Si os gusta el apio fresco, para ensaladas o para envolver o rellenar sus tallos con queso azul o con patés, deberéis usarlo lo más fresco posible, para que mantenga no sólo sus excelentes propiedades si no toda u tersura.
Sin embargo, si lo usáis habitualmente para elaborar caldos, podéis congelar las ramas directamente envueltas en film transparente. Perderá por completo su tersura, pero mantendrá intactos su aroma y su sabor, que seguirá manteniendo al caldo o sopa.
Los hilos largos que tiene el apio en sus extremos, así como en los cardos, se eliminan muy fácilmente con un pelaverduras de cuchilla trasversal.