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Un sevillano forjó la independencia

Luis Gonzaga Guillermo Escolástica Manuel José Joaquín Ana y Juan de la Soledad Daoiz Torres fue bautizado con todos estos nombres el 10 de febrero de 1767 en la parroquia de San Miguel de Sevilla

Actualizado 02/05/2008 - 08:54:06
ROCÍO RUZ  Un grupo de escolares rinden homenaje a Daoiz.  Firma autógrafa de Luis Daoiz Torres, el héroe sevillano del Dos de Mayo
ROCÍO RUZ Un grupo de escolares rinden homenaje a Daoiz. Firma autógrafa de Luis Daoiz Torres, el héroe sevillano del Dos de Mayo
Luis Gonzaga Guillermo Escolástica Manuel José Joaquín Ana y Juan de la Soledad Daoiz Torres fue bautizado con todos estos nombres el 10 de febrero de 1767 en la parroquia de San Miguel de Sevilla, desaparecida a golpe de piqueta -como es tradicional en la ciudad- por los revolucionarios de la Gloriosa (1868). Sus ancestros combatieron ya en la Reconquista. El primero de ellos era don Berenguer D´Aoiz, así llamado porque se estableció en el navarro pueblo de Aoiz. Don García Garcés D´Aoiz guerreó en la batalla de las Navas de Tolosa. Pero el más inmediato antepasado de nuestro héroe con papel destacado en la Historia se llamó Joaquín D´Aoiz, era de Pamplona, y a mediados del siglo XVII fue nombrado alguacil mayor y regidor perpetuo de Gibraltar. En cierto modo, fue precursor de su nieto, porque le tocó entregar la plaza a los ingleses, se supone que con harto dolor de su corazón. El último regidor de la Roca fue el primer Daoiz de apellido andaluz.
Todos estos datos los debemos a un artillero como Daoiz: el coronel Enrique de la Vega Viguera, historiador militar ya fallecido, que buceó en libros y archivos en busca de la memoria de un personaje todavía hoy muy mal conocido. Y al decir hoy, remarcamos la fecha, porque una efeméride polarizada en Madrid tiene a un sevillano como protagonista.
Ese niño que recibía las aguas bautismales a la vera de su casa, en el número 70 de la calle del Horno (muy cerca de donde hoy se levanta su monumento), y que hasta los quince años permanecería en su Sevilla natal, estudiando en el colegio jesuita de San Hermenegildo (a lo que probablemente no sea ajeno su nombre de pila), armó al pueblo de Madrid para que se levantara contra la invasora soldadesca francesa. Ello le costó la vida tal día como hoy hace doscientos años. Expiraba, con el grado de capitán, «sobre las dos y cuarto de este día», en su casa de la calle de la Ternera número 12, atravesado por una bayoneta que le clavó en la espalda un gabacho cuando hacía frente al general Lagrange, que mandaba los dos mil hombres enviados para aplastar la rebelión del Parque de Artillería de Monteleón. Así lo cuenta Galdós en «El 19 de marzo y el 2 de mayo»: «El jefe de las fuerzas francesas acercóse a nosotros, y, en vez de tratar decorosamente de las condiciones de rendición, habló a Daoiz de la manera más destemplada y en términos amenazadores y groseros. Nuestro inmortal artillero pronunció entonces aquellas célebres palabras: «Si fuerais capaz de hablar con vuestro sable, no me trataríais así». El primero que cayó fue Daoiz, traspasado el pecho a bayonetazos.» Su «camilla» fue una escalera de mano y un colchón.
Ese día ha pasado a la conciencia colectiva de los españoles como el de la afirmación patriótica que dio lugar a la Guerra de la Independencia, y con ella a la liberación popular de la que proviene nuestra identidad nacional, a través de las Cortes de Cádiz. Pero nada hubiera sido como fue si aquel joven capitán sevillano no hubiera dado el paso al frente que se refleja en la estatua broncínea de La Gavidia.
Nada en el brillante porvenir del mártir de la Nación fue ajeno a su formación sevillana. Los jefes militares se lo disputaban, no sólo por su conocimientos de las matemáticas, sino porque dominaba el inglés, el francés, el italiano y el latín.Luis Daoiz, nieto también de la condesa de Miraflores, fue enviado por su padre al Colegio de Artillería de Segovia, donde ingresó como cadete en 1782 y salió como subteniente cinco años después. Se presentó voluntario para intervenir en la defensa de Ceuta frente a los moros en 1790. Allí mandó una batería de su regimiento.
Orán y el Rosellón
Un año después fue enviado a la compañía de minadores de Orán. El 18 de febrero de 1792 fue ascendido a teniente de artillería. Su siguiente destino estaría muy lejos de allí, en el Rosellón, combatiendo contra la República francesa. Fue hecho prisionero y permaneció un año en la cárcel, donde fue tentado para pasarse al enemigo.
Otra vez el Sur reclamó los servicios del ilustre artillero. Al mando de una tartana cañonera con hornillo de bala roja, el ya teniente Daoiz defendió Cádiz de las bombas que tiraba Nelson el 11 de julio de 1797. También estaría en Trafalgar.Poco después, había hecho «dos viajes redondos al continente e islas de América, todo durante la última guerra contra Inglaterra», según recoge su hoja de servicios. Iba como artillero del buque San Ildefonso, un navío de 74 cañones. Es reveladora la anécdota que le acaeció en el puerto de La Habana, cuando revisaba las «Gacetas» atrasadas y descubrió para su sorpresa que ocho meses antes, el 4 de marzo de 1800, cuando él se encontraba en alta mar con las insignias de teniente, había sido publicado su ascenso a capitán. Tenía 33 años.
Ya en la Península de nuevo, el capitán de artillería Daoiz, que también era teniente de infantería, el 7 de julio de 1802, retornó a su regimiento de origen, el 3º de Artillería de Sevilla. Tomó parte en la segunda guerra de Portugal. A comienzos del mítico 1808, Daoiz es destinado a Madrid, donde se le encomienda el detall del Parque de Artillería y el cuidado de la tropa que lo servía. Allí rendiría, junto al cántabro Velarde y otros anónimos patriotas, su postrero y definitivo servicio a España.
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