Las berenjenas deben comprarse muy frescas, con la piel tersa y brillante, sin manchas parduscas y con el corte del tallo realmente verde, lo cual nos indicará que fueron recolectadas hace poco tiempo.
Al freírlas siempre absorben mucho aceite, como si fueran “esponjas”, y pasan a ser bastante calóricas. Sin embargo, si se cocinan asadas o en guisos lo son muy poco y tienen además bastante poder de saciedad.
Si las has comprado frescas, aguantan muchos días en el frigorífico si las envuelves, una a una, en film transparente.