«En Sevilla se pueden  hacer cincuenta mil rutas de tapas, pero me quedo con la de mi barrio, casi
sin salir de la manzana donde nací»

En Sevilla se pueden hacer cincuenta mil rutas de tapas, pero me quedo con la de mi barrio, casi sin salir de la manzana donde nací. Tiene su eje en la Calle de la Mar, que es como la gente de la Puertalarená seguimos llamando a García de Vinuesa. Calle de la Mar. De la mar de tabernas la mar de antiguas. Desde lo alto de este “poeta” de Casa Morales, tres siglos de tabernas sevillanas os contemplan en las tres estaciones que voy a hacer. Los tres establecimientos suman una antigüedad de 331 años.

Primera estación .- Casa Morales, en la Calle de la Mar esquina a la Calle de la Mosca. Fundada en 1850. Preguntar por Reyes Morales, descendiente del fundador, díganle que van de parte mía. Obligatorias dos bebidas: el tinto de Morales de toda la vida (el que inspiró a Rodríguez Buzón, a Chaves Nogales, a Martínez de León y a la redacción de “El Liberal” en pleno, y que es el mejor Valdepeñas), y el “poeta”, que es vermú de garrafa con sifón, llamado así en honor de Hilario Gutiérrez, el poeta de la Peña Er 77 del Marqués de las Cabriolas, que consagró aquí su lema: “Bebe a gusto y orvía los disgustos”. De tapa hay que probar la pringá y la exquisita tabla de ahumados. Y los chicharrones. Y, sobre todo, el ambiente.

Segunda estación .- Frente por frente, en la otra esquina. Freiduría La Isla. De aquí se llevaban los papelones de pescao frito a Casa Morales antiguamente, cuando el padre y el tío de Reyes dejaban entrar género. Fundada en 1938. Al frente, Casimiro. Díganle que van de parte mía. Aparte de los papelones de pescao divinamente frito, que venden con traducción simultánea al inglés (¡toma ya!), pídanle a Casimiro su gazpacho casero, que lo hace él, sus tomates con sal y su aliño de pimientos. Y con un papelón de pescada y de adobo mismo, y se sientan a tomárselos en los veladores de mármol para que comprueben cuánta Sevilla verdadera nos queda.

Tercera estación .- En la acera de frente de la Calle de la Mar, un poco más hacia la Puertalarená, nada, diez metros. La Bodega Salazar. Fundada en 1908. Preguntar por Angela, la dueña, o alguien de la familia Díaz-Salazar que conserva este templo moyatoso digno de elogio. Obligatorio probar las berenjenas de Almagro. Y conveniente pedir la cerveza negra, que no todo va a ser Cruzcampo, joé. Y gozar del ambiente y hasta de la columna que hay en la puerta, que es de los antiguos soportales que tenía toda esta Calle de la Mar.

Media verónica .-Y si les sobra tiempo, pueden seguir hacia la Puertalarená y en la misma esquina de la Calle de la Mar con Arfe, dar la media verónica de remate y de espuela en Los Príncipes, bar torero y muy trianero (Triana en realidad acaba en el Arco del Postigo, y a la Esperanza Coronada me remito). Pidan la sangre encebollada, clásica, entre las clásicas. Y a la 1 en punto de la tarde exactamente sale el arroz. Sale por la Puerta del Príncipe de lo bueno que está. Ah, y sardinas asás, pídanlas, igual de buenas que las de los chiringuitos playeros, pero sin arena en los pies, sin raspas por el suelo y sin gordas diciendo a Vanesa que se salga del agua que le va a dar algo. ¡Bienvenidos a mi barrio! Ah, y si quieren leer los óles que les he dedicado a estos templos moyatosos, los encuentran aquí en mi sitio de Internet, www.antonioburgos.com . Esos dos artículos son: “Un óle por Reyes Morales” : http://www.antonioburgos.com/abc/2009/05/re051609.html “Un óle por la Bodega Salazar” : http://www.antonioburgos.com/abc/2009/06/re060109.html