Reportaje Sevilla

Antonio de los Santos y Rocío Fernández, propietarios de Sol y Sombra: «Hay clientes que venían de novios y ahora traen a sus nietos»

Por Isabel Aguilar,

Antonio de los Santos y Rocío Fernández, propietarios de Sol y Sombra: «Hay clientes que venían de novios y ahora traen a sus nietos»

Antonio de los Santos Mata y Rocío Fernández Mataa

Estos hermanos llevan desde niños dedicados a la taberna de sus padres, Sol y Sombra, un bar de aire taurino en el que la cocina es lo único que ha cambiado en este tiempo.

Sol y Sombra, desde Castilla al mundo

Lleva medio siglo ofreciendo gastronomía de muy sevillanas maneras al final de la calle Castilla. Con ambiente taurino, platos muy de aquí y una atención directa y familiar, Sol y Sombra es una de esas tabernas de toda la vida que sin duda merece la pena conocer.

Al frente están Antonio de los Santos Mata y Rocío Fernández Mata, dos hermanos de madre que aprendieron los secretos del oficio a muy temprana edad. Los dos han dedicado su vida por entero a este establecimiento de Triana que tantas satisfacciones les ha proporcionado.

sol y sombra

Antonio de los Santos Mata y Rocío Fernández Mata

—¿Cuál fue la primera tarea que tuvieron en la taberna de sus padres?

—Antonio de los Santos: Yo empecé con 7 años y recuerdo que hacía un poco de todo. Picaba las barras de hielo que traía el vendedor en un carro con un burro. Así podíamos guardar el marisco que no se había consumido en ese día. También estaba pendiente del botellero, de ir cargándolo con nuevas botellas, quitando otras y metiéndolas en cajas.

—Rocío Fernández: Conservo recuerdos de cuando mi madre me metía en la cesta del pan y se ponía a trabajar en la cocina. Cuando era un poco mayor solía estar arriba, porque entonces era donde vivíamos, y me llamaban para echar una mano fregando platos y vasos o pelando gambas. Cuando mi hermano y yo veníamos la tele solíamos hacerlo mientras pelábamos gambas o cortábamos espárragos.

—¿Cómo era la taberna entonces?

—R.F.:Físicamente está tal cual era. Los carteles de toros a veces se estropean y los vamos arreglando, pero lo demás permanece igual. Han cambiado algunas cosas, como que en aquella época sólo había un empleado y ahora hay cinco, o que el local se ha ido ampliando. Hace 19 años abrimos el salón de al lado, porque la gente prefiere comer sentada aunque esto no sea un restaurante. Eso sí, cada uno tiene sus preferencias y cuando nos llaman para reservar nos dicen: «a mí ponme en lo viejo o quiero una mesita en lo nuevo». Ese salón nos ha dado mucha vida y nos permite tener comidas de empresas e incluso una vez celebramos una boda de un cliente. Despedidas de solteros sí se hacen muchas porque es un sitio sevillano muy típico y gusta a la gente que viene de fuera. Una vez me preguntaron si podían traer un «boy» y les dije que no, que con los toreros de los carteles ya teníamos bastante…

Así eran (y son) sus propuestas gastronómicas

sol y sombra

Rocío Fernández Mata

—En cuanto a la carta, ¿qué platos de los que preparaban sus padres permanecen?

—R.F. Las gambas al ajillo, el solomillo al ajo, el Don José, que son gambas con jamón, los revueltos de habitas, las cabrillas… Era y es una cocina muy tradicional.

—¿Y qué novedades han incluido?

—A.d.S. Los arroces. Tienen mucho éxito, sobre todo el de carabineros, aunque también lo tenemos negro o con cola de toro.

—¿Qué vinculación tenía su padre con el mundo taurino para elegir ese nombre y esa decoración para la taberna?

—R.F. Mi padre, José Fernández, era el encargado de un bar que tenía Gitanillo de Triana en Madrid y le encantaba el mundo del toro. Cuando llegó a Sevilla montó su taberna y tenía claro que tendría influencia taurina. Primero cogió un local pequeño que había a pocos metros de aquí, en lo que hoy es Proyecto Hombre, junto a la antigua capilla del Cachorro. A los pocos años se trasladó al actual establecimiento porque aquella zona la expropiaron para construir los puentes que hay en la actualidad.

—¿Han venido muchos toreros?

—A.d.S. Algunos han venido pero no de forma frecuente porque no estamos en la zona taurina propiamente dicha.

Cada uno con una tarea

sol y sombra

Antonio de los Santos Mata

—¿Qué funciones tienen en la actualidad dentro de la taberna?

—A.d.S. Rocío se encarga de la sala y yo estoy en la zona de chacinas, aunque los dos hacemos lo que sea necesario y vamos rotando cuando falta personal.

—Estando en plena Triana tendrán muchos turistas…

—R. F. Vienen cada vez más y la mayoría de las veces a tiro hecho porque han leído comentarios. Salen siempre súper contentos y eso que aquí no hablamos inglés, pero tampoco hace falta para atenderles bien. La atención al público es lo nuestro.

—¿Y cómo es el resto de la clientela?

—Viene mucha gente de Triana y público fiel de la zona que venía con su pareja cuando eran novios y ahora traen a sus nietos.

—¿Lo del papel higiénico en las mesas es desde el origen?

—R.F. Cuando mi padre lo ponía sólo había dos marcas, el Elefante o la Pajarita, eran más gruesos que ahora y absorbían muy bien la grasa.

—¿Alguna vez se ha quejado algún cliente?

—R.F. Alguno sí lo ha hecho, no entiendo porqué ya que es algo completamente higiénico, como dice su propio nombre…

Perfil:

Estos dos hermanos han llevado vidas paralelas en el negocio familiar desde su primera infancia. A Rocío, de hecho, no solo le dio una forma de ganarse la vida, también un marido, puesto que se casó con uno de los trabajadores de la taberna, Mario Martín, que continúa codo con codo en el negocio familiar. Antonio tiene una hija y Rocío tiene dos, aunque por ahora ninguna de las tres seguirá los pasos de sus progenitores, que llevan desde que tienen uso de razón entregados a esta taberna donde la antigua esencia sevillana cuelga de sus paredes ajena al paso del tiempo.