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Los corrales de vecinos, una forma de vivir, con muchos admiradores en Sevilla

Actualizado 05/11/2002 - 04:00:01
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En el libro «Infancias bajo el cielo azul de Sevilla», obra de los psiquiatras Adolfo de los Santos y Alfonso Blanco, en el que una serie de sevillanos cuentan su niñez, la bailaora Cristina Hoyos, que nació y se crió en el Corral Trompero de la calle Vírgenes, dice sobre sus recuerdos de este lugar, entre otras cosas, que «Mi casa era muy pequeñita y estaba dividida por una cortina para poder lavarse dentro un poco más a gusto... Me acuerdo de las vigas viejas... y de las chinches... y del calor agobiante del verano...» Por eso, no creo que ahora a Cristina, que vive en una magnífico chale -por supuesto bien ganado con su arte, su trabajo y su esfuerzo- le apeteciera volver a dicho corral, si existiera.
Y ustedes se estarán preguntando: ¿a qué viene ésto ahora? Pues viene a que en Sevilla, periódicamente, están apareciendo en los últimos tiempos artículos, comentarios, iniciativas y libros que abogan por la conservación de los corrales, por lo que suponen, por el sentimiento de comunidad entre los vecinos, por su valor histórico y por no sé cuántas cosas más.
Y naturalmente yo respeto escrupulosamente esas ideas, que por otro lado creo sincermente que son bienintencionadas, y no voy a opinar en contra, sencillamente porque mi misión aquí no es opinar. Pero como sí lo es contar cosas, lo que voy a hacer es contarles, por si no lo saben, cómo eran estos corrales, y digo eran, porque los que yo conocí bastante bien, aunque nunca viviera en uno de ellos, ya no existen.
Verán: estas infraviviendas estaban distribuidas generalmente en dos plantas alrededor de un patio, y lo que se habitaba eran las llamadas «salas», porque ni el concepto habitación existía en ellas. En alguna de esas «salas», de unos veinte metros cuadrados, yo he conocido familias compuestas por un matrimonio, una abuela y seis hijos de ambos sexos, y en otras incluso dos familias emparentadas con otro montón de componentes. Por supuesto, si se le hubiese preguntado a alguno de los vecinos por el cuarto de baño, hubieran respondido: ¿«El cuarto de qué»? Porque las necesidades de toda la vecindad, que podrían llegar a las cincuenta personas, se hacían en un cuartucho situado generalmente en un rincón del corral o en un patio, que tendría un metro cuadrado y contaba con un poyete con un agujero, que iba a parar a un pozo negro. De agua corriente, en el retrete o en las viviendas, ni vamos a hablar, porque solía haber un grifo para todos los habitantes. En cuanto al aseo personal, pues en la «sala», con una palangana o un baño de zinc, como mucho. Por lo que respecta a la cocina, común para todos los vecinos, tenía un poyo que contaba con cuatro o cinco fuegos, lo que a veces propiciaba, que en un descuido, hubiese trasiego de«pringá» de una olla a otra. Y para hacer la colada, una pila a la que había que llevar el agua,el refregador de madera, y dale que te pego. Y además, para entretener esta forma de vida, había otras vecinitas no deseadas, de esas que tienen rabito, cuatro patas, hociquito y bigote, que abundaban, todo ello con el complemento de una gran humedad en invierno yterrible calor en verano.
En fin, conservémoslos, que son muy históricos.
Sobre el comercio tradicional
Y hablando de cosas históricas, pues les cuento que el concejal de Tráfico, Transportes y Turismo, Blas Ballesteros, en su calidad de responsable de la última de las competencias citadas, tiene en proyecto crear lo que llama «Ordenanza de Protección del Comercio Tradicional en Sevilla», con objeto de preservar y dar a conocer, por su indudable interés turístico, aquellos establecimientos comerciales que por su antigüedad e idiosincrasia suponen una parte sifgnificativa del patrimonio cultural y etnológico sevillano, con referencia a establecimientos comerciales que tengan un mínimo de cincuenta años de edad, que no hayan cambiado significativamente su decoración, y que hayan mantenido la actividad originaria, aunque hayan cambiado de propietarios, con especial atención a aquellas que sean de las tradicionales en la ciudad.
Y en cuanto a la distinción que se les hará a aquellos que sean considerados «Comercio emblemático», consistirá en una todavía por estudiar rebaja fiscal; en un diploma acreditativo, que hará un pintor con prestigio, y en su inclusión en un catálogo y en las guías turísticas.
Y les añado que ya ha habido una reunión para poner en marcha el proyecto, que se ha celebrado en un lugar que más emblemático no puede ser: la muy tradicional Casa Morales.
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