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Las abejas están expuestas a los insecticidas incluso cuando se utilizan dentro de los invernaderos

Greenpeace pide a la UE que prohíba totalmente los neonicotinoides que amenazan a los insectos

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Las abejas y otras especies silvestres están expuestas a los insecticidas neonicotinoides incluso si estos se usan sólo dentro de invernaderos, según un estudio realizado por la Unidad Científica de Greenpeace hecho público este lunes.

El estudio de Greenpeace muestra que los neonicotinoides están presentes con frecuencia en los cursos de agua cercanos a los invernaderos donde se han utilizado. Las revisiones de investigaciones previas han demostrado que estos insecticidas no sólo matan directamente a las abejas, sino que también interfieren en su capacidad de orientación y de reproducción, lo que contribuye al declive de las poblaciones.

Además, el trabajo indica que los neonicotinoides también representan una amenaza para muchas otras especies, como los insectos acuáticos. Por ello, Greenpeace ha pedido una prohibición total de todos estos insecticidas.

Greenpeace pide la prohibición total de los neonicotinoides

«Los neonicotinoides contaminan el medio ambiente circundante incluso si se utilizan exclusivamente dentro de los invernaderos. Su uso puede estar confinado en principio, pero sigue representando un peligro para las abejas y otras especies silvestres. Sólo una prohibición total protegería a las abejas, otros polinizadores y la vida silvestre de los neonicotinoides», afirmó Kirsten Thompson, experta de la Unidad Científica de Greenpeace en la Universidad de Exeter (Reino Unido).

En 2013, la Comisión Europea introdujo restricciones al uso de tres neonicotinoides (el imidacloprid y la clotianidina de Bayer y el tiametoxam de Syngenta), de manera que prohibió algunos usos en cultivos atractivos para las abejas, como girasoles, colza, manzanas, almendras o pepinos.

Sin embargo, todavía se permiten muchos otros usos de estos insecticidas, incluidos los invernaderos, la fumigación de cultivos atractivos para las abejas después de la floración o la utilización en cultivos considerados menos atractivos para las abejas, como los cereales de invierno, la remolacha azucarera.

Además del imidacloprid, la clotianidina y el tiametoxam, otros cuatro neonicotinoides están aprobados para uso sin cualquier restricción en la UE (el acetamiprid, el tiacloprid, el sulfoxaflor y el flupyradifurone), que se utilizan cada vez más como sustitutos de los tres insecticidas restringidos.

«No quedan dudas de que el uso de insecticidas neonicotinoides son una gran amenaza para las abejas y otras especies. Pero no son la única. Greenpeace insta al Gobierno español a que apoye la prohibición total de los neonicotinoides y la de otros plaguicidas igualmente peligrosos y que, a largo plazo, fomente la transición a la agricultura ecológica, la única solución de futuro», apuntó Luis Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España.