La Infanta Eulalia de Borbón
La Infanta Eulalia de Borbón - ABC
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Eulalia de Borbón, la Infanta feminista

La «oveja negra» fue repudiada por divorciarse y abogar por la emancipación de la mujer

MadridActualizado:

Durante muchos años el buen nombre de la Infanta Eulalia de Borbón ha estado en la penumbra, como una mujer implicada en varios escándalos. Sin embargo, esta aristócrata fue una pionera en la búsqueda de la emancipación de la mujer.

Eulalia publicó varias obras, entre ellas «Al hilo de la vida» firmada con el pseudónimo de «condesa de Ávila», en la que plasmó una mentalidad avanzada para la época. La publicación fue censurada por orden de su sobrino el Rey Alfonso XIII. La Infanta fue obligada a abandonar España. El monarca temía que su tía «contaminara» al resto de las féminas con su visión, y con ello, despertar las mentes y los corazones de las mujeres. La «oveja negra» de los Borbón dejaría una semilla que se convertiría posteriormente en un pilar del resurgir femenino.

«El rey aplicó la censura y prohibió la difusión del libro en España. Consecuencia inmediata: la obra llegó de contrabando y fue un éxito de ventas» asegura la periodista Nieves Concostrina en la 16ª edición de «Menudas historias de la Historia»

En aquel tiempo las señoras que cuestionaban o trataban de romper el orden establecido fueron calificadas de brujas y luego sinónimo de deshonra

Los ideales de Eulalia nacieron tras un análisis social e introspectivo acerca del sometimiento femenino, de «las obligaciones como mujeres» a sus maridos. Sin embargo, la Infanta buscó soluciones en vez de la reproducción de patrones. Su mentalidad receptiva le permitió estar en contacto con su realidad y la de todas las de su género.

«La princesa andante», como también era conocida, era una viajera incansable. Su inquietud por conocer otros mundos alimentó su visión moderna y le permitió comulgar con aquellos que sufrían las consecuencias de los viejos regímenes.

Viajar expandió sus fronteras. Conoció a los hombres más influyentes de Europa y América, de los que también aprendió y pudo compaginar con gran capacidad analítica para visionar las grandes revoluciones del siglo XX, como también la emancipación de algunas de las colonias españolas.

Eulalia fue una mujer muy persistente en su objetivo: la autonomía femenina, sobre la cual dejó impronta la sensibilidad y el compromiso con las de su género (oprimidas por una sociedad patriarcal).

Actualmente aquella «oveja negra» entre los Borbón es considerada como una mujer de pensamiento moderno, cuyo ejemplo ha despertado el interés de historiadores y escritores.

La hija de la reina de los «tristes destinos»

«Era el personaje más singular de los Borbones de esa época, porque llamaba al pan pan y al vino vino. Llamaba a las cosas por su nombre y era enemiga de los circunloquios y de las falsas apariencias» aseguró José María Zavala, escritor y periodista, en una entrevista al ABC en el 2008.

Eulalia tuvo una infancia compleja. El matrimonio de sus padres los reyes Isabel II y Francisco de Asís no eran precisamente un referente de la moral en aquella época. Ambos protagonizaron numerosos escándalos, sobre los cuales se generaron todo tipo de especulaciones acerca de la paternidad de los Infantes, porque la homosexualidad de «Paquita» (como le decían) era un «secreto a voces».

Isabel II de España
Isabel II de España-ABC

A pesar de sus súplicas, Isabel fue obligada a casarse con su primo hermano, un hombre cuya orientación sexual le impediría tocarla. Francisco además padecía hipospadias (una malformación genital). Esta afección le impedía orinar de pie y por supuesto, procrear.

«Paquita» tenía un amante oficial, Antonio Ramos Meneses y por esta razón, su mujer buscó consuelo y herederos en otros lechos. Tuvo 12 embarazos, pero únicamente 5 sobrevivieron. No obstante, por la cuenta que le corría al rey consorte, reconoció a cada uno de ellos como propios.

Al no tener hijos con su primo hermano, Isabel renovó la sangre y con ello las enfermedades causadas por la endogamia no afectaría a ninguno de sus descendientes

Sin embargo, la vida de palacio era cruel y cualquier motivo era suficiente para destruir la reputación de una reina como Isabel II.

La opinión algunos ilustrados y humanistas de la época como Benito Pérez Galdós expresaron una gran condición humana en la soberana. Isabel II se preocupaba por su pueblo y las causas sociales.

«...Fue generosa, olvidó las injurias, hizo todo el bien que pudo en la concesión de mercedes y beneficios materiales, se reveló por un altruismo desenfrenado, y llevaba en el fondo de su espíritu un germen de compasión impulsiva en cierto modo relacionado con la idea socialista, porque de él procedía su afán de repartir todos los bienes de que podía disponer y de acudir a donde quiera que una necesidad grande o pequeña la llamaba...», escribió Benito Pérez Galdós, en un reportaje publicado en «El Liberal» en 1904.

Su generosidad fue ensombrecida por las intrigas en la corte, las cuales traspasaron los muros del Palacio Real para llegar a los oídos del papa Pío IX. «Isabel es una mujer muy piadosa pero muy puta», había expresado el pontífice, en una ocasión en la que envió una carta al nuncio en España.

El acto noble de sobrevivir a la corte y posteriormente al exilio mereció las palabras del ilustre escritor Ramón Valle-Inclán a la que llamó reina «de los tristes destinos»

«Los años del exilio fueron difíciles para doña Isabel, como también lo fueron desde el económico, la vida familiar acumuló tal cantidad de penosas incidencias que amargaron muchos de los días de la que Valle-Inclán llamó reina «de los tristes destinos», explicó Juan Sisinio Pérez Garzón en su obra «Isabel II: los espejos de la reina».

El estallido de «la Gloriosa»

Sin embargo, al ser de dominio público tanto la reputación de la reina como la homosexualidad del consorte, la monarquía se volvió vulnerable a la insurgencia.

Con la Revolución de 1868 «la Gloriosa», financiada por el duque de Montpensier (Antonio de Orleans), la monarquía cae. Consecuentemente la Familia Real se exilia en París.

Isabel II se quedaría en Francia el resto de sus días. No obstante, sus hijos regresarían a España tras la reinstauración de la monarquía borbónica en 1874.

La I República llegó a su fin en 1973. Sin embargo, Isabel II no regresaría al trono. Su hijo Alfonso XII, con conciencia de la reputación de su madre, la presionó para abdicar y cederle la corona.

Eulalia, el precio de la paz

No obstante, «el pacificador» (como se le conocía al nuevo soberano) no quería enemigos. Le interesaba «hacer las paces» con el hombre que financió la caída de la monarquía borbónica en 1868. Por esta razón se casa con la hija de éste, María de las Mercedes y además prometió a su joven hermana, La Infanta Eulalia, a uno de sus hijos. Con esa alianza política confiaba en que ni el duque ni sus descendientes le traicionarían.

La reina consorte murió al poco tiempo después y él contrajo nupcias nuevamente con María Cristina.

El soberano exhala por última vez en 1885, la reina viuda se convertiría en la regente, hasta la ascensión al trono del hijo de ambos Alfonso XIII en 1886.

Alfonso XIII
Alfonso XIII-ABC

No obstante, los asuntos del Estado declararon que la seguridad de la monarquía dependía del cumplimiento de las promesas. Eulalia se convertiría en el precio de la paz, para evitar otra revolución. Contra su voluntad, se casó con su primo hermano Antonio de Orleans (duque de Galliera), hijo benjamín del traidor en 1886.

La liberación de la Infanta

Eulalia fue testigo de la descabellada situación familiar, por un lado la indiscreción de su madre y por el otro la homosexualidad de su padre. Sin embargo, en ningún momento se sintió presa de la vergüenza, ni tampoco se consagraría a la amargura.

La Infanta no solo no estaba enamorada de Antonio de Orleans, sino que también sufrió las consecuencias de haber sido un medio para los fines políticos del Estado. Por esta razón, se divorciaría 14 años después.

Este asunto hizo que su sobrino el Rey, montara en cólera, repudiándola y recriminando su conducta por inmoral y egoísta contra los asuntos de la monarquía.

Su sufrimiento, ejemplo para las mujeres

A lo largo de su vida encontró consuelo y motivación viajando, escribiendo e involucrándose en las causas sociales.

Eulalia consideraba que las conductas desenfrenadas tanto de su madre como del casanova de su marido, se debían a los matrimonios obligados. Lo cual daba lugar a la doble moral, que la Infanta criticó durante toda su vida.

Por esta razón, abogó para que sus hijos no fueran víctimas de más alianzas, para que pudieran contraer nupcias con quien ellos desearan y ser íntegros en el matrimonio. Aunque nunca se victimizó, su sufrimiento se convirtió en un legado que despertaría a otras la pasión de estar vivas, del pensamiento, el amor y el libre albedrío.

La Infanta Eulalia y su hijo Luis Fernando
La Infanta Eulalia y su hijo Luis Fernando-ABC

La desigualdad de género impedía que las mujeres pudieran gestionar los bienes. El libro «Para la mujer», publicado en 1946, expone varias premisas de liberación femenina, donde reitera la necesidad de la independencia económica. Su mala experiencia marital serviría en un futuro de inspiración para promover la autonomía.

La Infanta, hastiada de la actitud de su esposo, se divorcia en 1900. Alfonso XIII estaba colérico por semejante escándalo para la Familia Real, así que la exilia. La injusticia motivada por el machismo, hizo que viviera en la austeridad absoluta en París, mientras el duque de Galliera derrochaba la fortuna de ambos en amantes.

No obstante casi dos décadas después, la Infanta se apoyaría en sus hijos para iniciar un proceso legal, en el cual se incapacitaba al duque, quedando bajo la tutela del mayor, Alfonso.