MERCEDES Marco Polo

Mercedes Marco Polo: probamos la «campervan» más lujosa y refinada

Mitad vehículo, mitad alojamiento, las campervan permiten llegar a casi cualquier parte y dormir allí. Probamos una, la Mercedes Marco Polo, en profundidad

Actualizado:

Una furgoneta camper es capaz de sacar nuestro lado más aventurero. No solo porque su tamaño compacto le permite, a diferencia de una autocaravana, llegar a casi cualquier parte, sino porque ofrece todas las comodidades para, una vez llegado, plantar la bandera y disfrutar en primera línea.

En ABC Motor hemos probado uno de los modelos más completos, la Mercedes Marco Polo, que incluye fregadero, cocina de dos fuegos y nevera, en un viaje de 1.100 kilómetros en los que ha demostrado que cumple en ruta y que es capaz de acoger a dos personas con comodidad.

Tras recogerla, el primer paso es cargarla de víveres y equipamiento, lo que incluye ropa, platos, vasos y sartenes. La Marco Polo ofrece para ello, además del maletero –no muy amplio, pero suficiente para dos maletas de gran tamaño, dos mochilas igualmente grandes y varias bolsas– un armario trasero pensado para ser utilizado como ropero. Se abre mediante tres puertas, que hacen que sea facil meter y sacar cosas desde el habitáculo y desde el exterior. Una de ellas incorpora un pequeño espejo y luces de tocador. Además, bajo la cocina hay otros cuatro armarios, con espacio suficiente para pertrechos y alimentos para un par de días.

Una vez llena, iniciamos el test. En carretera, nuestra unidad de prueba, diésel de 220CV, cambio automático y tracción total, muestra un buen comportamiento, con las limitaciones de un vehículo de más de 5 metros de longitud y 2.000 kilos de peso en vacío, que hacen recomendable ceñirse a los límites. Ningún conductor con el carnet B tendrá problemas para manejarla, gracias a los grandes retrovisores, los sensores traseros y la cámara de marcha atrás.

Tras 550 kilómetros, toca parar a descansar y probar la cama elevada, una de las dos de tamaño matrimonio que ofrece la furgoneta –la segunda surge al poner horizontales los respaldos de los dos asientos traseros–. Es fácil de montar, levantando dos enganches, y cómoda para dos personas, aunque las paredes desplegables de tela (que incluyen dos ventanas) no aíslan muy bien. Aprovechamos para probar la calefacción, que funciona mediante un sistema alternativo con su propia batería, que se recarga al enchufarlo a la corriente –con un cable trifásico– o al encender el motor. Sobresaliente: calienta el habitáculo en pocos minutos.

Al día siguiente, una sorpresa: la leche del desayuno, guardada en la nevera, de 40 litros, se ha helado ¡y eso que estaba al nivel 3 de los 5 que ofrece! Desde luego, enfría bien. Tras el desayuno, tomado fuera en la mesa y las sillas plegables que incorpora en un compartimento bajo el maletero, toca la vuelta, no sin cierta pena. ¡Ha sido toda una experiencia!