Para lavarlas, introdúcelas en un colador grande y deja que caiga sobre ellas el agua fría del grifo.
Si no llevan demasiado tiempo recolectadas, pueden conservarse en el frigorífico durante varios días, guardadas en un tupper hermético forrado en su interior con papel absorbente. Si este papel se moja, por la misma humedad que desprenden las cerezas, cámbialo por otro seco para evitar que la fruta se pudra.