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«Schulten se quejaba de que su «Tartessos» se vendía poco»

LUIS SANTISTEBANLibrero-¿Pertenecer a una familia aristocrática marca?-Honra es aquello que reside en otro... Mi abuelo fue marino de guerra. Hizo los cálculos de inmersión del submarino de Peral

Actualizado 03/07/2006 - 03:37:23
LUIS SANTISTEBAN
Librero
-¿Pertenecer a una familia aristocrática marca?
-Honra es aquello que reside en otro... Mi abuelo fue marino de guerra. Hizo los cálculos de inmersión del submarino de Peral, estuvo en la batalla de Callao de grumete y luego, en Cuba, de capitán de navío, mandó el Infanta María Teresa, el primer barco de hierro; bueno, era de madera pero con planchas. Cuando murió, mi padre fue el séptimo Marqués de Pinares. Pero nunca hemos presumido de esto; mi madre tenía doce títulos. A mí en Burgos me hicieron caballero del Cid porque soy Santisteban Vivar.
-¿Y lo de vivir en una familia de catorce hermanos?
-Vivíamos muy bien... Mi padre fue destinado a Tarragona y allí conocí a Adolf Schulten. Allí están las canteras del Medo, donde los romanos sacaron las piedras para las murallas de la ciudad. La arqueología de Tarragona, como fue sede de Augusto, es gigantesca. Yo tenía quince años e iba allí con mi padre y mis hermanos a buscar piedras de sílex, y Schulten buscaba restos romanos, y desde entonces estuve con él seis años. Luego nos escribimos y la Academia de la Historia me ha concedido un título por haber entregado mis cartas con él.
-¿Cómo fueron esos seis años?
-Con él conocí toda la arqueología de Tarragona. Entonces, el palacio de Augusto era sede de gitanos, hasta que los españoles vieron que aquello podía dar dinero, como pasó con la Alhambra. Schulten me decía que si yo podía hablar con Franco para que aquello fuera cuidado, y yo le decía que yo no tenía ninguna amistad con Franco. El era un enamorado de Numancia, que no la descubrió él, sino Saavedra. Schulten detestaba el teléfono y los congresos. Tenía cosas genuinas, también era enólogo, e íbamos a los pueblos cercanos donde él decía «una botella de vino, bien; dos botellas, muy bien; tres botellas, muy mal» (risas). Pero no era borracho.... El tenía 70 años y yo 16 y debí caerle bien... Fui su amanuense, le corregía textos y le escribía a máquina a pesar de que me explotó una bomba (y muestra sus manos en las que faltan varios dedos).
-¿Cómo fue lo de la bomba?
-De mi casa nos echaron los rojos... Tuvimos escondido detrás de un armario a un cura capuchino ocho meses... (Risas) En mi casa vivió El Campesino y arriba de la casa puso, cuando el frente del Ebro, su Estado Mayor. Cuando entró García Valiño con la Quinta de Navarra, la Segunda de Valencia y los Regulares huyeron hacia Barcelona. Entonces entramos en nuestra casa y al coger unos papeles del suelo me explotó una bomba. Aquel día nací tres veces.
-¿Por qué nació tres veces?
-Mi hermano Juan Manuel me envolvió las manos en una camisa y me llevó al hospital en un coche de Ingenieros Pontoneros cargado de dinamita, y en cuanto nos dejaron se salieron de la carretera y se mataron todos. El doctor Guasch me llevó a operar en un hospital de sangre y un amigo de mi padre le preguntó qué iba a hacer, y le dijo que me iba a cortar las manos, y él le dijo: «si le cortas las manos te pego dos tiros». Y ya se esmeró, y todavía tengo aquí metralla. O sea que nací tres veces en un día.
-¿Qué rasgo humano destacaría de Schulten?
-Estaba terminando la Guerra Mundial. Él no era un nazi, era un arqueólogo y vivió para las piedras. El Kaiser, cuando la Primera Guerra Mundial, le llamó dos veces para hablar de arqueología, porque el Kaiser como no tenía nada que hacer se aficionó a la arqueología... En Tarragona ayudó a alemanes, que no eran nazis, eran alemanes... Hermann Jung y su familia vivían escondidos en San Sadurní de Noya y se le ocurrió nada menos que escribir el libro «¿Por qué Hitler perdió la guerra?» Lo pillaron y se lo llevaron a Rusia con su esposa, y dejaron allí a sus dos hijas. Él y yo íbamos a verlas y a llevarles dinero.
-Algún defecto tendría...
-Era muy humano. Nunca me riñó. Era un científico... Nunca le vi enfadado, siempre buscando hacer bien; a una chica que cantaba muy bien le pagó clases de canto en Barcelona.
-¿En esa época estudiaba ya Tartesssos?
-Sí, con el Duque de Tarifa, que era muy amigo suyo. Cuando salió el libro en castellano me regaló a mí el primer ejemplar, y el primero de Numancia, dedicados... Yo se lo regalé a algún amigo porque los libros son para vivirlos, no sólo para tenerlos. Aunque ahora me pesa...
-¿Por qué no halló Tartessos?
-Eso es difícil de decir; hay cosas de hace ochocientos años que no se saben si son o no son. Como el Cid, que se llamaba Rodrigo Díaz el de Vivar, y no Díaz de Vivar.
-¿Por qué se hizo librero?
-Yo leía tanto que a las dos o las tres de la mañana mi padre se levantaba y me quitaba los libros. Mi librería, en 34 años, ha sido muy polifacética, lo mismo di 48 horas de rock en la placita de al lado que un auto sacramental. Fui vicepresidente nacional de los libreros ocho años y fundé la asociación profesional en Andalucía. Nunca solucionamos el problema del libro, que son los grandes comercios. Tuve una librería en Granada y tres en Sevilla.
-¿Para ser buen librero hay que ser buen lector?
-Hombre, ¿si no los vas a vender al peso?
-Ha calculado cuántos ha vendido.
-Millones, pero muchos no tenían mucho valor. Cuando abrí la de la Calle Roldana era la única y casi todos los vendía yo a la Universidad. Ahora se subasta la venta de libros a la Universidad, como si fueran patatas.
-¿De Schulten vendió muchos?
-Cuando me escribía a Granada se quejaba de que Tartessos no se vendía como él había pensado.
-Ahora es peor todavía para las librerías...
-Nos reunimos con Semprún cuando era ministro de Cultura, y nos decía que llevabamos razón los libreros, que todo el mundo vendía libros porque la ley lo permitía, y entonces le dijimos que por qué no cambiaba la ley... Y cuando edité «Mundo y formas del cante flamenco» (de Antonio Mairena y Ricardo Molina), el administrador de Revista de Occidente me dijo que los libros donde estaban mejor era en el almacén.
-Hablando de flamenco, ¿las firmas que hay en las paredes de su librería son de flamencos?
-Cuando inauguré la librería me traje a los gitanos del Sacromonte y firmaron todos, Enrique el Canastero y Manolo Cano,... Y Antonio Mairena venía mucho porque yo le tenía que pagar los derechos del libro, y se bebía cada güisqui, aunque nunca borracho, eh.
TEXTO: ALFREDO VALENZUELA
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