y, desde entonces, sus visitas son recurrentes: «En aquel año recibimos a muchos clientes nuevos que con el paso de los años, cada vez que visitan Sevilla, vienen a La Raza a comer o cenar», reconoce Pedro Sánchez-Cuerda.

La afluencia de público, como es evidente, se notó en el restaurante. Pero como apunta su director, «no sólo durante los 6 meses que duró la muestra, sino también en los meses previos, en los que un gran número de personas se instalaron o venían de manera periódica a la ciudad porque estaban trabajando en la Expo».

Restaurante La Raza. Foto cedida por Grupo La Raza

Hasta aquí llegaban comensales de todo tipo, «tanto nacional como internacional y, muchos de ellos con alto poder adquisitivo. Trabajadores de la Expo y visitantes, entre otros», reconoce el director. Eso sí, para la Expo ’92 no contaron con una carta especial. Se quedaron con «la de siempre», con platos incluso más antiguos a la propia muestra «que datan de años anteriores, como nuestra tradicional cola de toro», nos anima a probar el director.

  • Dirección: Avda. Isabel La Católica, 2.
  • Teléfono: 954 23 20 24

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Restaurante Modesto

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El nombre de este restaurante le viene como anillo al dedo a Manuel del Toro, actual gerente. Un «modesto» hostelero que con sus 73 años tiene una mirada incansable y sigue al frente de un negocio que regenta desde hace décadas, con la misma energía que cuando era joven.

Al preguntarle por los orígenes, Manuel recuerda cómo sus padres ─Francisco del Toro y Manuela Rodríguez─ y sus hermanos llegaron desde Villalba del Alcor a Sevilla. Corría el año 1959: «Vinimos a la capital en busca de tiempos mejores y montamos nuestra primera taberna en Nervión. La segunda lo hicimos en 1960, al lado del actual Modesto Tapas, en la misma Puerta de la Carne».

Manuel del Toro, gerente del Restaurante Modesto

Manuel del Toro, gerente del Restaurante Modesto

Un atrevido joven, asegura Manuel, como él era decidió emprender en el mundo de la hostelería después de trabajar tres años en un bar: «Cuando cumplí los 15 años me encontré capaz de llevar el negocio y mi padre confió en mí. Desde entonces, casi cinco décadas después, aquí sigo», reconoce con orgullo.

Pero ¿a qué viene el nombre de Modesto, si nadie se llama así en la familia? «Es por mi abuelo paterno. Fue él quien se inició en esto de la hostelería, aunque después lo tuvo que dejar para dedicarse al trabajo en el campo», afirma el gerente.

Avanzando en los años, llegamos hasta la Exposición Universal de 1992, y Manuel se deshace en halagos al hablar de ella: «En todos estos años de vida puedo afirmar sin equivocarme que ha sido uno de los mejores momentos para la ciudad y para nuestro establecimiento. No había quejas, y las reservas no dejaban de sucederse. Ojalá hubiera otra», ríe al contarlo.

Hasta aquí llegaron personalidades de distintos ámbitos, aunque recuerda con especial cariño a los compañeros de prensa, de los que se hicieron asiduos a su establecimiento. Y también recuerda al vicepresidente de EEUU por entonces, que se sentó en su terraza.

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En relación a la carta, sigue casi intacta desde aquellos años: «No disponíamos de una carta especial, la verdad, sino que ofrecíamos la cocina andaluza, de la que siempre hemos hecho gala. Pescado y marisco, en una sucesión de artículos que nunca faltaban en nuestra despensa», asevera.

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Eso sí, la característica que los define, comenta el gerente, es que «trabajamos siempre el producto de temporada, como las setas, las habas o los espárragos, entre otros». También lo hacían durante la muestra universal, donde destacaba la «Friturilla Modesto», elaborada a base de calamares del campo y que ha sido uno de sus platos estrella en estos últimos 25 años.

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También nos habla de «Tío Diego», una elaboración que nos emplaza a probar en lugar de explicarla y que hacen desde más de 50 años, así como la corvina con salsa de cigala, que desde siempre, incluso ya en la Expo, solicitaban muchos comensales para probar.

  • Dirección: C/ Cano y Cueto, 2.
  • Teléfono: 955 29 06 90

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Casa Robles

Restaurante Casa Robles

Los que conocen de primera mano la gastronomía sevillana, están convencidos de que Robles es todo un emblema de la ciudad. El artífice ha sido Juan Robles, que llegó a la capital también desde Villalba del Alcor. Hoy su hija, Laura Robles, encargada de gestionar el obrador de la empresa, apunta que «los comienzos fueron duros y se remontan a mis abuelos, que tenían algunas pequeñas tierras heredadas de sus padres».

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Laura Robles, actual propietaria de Casa Robles

Volviendo a Villalba del Alcor, comenta Laura, es aquí de donde parte todo: «Mi abuelo Pedro puso sus miras en la compra de pequeñas parcelas de tierras de viñedos, para así dedicarse en pleno al cultivo de la vid y a la producción de vino, tan en auge por aquel entonces por toda la zona del Condado», reconoce. Así nace la bodega «La Atarazana», donde hacían las vendimias de la temporada y donde almacenaban los caldos en bocoyes de roble.

Debido a la gran producción de caldos que allí se elaboraban, el abuelo de Laura decidió instalar en Sevilla, en el concurrido barrio de la puerta Osario, una taberna. Allí vendían parte de los mostos, vinos blancos y aguardientes que se producían en la bodega de Villalba.

Años más tarde decidieron abrir otra taberna en la puerta de la Carne, cerca de la antigua judería, para así seguir con el mismo procedimiento de venta de vinos de la tierra. Hacia el año 1954, a la edad de 19 años, Juan Robles abrió junto a su padre una bodega pequeña junto a la Catedral, que sería emblema definitivo de la actual Casa Robles. A partir de ahí la evolución fue constante año tras año.

Pero si volvemos la vista hasta la Expo ‘92, Laura Robles reconoce que «antes de la Exposición Universal, todo giraba en torno a la Casa Robles como casa madre y principal protagonista. Hasta que no pasaron tres años no comenzamos a ampliar con otros negocios del grupo».

Restaurante Casa Robles

Por tanto, está convencida que la muestra supuso un antes y un después para la ciudad, pero también para su negocio: «Tenemos que agradecer mucho que la Expo ‘92 se celebrara en Sevilla. Fue una transformación para la ciudad y para nosotros». Casa Robles de hecho se convirtió en uno de los restaurantes que participó en el Pabellón de Andalucía representando a Sevilla durante una semana en el recinto de La Cartuja.

A este respecto menciona alguna vivencia: «Recuerdo las colas que había en la calle para almorzar o cenar en Casa Robles. Teníamos esperas de casi 40-50 minutos, que los clientes gustosamente aguardaban para poder disfrutar de nuestra cocina. A veces doblábamos o triplicábamos las mesas. Teníamos incluso lista de espera», sonríe al contarlo. No contaban con una carta especial, pues insiste la chef que por entonces se ofrecía la carta completa, porque el público quería comer y probar todo lo autóctono de nuestra ciudad.

Esta afluencia de la que hablamos se notó, sobre todo, a partir del tercer y cuarto mes después de haber empezado la Expo ‘92. Hasta Casa Robles llegaba todo tipo de público, «pero vinieron muchas personalidades de los distintos Pabellones Internacionales, representantes, comisarios, etc. Es más, tuvimos en nuestros fogones a los jefes de cocina del Emperador de Japón. Esto fue antes de empezar la Expo, pues al no tener acabada la cocina del Pabellón de Japón, nosotros le facilitamos nuestras instalaciones mientras ultimaban las suyas».

Y hace especial mención a un recuerdo: «Por entonces hicimos en mi obrador un helado de té matcha, cuando aquí en Sevilla apenas se conocía ese producto». También elaboraron para la ocasión un postre en edición limitada. El pasado jueves precisamente lo servimos en el almuerzo privado por el XXV Aniversario de La Expo», cuenta Laura.

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Postre conmemoriativo del XXV de la Expo ’92 en Casa Robles

Siendo la empresa familiar el principal pilar de la economía andaluza, Casa Robles representa uno de los más sólidos pilares de la economía de servicios sevillana, a la vez de haberse convertido por méritos propios en el paradigma de unidad familiar en pro de una empresa iniciada desde cero y llevada al éxito con doce puntos de venta y casi 200 empleados en la actualidad.

  • Dirección: C/ Álvarez Quintero, 58.
  • Teléfono: 954 21 31 50

Toda la información sobre Casa Robles

Mesón Don Raimundo

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El edificio en el cual está enclavado el Mesón Don Raimundo está ubicado en el Casco Antiguo del Barrio Judío y en él se respira historia. Tras su primera restauración en 1363, pasa a ser un convento en el que posteriormente se preparaban a monjas y monjes, para que fueran a predicar a los colonizados por Cristóbal Colón, al nuevo mundo.

De ser posteriormente la primera Caja Postal de la ciudad, pasó a ser el Colegio Mayor San Antonio de Padua, donde se educó la flor y nata de la nobleza sevillana. De ahí al obrador de confitería «La Gloria» y a partir de 1967 pasa a ser El Mesón Don Raimundo, con la misma esencia que lo conocemos hoy.

Fue Raimundo Fernández su fundador, y quien empezó todo. Estudioso de la cocina ancestral andaluza y defensor de la Dieta del Bajo Guadalquivir, que engloba a las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, triángulo donde se desarrolla una de las más importantes cocinas de nuestra provincia.

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Es por ello que en estos 40 años se definen como «defensores de la cultura andaluza, un museo más que visitar en Sevilla, tanto por su gastronomía como por las obra de arte que albergan», nos cuenta Inmaculada Fernández, actual gerente del establecimiento e hija del fundador. El mismo arte que venía buscando el visitante durante la Expo ‘92.

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De hecho, en un módulo publicitario de la época, este mismo establecimiento anunciaba su «especialidad en pescados y mariscos. Asados en horno panadero. Caza mayor y menor. Somos maestros en platos y postres mozárabes», revelaba el anuncio.

La cocina no ha variado prácticamente en todos estos años, y es posible encontrar platos tan reconocibles como los piñones tostados con crema, los higos y dátiles mozárabes, la cola de toro a la sevillana, las calderetas de venado o el faisán mozárabe con manzanas al coñac, entre otros.

En un lugar con tanta historia, es evidente que la celebración de la Expo ’92 supuso una renovación completa que aproximó Sevilla y a restaurantes como este al mundo, pudiendo difundir aspectos menos conocidos por el gran público. Y Don Raimundo no estuvo al margen, ni mucho menos.

  • Dirección: C/ Argote de Molina, 26.
  • Teléfono: 954 22 33 55

La Barbiana

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«El olor a Cádiz» que se desprende cuando cualquiera accede a la calle Albareda tiene como responsable a La Barbiana, que llegó en 1986 a Sevilla para quedarse. Todo comenzó con Manuel Sáchez y Gloria Picazo, que dejaron atrás su tierra, Sanlúcar de Barrameda, para adentrarse en un negocio que a día de hoy es todo un referente en la capital.

«Abrimos el 19 de marzo de 1986, que era el día del cumpleaños de mi padre», cuenta Sergio Sánchez, hijo del desaparecido Manuel y que lleva las riendas del negocio junto a su hermano José Miguel. «Mi padre era camarero de Bajo de Guía. Estuvo trabajando muchos años en Secundino y se vino a Sevilla con unos ahorros y abrió con mi madre este establecimiento», asegura.

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En todos estos años, en los que han tratado de traer el mejor recetario gaditano a la ciudad, han trabajado los guisos marineros, el pescado y el marisco. «Pero lo importante no es solo lo que se ve, también lo que no se ve. Mi madre ha sido una trabajadora incansable, que ha hecho que hoy estemos aquí gracias a una labor encomiable».

Sergio tenía en los años de la Expo ‘92 unos 12 años, por lo que «mis recuerdos están más relacionados con lo que veía, pero no por trabajar, que por entonces era aún pequeño». Sin embargo, sí que recuerda que aquel tiempo fue una época fantástica, «cuando La Barbiana estaba siempre llena y se abría todos los días de la semana», reconoce.

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Políticos, artistas, toreros, empresarios, deportistas, así como el público nacional formaban parte del día a día en estos meses de la muestra. «Si bien ahora la calle Albareda tiene mucho público extranjero, por aquel entonces nuestro público era más nacional. De hecho, fuimos el primer restaurante de la zona», recuerda el propietario.

En estos 25 años su carta permanece prácticamente igual, pues para Sergio la clave está en «mantener la esencia». De ahí a que el pescado y los mariscos sean las propuestas más reconocibles y más solicitadas por sus comensales. Eso sin olvidar platos tan característicos de su tierra como la tortilla de camarones o la urta a la roteña. «Los pescados grandes me los traen desde Conil, y los más pequeños de otras zonas, pero siempre de nuestras costas», reconoce orgulloso.

  • Dirección: C/ Albareda, 11.
  • Teléfono: 954 21 12 39

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El 3 de Oro

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Tradición es lo que se respira al entrar en un establecimiento que lleva casi 100 años con el nombre de El 3 de oro, desde que un jugador de cartas ganara con ese naipe a su desafortunado rival en una partida clandestina. Durante décadas fue punto de encuentro de toreros, futbolistas y demás personajes célebres del siglo pasado hasta que en 1979 cayó en manos de sus actuales propietarios, la familia Fernández del Toro.

Nos lo cuenta Ángel Vena, que es el actual gerente y yerno de la propietaria del establecimiento, Antonia del Toro. «Este lugar empezó con mis suegros, el patriarca, Manuel Fernández Sánchez. Pero fue su mujer quien animó a su marido a emprender esta aventura en el mundo de la hostelería», reconoce Vena.

Llegaron a Sevilla en 1980 desde Villalba del Alcor, donde vendieron unas tierras que tenían y destinaron ese dinero a la compra de este establecimiento: «Fue un traspaso que le hicieron y se mantuvo el nombre», reconoce el gerente.

Ángel no llegó hasta aquí hasta 1981, siendo un niño de 14 años, que se fue formando poco a poco en un mundo para él desconocido hasta entonces y que hoy, ya con 51 años, ha hecho prácticamente su manera de vivir.

Ya para 1992 era parte de la plantilla del negocio y conocía de primera mano cómo fueron aquellos años «de Oro» que vivió un restaurante que se distinguía por el servicio «self-service» que daban a sus comensales.

el-3-de-oro-2Igualmente apunta Manuela Fernández, también gerente y esposa de Ángel que «justo antes de abrir mis padres consultaron con un economista sobre lo acertado de ofrecer self-service en el establecimiento, un concepto muy novedoso en Sevilla, y éste les recomendó que no lo hicieran porque sería un fracaso. Ya era tarde para echarse atrás y ellos siguieron con sus planes. Desde el primer día ya se formaron colas, así que el economista se equivocó por completo».

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Desde entonces, la carta permanece prácticamente intacta, acogiendo fritos, carnes, guisos… «Comida tradicional y mediterránea en definitiva, cuyas propuestas nos han distinguidos por mantener, como no, la tradición en nuestros platos», reconoce Ángel Vena.

Lo más importante era el precio. Recuerda Ángel que cuando comenzó, la ración de boquerones estaba en 65 pesetas y el menú del día en 80 pesetas. «Para la Expo los precios subieron algo más, pero no mucho más», asegura.

Desde entonces tienen menudo de ternera, «un plato que pusimos durante la Expo y que, 25 años después, aún continúa en nuestra carta, junto a otros guisos también de peso como las lentejas o el arroz caldoso», sonríe al narrarlo.

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De todas las épocas vividas, Ángel es rotundo al afirmar que «los mejores momentos que se vivieron en El 3 de Oro fueron durante los últimos meses de la Expo, en agosto, septiembre y octubre. Es algo en lo que coincidimos los vecinos de la zona. Con un turismo sobre todo nacional, que se acercaba hasta nuestro establecimiento diariamente».

Habla abiertamente que en 1993 llegó una importante crisis al sector hostelero, que es el que conocía: «A pesar de que el self service es ya de por sí económico, los beneficios durante 1993 descendieron hasta la mitad, por lo que decidimos dar un cambio radical al establecimiento, tanto la carta, como en el servicio en mesa», hasta llegar a ser lo que hoy son.

  • Dirección: C/ Santa María la Blanca, 34.
  • Teléfono: 954 42 27 59

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Lo que no te puedes perder

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«Parece que fue ayer» es la frase más repetida en cada uno de los empresarios y hosteleros entrevistados para este reportaje. La Expo ’92 dejó en todos un huella imborrable, que situó a Sevilla en el mapa, que revolucionó nuestra cocina e incluso permitió que pudiéramos llegar a nuevos comensales que nunca antes la habían degustado.

Una revolución en todos los niveles, como insisten en recordarnos los entrevistados. Y que hoy, 25 años después, conmemoran con pequeños homenajes como el que hizo la pasada semana Casa Robles, que se inspira en este XXV aniversario para volver a recordar aquellos tiempos pasados. Prepárense para volver unos años atrás y rememorar la grandeza de una ciudad que, incluso antes de la Expo ‘92, ya era «grande».