Aaron Wolf es geógrafo, mediador y director del programa «Gestión del Conflicto y Transformación» en materia de agua
Aaron Wolf es geógrafo, mediador y director del programa «Gestión del Conflicto y Transformación» en materia de agua - JOSÉ RAMÓN LADRA

DÍA MUNDIAL DEL AGUAAaron Wolf: «Una única y gran respuesta técnica no resuelve el problema del agua»

Para este geógrafo la solución consiste tanto en aumentar la oferta como en gestionar la demanda

Actualizado:

Aaron Wolf es geógrafo, mediador y director del programa «Gestión del Conflicto y Transformación» en materia de agua de la Universidad Estatal de Oregón (Estados Unidos). A principios de mes, de la mano del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, impartió en Madrid un taller y una conferencia sobre la dificultad que entraña la adopción de acuerdos a medida que aumenta el número de actores implicados en un mismo asunto. En el caso del agua serían, entre otros, las empresas de abastecimiento urbano, los regantes, los sectores hidroeléctrico y recreativo y las organizaciones ecologistas.

¿La gestión del agua podría convertirse en un motivo más de disputa a nivel global global en un futuro, tal y como sugieren algunos expertos?

No hace falta esperar al futuro para constatar que la gestión del agua va a causar muerte y destrucción. Ahora mismo el agua se considera una de las tres principales causas de muerte, junto con el sida y la malaria. Cada año mueren un millón y medio de personas -la mayoría niños- como consecuencia de enfermedades relacionadas con el agua en mal estado. Y la mitad de la población mundial no tiene acceso a sistemas de depuración del agua, por ejemplo.

Haciendo un análisis histórico en materia de gestión política del agua, ¿abundan los casos de cooperación entre países?

Si miramos la historia, con respecto a la gestión política del agua, vemos que la cooperación entre países existe. Es cierto que la falta de agua puede provocar en ocasiones que la balanza se desequilibre, sobre todo en naciones que son más frágiles desde el punto de vista económico y político, como Siria y Yemen. Pero las tensiones que surgen ayudan a centrar la atención sobre el problema concreto que las ha generado, propiciando que se inviertan recursos para intentar resolverlo. Y finalmente se llega a un entendimiento.

Conviene plantear el problema del agua de forma global y cooperativa

Las previsiones para España, dado el actual escenario climático, apuntan a una mayor frecuencia y gravedad de las sequías. ¿La planificación hídrica nacional debería seguir contemplando los trasvases?

La política de gestión del agua en España es compleja y no la conozco lo suficiente como para opinar sobre ella, pero puedo hablarle sobre otros países que se encuentran en situaciones similares. Mis viajes por todo el mundo me han convencido de que una única y gran respuesta técnica no resuelve realmente el problema. Existen, por tanto, múltiples soluciones, las cuales van desde aumentar la oferta (por ejemplo, incentivando el reciclaje del agua o apostando por la desalación en la costa, siempre que ésta tenga sentido) hasta gestionar la demanda (por ejemplo, disminuyendo las pérdidas que se producen en las redes de abastecimiento de las ciudades y mejorando la eficiencia del regadío). Conviene plantear el problema de forma global y cooperativa.

La agricultura de regadío es uno de los sectores que más sufren la escasez de agua en España, dado que emplea el 80% del recurso. ¿Cómo podrían combinarse desarrollo económico y ahorro?

En Australia, Israel y Singapur, hasta hace poco, el 80% del agua se dedicaba a la agricultura y sufrían sequías multianuales. Sin embargo, en lugar de renunciar a la agricultura, apostaron por cambiar sus fuentes de agua, para contar con más; invirtiendo, sobre todo, en la reutilización del agua de las ciudades. La idea es concebir el país como si fuera una nave espacial, donde el agua se usa para beber y ducharse, pero que luego se depura y se destina, también, a usos industriales, por ejemplo; donde puede ser limpiada de nuevo para emplearla en agricultura. De este modo, se aprovecha mejor el mismo volumen de agua. Las razones para mantener la agricultura en países como Australia e Israel no residen solo en el aspecto económico, también influyen la tradición y la conservación. A los agricultores les gusta su trabajo y también tienen derecho a seguir haciéndolo, al tiempo que contribuyen a mantener los espacios abiertos y los paisajes.

Hay que cambiar las fuentes de agua en la agricultura

En ocasiones, sobre todo en situaciones de déficit hídrico, algunos territorios han llegado a argumentar que el agua que se encuentra dentro de sus límites les pertenece.

El agua viene del cielo. Y con respecto a un país, el recurso pertenece a todos en su conjunto. El Gobierno es quién, lógicamente, gestiona el agua, pero nadie la posee; aunque sí existen los denominados derechos de uso. Hay que entender el agua como un ciclo: llueve en un sitio y discurre a través de los ríos hasta llegar a otros. Por ello, resulta imprescindible diferenciar bien entre lo que alguien quiere y lo que necesita, y una vez identificado esto hay que buscar una solución consensuada con todo el sistema, para que el beneficio sea global. Si las comunidades indígenas o de agricultores, por ejemplo, solo se fijan en lo que les ocurre a ellos, siempre considerarán que están perdiendo. Debemos adoptar una visión global del futuro de cada zona y a continuación subir de escala para encontrar, probablemente, una solución aceptable para todos.

¿A qué nos enfrentamos si no adoptamos ya medidas eficientes con respecto a la gestión sostenible del agua?

La sociedad se colapsaría, como ya estamos viendo que está ocurriendo en muchos lugares, porque no hay sustituto para el agua. Si no solucionamos este problema no podremos afrontar otros, como la desertificación, la degradación de los ecosistemas o las migraciones masivas de personas.