ENTREVISTA

Gordillo: «Cuando jugaba en el Madrid echaba de menos la Semana Santa»

El «Vendaval del Polígono» es hermano de los Gitanos, donde fue costalero e, incluso, llegó a ir en una candidatura. Éstas son sus vivencias cofrades

Por  2:35 h.

Rafael Gordillo, mito verdiblanco, también sabe lo que es vivir la Semana Santa de Sevilla desde dentro. Sobre todo desde «abajo», tal y como él señala, gracias al aprendizaje que obtuvo como costalero del Señor de la Salud de los Gitanos.  De su niñez en la Puerta Osario hasta su madurez en el Polígono. Gordillo comenzó en las cofradías por herencia familiar pero se adentró en ellas por una inquietud propia.

—¿Cómo empieza a vivir la Semana Santa Gordillo?

—Vivía en al Puerta Osario y salí de nazareno con ocho o nueve años. Mi tío  es el que nos mete en el mundo cofrade un poco porque salía en muchas cofradías y le gustaba mucho. Además, mi abuelo fue capitán de los armaos. Vivíamos en la calle Artemisa, cerca de donde está el templo ahora. También, mi abuelo me hizo un año de San Roque.

—¿Cómo empieza su camino en los Gitanos?

—Salía de nazareno cuando era más joven. Al empezar a jugar al fútbol no me permitían salir. Una vez que me retiré, lo retomé con mi hermano, que iba de promesa con una cruz muy grande. Hablamos que al llegar en la Catedral nos cambiaríamos y yo la cogería. Al final, él la llevó todo el camino. Aguantó, menos mal.

—¿Cómo le entró la ilusión por el costal?

—Esos dos años salí de nazareno, pero vi una cosa que me llamó la atención. Veía a los costaleros llorar, abrazarse… Una cosa especial. Yo pensaba: «¿Cómo será eso?». No conocía el mundo de abajo y no me había interesado. Entonces, por medio de un compañero, él habló con Juanma para que yo viera lo que era. Ni ensayé. Recuerdo que era cuando se celebró la beatificación de Fray Ceferino. Ese año Juanma me dijo que me metiera. Yo iba para la Catedral y me pusieron de corriente en la primera. Decía: «¿Esto era para tanto sufrir que pesaba mucho?». Yo no sabía nada y los compañeros me decían: «Tú no hagas por coger peso, ya te vendrá». De vez en cuando me daba algo pero muy poco. A la vuelta, ya con música, Juanma me dijo que fuera más tarde vestido de negro y me metió en tercera, que era el palo donde igualaba yo realmente. Ya en la Campana, el paso dio una «revirá» donde tocaron cuatro marchas y algunos diciendo: «Otra, otra». Y yo diciendo para mí: «Baja esto ya hombre». Ahí si me di cuenta de lo que era los kilos.

—¿Cuántos años salió de costalero?

—Trece años. Sólo hice dos veces la Campana porque por motivos estéticos casi siempre la hacía la cuadrilla baja. Me quedo con la Cuesta del Bacalao. El mundo de abajo me encantó porque  hay mucho sentimiento.

—¿Cómo describiría el papel de Juanma en los Gitanos?

—Soy muy amigo suyo. Él tiene su carácter, pero muchas veces hay que hacer un grupo fuerte pero sin pasarte. Hay veces que se pasaba, pero muchas veces había que hacer algo para que la gente respondiera. Recuerdo una salida. Nos quedaban 20 metros para la puerta e hicimos una levantá pésima. Él dijo: «Como esto vaya así vais fuera y entra la chica», diciéndolo a su manera claro. Ese temperamento era clave. Luego he convivido con él en muchos momentos y hemos tenido feeling. Es una persona peculiar. Él ha hecho mucho por esta cofradía. Yo he visto la Campana vacía cuando salía de nazareno. Él ha metido en el mundo cofrade en el boca a boca que a los Gitanos le tocaban en la Campana seis, siete u ocho marchas seguidas. Ahora fíjate cómo está la Campana.

—¿Echaba de menos la Semana Santa cuando jugaba en el Real Madrid?

—Sí la eché de menos. El primer año allí, cuando llegó la Semana Santa, buscaba como loco una emisora de radio para vivir a mi manera la entrada de una cofradía desde casa. En Madrid salen pero yo ni lo sabía. A mí me gusta la Feria, pero más la Semana Santa.

—¿En qué momento se encuentra la hermandad del Polígono?

—La veo muy bien, lo que pasa que el recorrido es muy largo. Llega a Campana y hay poca gente. Se ve descolorido con un misterio tan bonito. Aunque sea tan largo el camino deberían andar de otra manera en el sentido de lucirse un poco más. No todo el tiempo porque es difícil pero creo que en momentos clave sí.

—¿Qué es los Gitanos para usted?

—Los recuerdos de mi familia, de mi abuelo, de mi tío, que fueron los que me metieron el veneno. Dentro de la Semana Santa es la cofradía en la que me ha gustado estar. Me enseñaron a estar ahí. No soy un cofrade que va todos los días pero me encanta.

—¿Por qué la gente se emociona con el Señor de la Salud?

—Es una cofradía muy querida y quizás tenga algo en especial. Sí es verdad que la gente siente muchos por ellos.

—¿Le sorprendió la Macarena la primera vez que la vio en la calle?

—Me acuerdo cuando mi padre me llevó a ver la Macarena en la Encarnación. A la Esperanza de Triana la vi más lejos, cuando estábamos en el parón del Duque cuando era pequeño de nazareno y pasaba por delante.

—¿Cuál es el principal problema de la Semana Santa actual?

—Ahora hay más gente. Viene más gente de fuera. La bulla siempre ha existido . Creo que ahora se ha desmadrado un poco más.

—¿Y el problema de la Madrugada?.

—Lo que tiene que haber es un arreglo. Si se queja Los Gitanos es por algo. No creo que influya tanto. Me duele pensar que si fuera la Macarena o la Esperanza de Triana se habría arreglado. Para eso están  las autoridades, para arreglarlo.

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