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Un jesuita que apuesta por el método zen

La Casa de la Espiritualidad de los jesuitas cumple su XL aniversario con una abrumadora demanda. Su director, Rafael Navarrete, utiliza técnicas orientales con sus alumnos

Actualizado 28/11/2005 - 03:27:56
El padre jesuita Rafael Navarrete, en la Casa de Espiritualidad de San Pablo.PABLO COUSINOU
El padre jesuita Rafael Navarrete, en la Casa de Espiritualidad de San Pablo.PABLO COUSINOU

No hacen publicidad, pero hay colas para apuntarse a sus cursos. La Casa de Espiritualidad San Pablo lleva cuarenta años templando las almasde fieles y no fieles de la Iglesia Católica y descubriendo la dimensión espiritual humana a sus alumnos. Unos cursos que, para sorpresa de algunos asistentes, incluyen técnicas orientales procedentes del budismo y del método zen.

La Casa de la Espiritualidad San Pablo se creó en 1965, promovida por el padre Joaquín Sangrán y por su familia. La casa se construyó en uno de los naranjales de Dos Hermanas, aunque la mitad de la gran extensión de terreno que ocupaba se cedió posteriormente para la residencia de ancianos San Rafael.

El objetivo principal de esta institución es «descubrirdesarrollar, hacer crecer una dimensión de la persona que es igual o más importante que la parte puramente material, la dimensión espiritual. No hay que asustarse de la palabra «espiritual», ni hay que darle interpretaciones torcidas. El hombre se distingue del animal por su dimensión espiritual. Pero no basta con que tengamos esa dimensión, es necesario descubrirla, y quizás ese sea el gran problema de nuestra sociedad actual», asegura el padre Navarrete, director de la casa.

No hay un perfil de alumno determinado: los jesuitas atienden en sus instalaciones a todo tipo de visitantes, hombres y mujeres, creyentes y no creyentes, de toda condición económica... La enseñanza que se imparte es igualmente heterogénea, e incluye técnicas orientales. Así, el Sesshin, una iniciación del zen, es uno de sus pilares. Este método oriental consiste enretiros de varios días en monasterios budistas. «Son días principalmente de silencio, aunque se escuchan algunas orientaciones destinadas a descubrir la dimensión espiritual de la persona», explica el jesuita Navarrete.

Según la técnica zen, esa dimensión no se llega a descubrir hasta que no silenciamos la mente, hasta que no acallamos las tensiones corporales y afectivas. Como recoge un dicho chino, «hasta que las aguas no se serenan, no podemos ver el fondo». Los jesuitas de la Casa de la Espiritualidad tienen una versión propia: «Cuando el agua se serena, hasta en las aguas turbias se reflejan las estrellas». Bajo esta premisa, aconsejan el silencio como vía para descubrir la profundidad personal. La Iglesia católica y el budismo, por tanto, comparten una misma fuente para llegar al fondo.

¿Por qué se produce ahora este cruce de religiones? «Lo que está pasando es que dimensiones que están presentes en la tradición mística cristiana, como en todas las tradiciones místicas, se han redescubierto ahora de una manera especial en contacto con la filosofía oriental», explica el padre Navarrete. Como ejemplo de esta simbiosis religiosa el religioso resalta que cuando las obras del gran maestro del silencio interior, San Juan de la Cruz, fueron traducidas al japonés, un maestro zen sentenció: «Esto es exactamente lo que queremos decir nosotros». El mensaje lo recuperan ahora estos jesuitas en su Casa de Espiritualidad de Dos Hermanas.
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