Siempre me digo a mi mismo que un día tendría que hablar de tontería en la mesa, pero nunca lo hago. También de tontos a la mesa. Hoy que llueve y no quiero salir a probar bares, es el día.

Tengo una teoría, que seguro comparto con muchos de ustedes, sobre la estupidez humana y como esa estupidez crece exponencialmente con los Riojas de la Ribera del Duero.

De un tiempo a esta parte los expertos en marqueting han descubierto al tonto. Tonto es el que compra un secador de pelo de 399€ rebajado a sólo 299€ y tonto es el que compra un vino por el nombre sin importarle el contenido.

vino tinto

Los vinos de nombres ocurrentes han desplazado a los vinos buenos. Los del marqueting se han dado cuenta de que como nadie entiende de vinos, metan lo que metan dentro de la botella, si la etiqueta es ocurrente se va a vender como roscas. No se equivocan. Tampoco hace falta que sean de ninguna D.O. porque los tontos son tan listos que han descubierto que cualquier vino puede estar bueno, aunque sea un tinto que venga de Sudáfrica a granel en las bodegas de un barco.

Como además los restaurantes lo apoyan, el círculo se cierra. Algunos bares, gastrobares o restaurantes también han analizado bien al ser humano y han llegado a la conclusión de que como los tontos abundan, deben centrar el tiro en ellos y sacarles 20€/pax, eso sí, intentando a toda costa doblar la mesa.

En Madrid ya te cuelan con el restaurante lleno, sin reserva, siempre que te levantes cuando llegue el «titular». De esta manera aumenta significativamente la facturación y si además el que reservó falla, no pierden el dinero de la mesa. Redondo.

El restaurante ya no se hace para que dure toda la vida, se hace bonito tipo los de Madrid que citaba en el párrafo anterior, con plantas tipo helecho muy verdes y paredes de ladrillo de taco (si encima le ponen en esa pared un jardín vertical, tenemos el lleno asegurado), se le pone un nombre muy ocurrente, lavabos originales, se contrata a camareros guapos o simplemente diferentes, sin importar si saben servir, y se sacan platos de la cocina muy vistosos, aunque todos sepan igual.

El tonto no quiere disfrutar de la comida. El tonto tiene la necesidad de ir a estos sitios nuevos para poderlo contar. Mejor dicho: para poder decir que ha ido cuando otro tonto le presuma de haber estado.

Solo hace falta ir una vez, no hay por qué repetir

vinorojo

Eso sí: hay que ir a todas las nuevas aperturas y cuanto antes, porque nunca se sabe ni cuando ni quien te puede preguntar: «¿no conoces ‘La gata siamesa parió’? Pues no sabes lo que te pierdes, estuvimos anoche cenando allí con Chumy, Borjita y Mencía y tomamos un vino espectacular de Garnacha que se llama ‘Las hijastras del molinero jorobado’, riquísimo de verdad».

Lo importante es que el vino esté entre 15-25€ aunque el contenido venga en barco, y que la cena cueste 20€/pax aunque se cene de blister de aluminio de Makro.

Tontos de remate

Pensándolo mejor y aunque llueva voy, a ir a tomarme una pavia de Bacalao o unos garbanzos con espinacas y una copita de Valdepeñas al Rinconcillo, que el artículo se ha escrito sólo.