El laurel no se puede utilizar en fresco, porque es demasiado aromático. Por eso, antes de usarlo, debemos secarlo durante 2 o 3 meses.
Si no tenemos tiempo, podemos optar por otra solución: En una sartén al fuego, colocamos las hojas de laurel para que se tuesten. En el momento en que empiecen a humear, les damos la vuelta. Hay que tener cuidado para que no se quemen.