JESÚS MORILLO

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Los Neve y especialmente, Justino de Neve, que fue canónigo de la Catedral en el siglo XVII, forma parte de la gran historia de Sevilla, no sólo por se el impulsor de una de las joyas de la arquitectura barroca en la ciudad, el Hospital de los Venerables, sino, sobre todo, por ser amigo, mecenas y promotor de Bartolomé Esteban Murillo.

 

Por ese motivo, dentro del Año Murillo, que conmemora el IV centenario del nacimiento del pintor sevillano, los Neve se han incorporando a la celebración con una exposición dedicada a esta familia en el Archivo General de Andalucía, donde permanecerá abierta hasta finales de febrero.

 

Porque los Neve son conocidos hoy como una familia que promocionó el arte, muchas veces dentro de su concepción contrarreformista del catolicismo, pero, sobre todo, suponen uno de los mayores ejemplos de comerciantes extranjeros -eran de Amberes– asentados en Sevilla que se enriquecieron en la carrera de Indias, buscaron ennoblecerse y posibilitaron la eclosión del Siglo de Oro la ciudad.

 

«Son el arquetipo de la familia hacendada de negocios del siglo XVII. Serían familias como esta las que se convertirían en los pilares que posibilitaron el esplendor barroco de esa “gran Sevilla, Roma triunfante en ánimo y nobleza”, que cantara su por entonces convecino Miguel de Cervantes», señala en un artículo publicado en la revista Andalucía en la Historia el investigador, director del Archivo General de Andalucía y comisario de la exposición, José Joaquín Rodríguez Mateos.

 

De hecho, la exposición, titulada «Los Neve: Mercaderes, hidalgos y mecenas en la época de Murillo», muestra a través de 78 documentos el trabajo de investigación desarrollado por Rodríguez Mateos sobre esta familia. La mayor parte de estos documentos están conservados en el Archivo General de Andalucía y forman parte del legado de la familia Arias de Saavedra.

 

A este legado se suman también documentos provenientes de la Catedral de Sevilla, del Archivo Municipal, Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Archivo de la Real Chancillería de Granada, la Biblioteca de la Universidad de Sevilla y las parroquias de San Nicolás y San Bartolomé.

 

Entre los documentos expuestos se puede rastrerar la relación entre Justino de Neve y Murillo. Para empezar, el canónigo fue albacea testamentario de Murillo, por lo que se reproduce el documento con la almoneda de los bienes del pintor.

 

Además, se muestra el testamento de Justino de Neve, que permite apreciar que poseía dieciséis obras de Murillo, con las que se hizo el también comerciante Nicolás de Omazur, y una gran biblioteca que se dispersó tras su muerte.

Retrato de Justino de Neve

Retrato de Justino de Neve

 

Del canónigo se conservan, además, documentos como su expediente de limpieza de sangre, la escritura de venta de un esclavo negro, su entrada en la Hermandad de la Santa Caridad y la asignación de una sepultura en el trascoro de la Catedral, que está cerca de la de Hernando Colón.

 

Entre los documentos, destacan también expedientes provenientes de Flandes que la familia aportó para mostrar su pasado aristocrático y se reconociese su hidalguía. En ellos, aparecen los escudos de armas familiares, que aparecen en los retratos de Justino de Neve, el famoso realizado por Murillo y que se conserva en la National Gallery; y en el de Luisa Francisca de Neve, de autor anónimo.

 

Todos estos elementos, así como reproducciones de cuadros y una maqueta de la Sevilla del XVII, ayudan al visitante a hacerse una idea sobre quién eran los Neve, que, al igual que los Mañara que eran de origen corso, formaron parte de esas grandes familias de mercaderes naturalizados que llegó a dominar el comercio y los negocios de Indias.

Mayores receptores de plata y capitales

Los Neve, explica, «se convierten así en los mayores receptores de plata y capitales procedentes del Nuevo Mundo, junto con los Mañara, invirtiendo en la compra de tierras y casas que les aseguran un buen número de rentas».

De hecho, señala el comisario de la muestra, los Neve y los Mañara fueron los «grandes cargadores» a Indias, por encima de todos los nacionales. Además, eran «convecinos», ya que sus casas estaban situadas muy cerca una de otra en la ciudad.

 

Fue Miguel de Neve, conocido como el mayor, quien se afincó a la familia en Sevilla, a donde llego en el último cuarto del siglo XVI atraído por el comercio americano. Enriquecidos, los Neve, explica Rodríguez Mateos, realizaron grandes inversiones en búsqueda de ascenso social con el objetivo de ennoblecer su linaje.

Miguel de Neve, hijo, fue el que consiguió el éxito de la familia, al conseguir emparentar a su hija Luisa Francisca con la nobleza. Primero la casó con Tomás Mañara, hermano de Miguel, con el que tuvo un hijo antes de enviudar.

 

Posteriormente, Luisa Francisca conseguiría casarse con Juan Arias de Saavedra, alguacil mayor de la Inquisición en Sevilla, con quien se convirtió en la primera marquesa del Moscoso en 1679.

Ese año, explica el comisario de la muestra, con motivo del matrimonio de Carlos II se pusieron a la venta muchos títulos nobiliarios para poder pagar los fastos nupciales reales. Momento en que los Neve vieron cumplido su objetivo de ennoblecer su apellido.

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