Seguramente alguna vez te has encontrado con que, al preparar un pulpo cocido, éste ha resultado con una textura algo dura o correosa.
Te vamos a proponer aquí un par de trucos, para que tú decidas el que más te gusta y lo lleves a la práctica:
 

  • – Si el pulpo es fresco, podemos congelarlo hasta el momento de su consumo. Al congelar el pulpo lo que conseguimos es romper su estructura nerviosa, ablandándose su carne. Cuando lo descongelemos y lo cozamos nos encontraremos con una textura bien tierna.
  • – Otra alternativa sería añadir un poco de harina y aceite de oliva al agua de cocción. De esta manera, además de lograr el objetivo que estamos buscando, el pulpo ganará en sabor.