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Lebrija: El Asilo de San Andrés, un monumento a la perseverancia

Después de cuatro años de obras, el Asilo de San Andrés de Lebrija, en manos de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, inaugurará sus instalaciones el próximo año, convertido en una de las residencias de ancianos más modernas de la provincia

Actualizado 03/11/2004 - 02:11:09
Sor Reyes, verdadera artífice del proyecto, ante las obras del asilo. MARIO FUENTES AGUILAR
Sor Reyes, verdadera artífice del proyecto, ante las obras del asilo. MARIO FUENTES AGUILAR

Lasinstalaciones ampliadas del Asilo de San Andrés de Lebrija estarán listas para ser utilizadas en 2005, después de casi cuatro años de obras, que han conseguido con mucho trabajo y la colaboración de particulares e instituciones adaptarse a las nuevas necesidades que demanda la sociedad.

El objetivo es que para esa fecha, el asilo se haya convertido en una de las instituciones más modernas de la provincia, con dormitorios individuales y de matrimonio,calefacción, hilo musical, luz natural en todas las habitaciones, enfermería, biblioteca, sala de rehabilitación, mortuorio y lavandería. Y todo sin ningún tipo de barreras arquitectónicas, habida cuenta del tipo de personas que lo van a disfrutar.

Detrás de este proyecto que comenzó a ejecutarse en el mes de noviembre de 2001, hay una congregación de monjas, la de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, que ha gestionado el asilo desde su fundación en 1913 por don Andrés Sánchez de Alba, el Mayor y como maestra de ceremonia en los últimos años y promotora del proyecto de restauración del centro y su modernización, una persona en concreto, sor Reyes Calderón, quien se hizo cargo de la dirección de la residencia en 1996 y puso en funcionamiento su extraordinaria capacidad para afrontar y gestionar proyectos de envergadura.

Ocho décadas de historia

Lo primero que percibió sor Reyes es que en esa fecha, el centro, que ya contaba con 83 años de historia, no cumplía las normativas en vigor exigidas en todos los centros asistenciales de Andalucía, por lo que era absoluta y prioritaria la reforma y con ella el gran reto de conseguir los fondos necesarios.

Comenzó entonces, apoyada por toda la congregación, un auténtico peregrinar por las instituciones y las puertas, como no suele ocurrir siempre, comenzaron poco a poco a abrirse al proyecto. Los primeros en asumir el reto de sor Reyes fueron los responsables de la Obra Social de Caja Madrid, que a la larga se convertiría en la principal entidad donante aportando en 2002 la suma de 60.000 euros, una ayuda que se repetiría multiplicada en 2003 con el doble, y en 2004, con 160.000 euros.

A la iniciativa de Caja Madrid se une posteriormente la Obra Social de Caja Sur, con lo que las obras podían presumir ya de basarse en una consistente ayuda exterior.

No obstante, sor Reyes no se limitó a este tipo deinstituciones, sabedora de que detrás de las obras e incluso en esa misma fase, los gastos son muchos y tras el ladrillo viene el equipamiento. Las llamadas a las instituciones tampoco faltaron y consigue la colaboración del Estado a través del Ministerio de Trabajo, que sería el que aprobaría en 2001 la creación de una escuela taller para 50 alumnos y ocho monitores que se encargarían de comenzar los trabajos, luego el proyecto no sólo se resumía en mejores prestaciones para los asilados, sino que se convertía en una fuente de formación y de trabajo para jóvenes.

Las instituciones

La Junta puso sobre la mesa 60.000 euros y en 2003, el Estado vuelve a aprobar una segunda escuela taller para 40 alumnos en este caso. Obviamente, no podía faltar en esa empresa el Ayuntamiento de Lebrija, que puso a disposición de sor Reyes y su proyecto todo el entramado técnico de la oficina de Urbanismo, diseñando el proyecto básico y responsabilizándose el arquitecto municipal de la dirección de la obra. El Ayuntamientoaprueba además, con el respaldo de todos los grupos, la exención de tasas de la licencia de obras.

Lo que parecía un sueño en un principio comienza a tomar cuerpo y a verse en toda su amplitud a partir de 2003, ya con las naves levantadas y es cuando se recibe una visita que si bien no llegaba con ladrillos en las manos, llevaba algo que para las monjas es tan importante o más que lo material, incluso en este caso. El cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, presidente de la Fundación del Asilo de San Andrés, visita las obras en las que había puesto la primera piedra dos años antes y exclama con todo el convencimiento del mundo: «Cuando a una hija de la Caridad se le mete algo en la cabeza, siempre lo consigue, por muy difícil que sea».

Lo que queda ahora es el final, previsto para 2005 y la puesta en funcionamiento de esas instalaciones modernas y confortables que se conviertan en algo más que un asilo, un segundo hogar para las muchas personas que precisan de cuidados y sobre todo de un poco del espíritu que ha llevado a sor Reyes y a la congregación de las Hijas de la Caridad a levantar un monumento a la perseverancia, a la fe en los demás y a la solidaridad de un pueblo que se vuelca día a día con sus monjas.
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