«La “ruta del bacalao rancio” podríamos llamarla, porque es la tapa que siempre pido» Mi ruta de tapas está enclavada en el centro de Sevilla. “La ruta del bacalao rancio”, podríamos llamarla, porque es la tapa que siempre pido. Comienza en La Moneda elegida en esta ruta por el tratamiento que le dan al pescado. Respetan las convenciones internacionales.

De ahí me muevo a la barra de Enrique Becerra. Una manera de ir de restaurante en plan tapeo. Y luego paso por Casablanca, un lugar donde se respeta el concepto de la tapa, inherente a la esencia hispalense. Las papas aliñadas y la carrillada son imprescindibles. Además de un plato nuevo, el crujiente de langostino envuelto en patatas pajas.

Luego, me dirijo a Reyes Católicos para entrar en El Cairo. Allí solemos mantener una tertulia Antonio Burgos, Joaquín Moeckel, la editora Rosa García Perea y yo. “El cuarteto de Alejandría” nos denomina Burgos, por eso de encontrarnos en El Cairo.

Y para terminar no puedo olvidar al templo de la ranciedad sevillana, el clásico Rinconcillo. Espinacas, pavía de bacalao, tortilla de jamón y el Coronel Valdepeñas, una buena muestra de esa cocina tradicional. Además, allí también voy de tertulia. En este caso me reúno con Juan Miguel Vega y Javier Rubio.

Curiosamente, si observamos, estos bares están estratégicamente situados. Por sus inmediaciones pasan numerosas cofradías. Simple coincidencia, ¿o no?