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Alergias e intolerancias alimentarias


Picores, vómitos, asfixia. Comer determinados alimentos puede suponer un gran
peligro si se tiene intolerancia o alergia al mismo. Por ello es importante conocer qué le sienta mal al organismo y qué alternativas hay a ese alimento.


Las virtudes de la leche materna

En los últimos años se ha registrado un aumento de las intolerancias o alergias
alimentarias, sobre todo en los más pequeños. La causa: muchos expertos afirman que se debe a un abandono de la lactancia materna.

La leche
materna aporta
defensas al
niño en sus
primeros meses
de vida

La leche materna transmite defensas al niño que le van a proteger durante toda la
vida, pero más especialmente en sus primeros meses, que son vitales para desarrollar alergias o intolerancias.

Otra de las causas de este aumento es la introducción, cada vez mayor, en el mercado de nuevas especies de cereales y productos exóticos. La mejor manera de combatirlo es conocer qué sustancias no toleramos (con análisis médicos) y elaborarnos una dieta personalizada.

En total, casi un 40 por ciento de la población padece intolerancia o alergia a algún
alimento. La primera suele ser más leve que la segunda aunque más prevalente.

En las intolerancias, el organismo no es capaz de metabolizar ciertas sustancias, lo que provoca diarreas, flatulencias y malestar general. Casi la mitad de la población padece alguna intolerancia. Las más habituales son a la lactosa y al gluten.

Las alergias, sin embargo, sí pueden resultar más peligrosas. En éstas, ante determinadas sustancias (generalmente proteínas), el cuerpo activa el sistema inmunológico porque las reconoce como “enemigos”, con todo lo que ello implica.

Los síntomas son los mismos que los de cualquier otra alergia: urticarias y problemas gastrointestinales o respiratorios, y la solución también: antihistamínicos. Sin embargo, si se produce una exposición prolongada al origen, la alergia puede derivar en un problema grave llegando incluso al shock anafiláctico.

Por ello es indispensable conocer cuáles son los productos que debes incluir en la dieta habitual.

Estas son las alergias e intolerancias alimentarias más habituales.

Alergias

Leche y huevo: La alergia a la leche (no materna) y al huevo consiste en una incapacidad para metabolizar proteínas de gran tamaño. Son dos de las más comunes entre los niños menores de un año y se suele superar entre los 2 y los 4 años. Para suplir la fuente de calcio se puede optar por vegetales de hoja verde, pescados en
conservas o frutos secos. Para el huevo, lo que se debe hacer es cocinar muy bien el
alimento que pueda contenerlo.

Frutos secos: Es una alergia que no desaparece con la edad. Suele ser provocada por cacahuetes, frutos exóticos y frutas como las fresas o los melocotones. Es poco común es España pero puede resultar muy peligrosa. Conviene fijarse muy bien en el etiquetado de los productos.

Pescado: La masa muscular de algunos pescados blancos como la merluza o el bacalao y de algunos mariscos como los langostinos o las gambas pueden provocar alergias a ciertas personas. El anisaki, un parásito que coloniza algunos peces y que fue introducido en España por la pesca clandestina asiática también puede provocar alergias. La solución es cocinar bien o freír el pescado que pueda contenerlo.

Intolerancias

Lactosa: Padecida por el 30 por ciento de la población, se trata de una incapacidad para digerir esta enzima de los productos lácteos. Los alimentos fermentados como el yogur, los quesos curados o la leche de soja puede ser una buena alternativa para seguir tomando calcio.

Gluten: La intolerancia al gluten (una proteína presente en algunos cereales como el trigo o la cebada) se sufre de por vida y puede ser peligrosa, ya que hace que se rompa la mucosa del intestino de los celíacos. Aunque está presente en numerosos productos de la industria alimentaria (bollería o pizzas), cada vez son más las empresas que fabrican sólo para celíacos.

Farmacológica: Se trata de una intolerancia a los compuestos químicos que surgen de procesos a los que se someten a los alimentos o a los aditivos necesarios para su conservación. El chocolate, los fritos, los embutidos, el vino o el queso (productos fermentados o madurados) pueden causar esta intolerancia.

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Consejo Europeo de Información Alimentaria
Mitos sobre alergias alimentarias
Unidad de Alergia Infantil