Salvar al soldado Ryan. | Vídeo: «Tiger I», el indestructible monstruo nazi que causaba terror a los tanques aliados

El gran fallo histórico de «Salvar al soldado Ryan» con el «Tiger I», el coloso nazi

Durante la película, el capitán Miller acaba con el conductor de un «Tiger I» («Panzer VI») disparando a través del visor del conductor. Algo totalmente imposible en el año 1944

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El «Tiger I» germano era una mole de 57 toneladas que daba verdadero pavor a las tripulaciones de los carros de combate aliados. Así lo dejó claro el tanquista soviético Nikolai Dubrovin poco después de la Segunda Guerra Mundial: «Se sentían escalofríos cuando veías uno». Sin embargo, este coloso nazi -definido por el veterano oficial Otto Carius como «el mejor carro de cuántos conocí en la guerra»-, apenas puede defenderse unos segundos en la película «Salvar al soldado Ryan» del infatigable capitán Miller interpretado por Tom Hanks. Un oficial que, durante la última media hora del largometraje, logra acercarse lo suficiente a uno de estos gigantes como para disparar su subfusil Thompson a través de la pequeña abertura que permitía al conductor orientarse desde el interior.

En la película el descalabro que perpetra el capitán es total en la tripulación del blindado. Llega hasta tal punto que, incluso, varios paracaidistas americanos de la 101ª División Aerotransportada abandonan sus defensas para acercarse hasta el «Tiger I» (ya totalmente quieto gracias al naso de Miller) y rematar a los carristas del blindado.

El capitán Miller dispara al interior del Tiger I
El capitán Miller dispara al interior del Tiger I

¿Era tan fácil acabar con un «Tiger I» para la infantería americana? La respuesta es clara: no. De hecho, si en aquel junio de 1944 (durante el apogeo de la «Operación Overlord») un norteamericano hubiese imitado al capitán Miller, habría puesto en serio peligro su vida. Y es que, el visor del conductor del también conocido como «Panzerkampfwagen VI Ausf E» contaba por entonces con un bloque de vidrio formado por varias láminas capaces de resistir sin problemas los potentes cartuchos del calibre .45 que disparaba la Thompson. Así queda claro en la obra «Tiger tanks at war» (elaborada por Michael Green y James D. Brown): «El dispositivo de visión principal del conductor era un visor, protegido por un bloque de vidrio laminado [...] que iba montado en la placa frontal del casco».

Vaya por delante que este fallo de documentación no ensombrece una película que -gracias a la impecable dirección de Steven Spielberg- obtuvo 5 Premios Óscar. No en vano es un largometraje que, a pesar de contar con dos décadas a sus espaldas sigue definiendo a la perfección las penurias que tuvieron que soportar las unidades que desembarcaron en la playa de Omaha (el 2º de Rangers y las divisiones de infantería 1ª y 29ª). Barbaridades que el cineasta logró inmortalizar en base a los testimonios de los soldados que sobrevivieron aquella jornada. «Era terrible, gente muriéndose por todas partes. Los heridos incapaces de moverse, ahogándose al subir la marea, y los barcos ardiendo de mala manera», explicó en una misiva un soldado de la «Big Red One» (apodo que recibió la 1ª División).

Imbatible

La creación de este vehículo se materializó a principios de los años 40, aunque un lustro antes ya se habían sentado sus bases. «Los primeros esfuerzos serios fueron consecuencia de una reunión con Hitler el 26 de mayo de 1941», explican Tom Jentz y Hilary Doyle en el libro «El temible “Tiger I”». Después de ese día, el líder nazi ordenó a las empresas Porsche (austríaca) y Henschel (germana) que diseñaran un carro de combate pesado capaz de resistir los envites de los cañones ingleses.

El modelo de Porsche pronto se mostró poco fiable en las pruebas llevadas a cabo en 1942. Algo, por cierto, que dolió sobremanera a Hitler, amigo personal del austríaco.

Panzer Vi
Panzer Vi - ABC

Finalmente, al «Führer» no le quedó más remedio que apostar por el prototipo más práctico, seguro y fiable. «El modelo de Henschel recibió luz verde y entró en producción en agosto de 1942 con la designación oficial de “Panzerkampfwagen VI Ausf E”», explica David Porter en «Las armas más secretas de Hitler». Este autor añade también que, a partir de aquella jornada, 8.000 obreros trabajaron en turnos de 12 horas seguidas (tanto de día como de noche) para construirlo. De hecho, este coloso tenía tales dimensiones que eran necesarios dos jornadas y media para ensamblarlo y nada menos que 14 para finalizarlo completamente.

A pesar de que el deseo de Hitler de probar cuantos antes su nueva arma secreta acabó llevando al desastre a los primeros «Tiger», el «Panzerkampfwagen VI Ausf E» pronto demostró que podía desenvolverse en el campo de batalla combatiendo contra multitud de enemigos sin ninguna ayuda. Ejemplo de ello es que, entre el 12 de enero y el 31 de marzo de 1943, cada uno de estos gigantes destrozó (en palabras de Porter) unos 26 carros de combate rusos. Así pues, esta mole de 3,70 metros de anchura y 8,45 metros de longitud se fue ganando a base de cañón su fama de indestructible.

Habitáculo del conductor del Tigre I
Habitáculo del conductor del Tigre I

De hecho, se convirtió en el favorito de carristas como el mítico Otto Carius, quien se deshizo en elogios hacia él: «Nuestro Tiger fue el mejor carro de cuántos yo conocí en la guerra. Es probable que aún no haya sido superado, peso a los avances realizados hasta el momento. […] La fortaleza de un carro reside en su blindaje, en su movilidad y en su armamento. Se deben combinar los tres factores para conseguir el máximo rendimiento. Este ideal se hacía realidad en nuestro Tiger». Así lo dejó patente el «as» de los carros de combate en sus memorias («Tigres en el barro»), donde también recalcó la velocidad de esta mole en campo abierto a pesar de su gran tamaño.

La estructura del «Panzer VI» estaba defendida por planchas de 100 milímetros en el frontal, y de 60 milímetros en los laterales. Grosor que hacía casi imposible que pudiese ser dañado por la mayoría de los tanques medios de los aliados o sus cañones. «El blindaje de protección de los costados y de la parte trasera era suficiente para eliminar toda amenaza seria de los cañones contra carro de 75 mm. norteamericanos o de 76 mm. soviéticos, a las distancias normales de combate», explican Jentz y Doyle. Era, en definitiva, un fortín con ruedas que podía desplazarse a sus anchas por el campo de batalla.

Protección básica del conductor

A priori podía existir una debilidad en este armazón: el visor. Una abertura del tamaño de una pequeña ventana que permitía al conductor del vehículo (ubicado en la parte inferior izquierda del carro de combate) ver el exterior y dirigir el blindado. Este era uno de los pocos agujeros situados en la parte frontal que, en la época, conectaba el interior de cualquier tanque con los peligros que llegaban de fuera en forma de cartuchos. Y es, precisamente, el hueco a través del cual el capitán Miller dispara su subfusil en «Salvar al soldado Ryan».

Al ser uno de los posibles puntos de entrada de balas o metralla enemiga, los germanos instalaron en las primeras versiones del «Tiger I» una protección conocida como Fahrersehklappe. Esta estructura consistía en una visera blindada formada por dos piezas acorazadas exteriores que el conductor podía abrir y cerrar a discreción con una manivela.

Tiger I. Fahrersehklappe abierta
Tiger I. Fahrersehklappe abierta

Estas «aletas» (como son llamadas por algunos historiadores) eran el cielo y el infierno de las tripulaciones de los carros de combate. El cielo, porque si las cerraban era prácticamente imposible que les alcanzara una bala contraria. El infierno, porque si lo hacían no podían ver absolutamente nada del exterior a través de la mencionada abertura.

No obstante, en ese momento el conductor sí podía saber dónde diantres se encontraba a través de los Fahrerfernrohre. Dos «periscopios del conductor» (en palabras de los autores de «El temible Tiger I») con dos pequeñas aberturas al exterior. Con todo, los Fahrerfernrohre terminaron desapareciendo en el coloso de Hitler en enero de 1943, como bien explican Tom Jentz y Hilary Doyle en su obra: «Los Fahrerfernrohre (periscopios del conductor) dejaron de instalarse y las aperturas correspondientes de la plancha frontal del conductor se cerraron, soldándolas».

Tiger I. Fahrersehklappe cerrada para evitar los impactos
Tiger I. Fahrersehklappe cerrada para evitar los impactos

En ese momento, la protección principal siguió siendo el Fahrersehklappe: «El conductor tenía una visera Fahrersehklappe de dos posiciones. […] Bajo fuego, este escudo de metal se cerraba», explica el historiador Thomas Anderson en su obra «Sturmartillerie: Spearhead of the infantry». En «Die deutschen Panzerkampfwagen III und IV mit ihren Abarten 1935-1945», los autores Walter J. Spielberger, y Friedrich Wiener son de la misma opinión y definen este artilugio como «dos deslizadores superpuestos». El nombre completo de esta pieza incluía los milímetros de grosor que otorgaban las aletas (por ejemplo, Fahrersehklappe 30).

Bloque blindado

Sin embargo, si el Fahrersehklappe hubiera permanecido abierto en la batalla contra los estadounidenses de «Salvar al soldado Ryan» (algo sumamente raro), el capitán Miller si podría haber disparado a la tripulación del carro de combate desde el exterior. Por ello, el modelo E de los «Tiger» contaba también con un bloque de vidrio blindado («glass block», según las fuentes americanas) que impedía que las balas llegaran al interior de esta mole nazi.

A día de hoy es difícil conocer el espesor concreto, pues varía atendiendo a las fuentes. Con todo, en «Tiger!: The Tiger Tank: a British View», David Fletcher afirma que el «bloque de vidrio laminado» podía ser reemplazado rápidamente por un repuesto si se dañaba y tenía «70 x 90 mm, por 94 de espesor». Esta afirmación es corroborada en «Tiger Tanks at War», donde se señala también este grosor, aunque en el bloque de vidrio de la cúpula del comandante.

Bloque de vidrio blindado (interior del Tiger I)
Bloque de vidrio blindado (interior del Tiger I)

En este sentido, Michael Green y James D. Brown hacen referencia en su obra a un informe británico de la época que definía de esta guisa la mencionada protección: «El dispositivo de visión principal del conductor es una visera, protegida por un bloque de vidrio laminado de aproximadamente 10 pulgadas de ancho y tres pulgadas de alto, que está montado en la placa frontal del casco. El bloque se puede cerrar total o parcialmente mediante un obturador deslizante exterior, que se ajusta con un volante. El ángulo de visión es satisfactorio solo cuando el obturador está completamente abierto. Además del bloque de vidrio, un episcopo [periscopio] está montado en la puerta de la compuerta del techo del conductor».

¿Podría el bloque de vidrio haberse roto si recibía un disparo a corta distancia? En palabras de Anderson, todo dependía del arma con la que fuera impacto. En su obra, el historiador especifica que un fusil anticarro soviético podía destruir esta protección. Pero, para desgracia de Spielberg y el capitán Miller, esta era muchísimo más potente que el subfusil Thompson.