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El edificio La Adriática recupera la cúpula de azulejos

Actualizado 19/05/2003 - 04:00:02
DÍAZ JAPÓN
DÍAZ JAPÓN
SEVILLA. Ya la dábamos por perdida, pero un día bastante cercanolos andamios cubrieron la proa del edificio neomudéjar, conocido como La Adriática, donde empieza la avenida de la Constitución, y sobre el mirador de los arcos de yeso empezó a crecer una cúpula tapizada de azulejos, igual que la primitiva. Durante estos años, lavista no ha acabado de acostumbrarse a esa esquina incompleta, poco agraciada en su estado, que tenía como remate unas almenas postizas recortadas sobre el cielo. Nadie, sin embargo, podía imaginar que después de tantos años apareciera de nuevo la cúpula tal como la dibujó originalmente su arquitecto, José Espiau y Muñoz, en 1914, y que ese elemento de cubrición fuera tan determinante para la estética y proyección exterior deledificio. Podrá gustar o no la solución de esquina, pero las paredes parecen ahora mejor trabadas, algo mássólidas, y la fachada, con toda su bizcotela ornamental, va perdiendo el aire efímero, de cartón piedra, que la pátina del tiempo no pudo corregir.
Algo nos recuerda esta cúpula cerámica a la que le añadieron al patio de los Leones de la Alhambra a mediados del XIX. Hizo bien Torres Balbás en eliminarla, porque el palacio nazarí no necesita del historicismo. Lo que sobraba allí es esencial aquí, en la proa de la avenida. El sol es la cera que la bóveda necesita para brillar lo necesario, sin que hiera la vista.
El proyecto no caduca, por eso la reconstrucción fiel no puede entenderse como pastiche. Alfonso Jiménez fue muy hábil al reconstruir hace algo más de una década un torreón que le faltaba al Hospital de la Sangre. Casi nadie lo notó: las obras, el tráfico, la arboleda... hicieron de filtro, pero allí está el torreón, con líneas algo más esquemáticas. Y sobre la piedra hizo grabar el arquitecto la fecha, para que no haya dudas. También esta segunda cúpula de La Adriática debiera estar datada para evitar la controversia entre los futuros historiadores. Algún día alguien conseguirá reconstruir el campanario de Santa Lucía que dibujó Ford, y le pondrá la fecha que le exime del fraude. Los sillares de la portada neoclásica de la Aduana siguen criando telarañas en los almacenes municipales, desde que un mal día de finales de los cuarenta del siglo XX se desmontara pieza a pieza. Solo habría que volverla montar de nuevo, con las mismas piezas originales. Lo mismo ocurre con la portada que Hernán Ruiz diseñó para el convento de San Agustín: si no se remedia, se la tragará la tierra, pese a ser una obra muy digna. Dicen los arqueólogos que la tierra no es mala conservante.
Tarta nupcial estilizada
La Adriática tiene ya su cúpula, gracias a la iniciativa privada,pero, ¿qué fue antes, la pastelería que hay abajo o la casa? Sin duda, la casa, que sin querer restarle méritos es el mejor reclamo que puede tener este tipo de comercio. Nada más propio para una tienda de dulces. La proa tiene hechuras de tarta nupcial estilizada: chocolate negro, azúcar, mantequilla, almendritas y encima de todo,medio huevo de Pascua coronado por un yamur que sostiene una veleta cruciforme.
Espiau vio terminado este edificio en 1922: ya se había inaugurado la casa que le hizo a José Julio Lissén en la plaza de San Andrés entre 1918 y 1919, pero aún faltaban seis años para la terminación del hotel Alfonso XIII, quizás su obra más sólida y conseguida.
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