ENTREVISTA

Pepe Moreno: «Por encima de mi abuelo y de mi padre está el Señor de la Salud»

A cuatro meses de despedirse del sueño de su vida, trabaja en un monumento funerario para la duquesa de Alba: “Lo fue todo para los Gitanos”

Por  12:06 h.

Es alto, corpulento, sencillo, bueno. Placero del barrio León, deudo de toreros, cantaor de sevillanas y currista hasta los tuétanos, José Moreno Vega es un señor gitano con sangre antigua, de siglos, al que se le va la vida por los labios cuando habla de su hermandad. Le quedan cuatro meses para marcharse y, aunque admite problemas en su último año, no ha querido irse sin afrontar un acto de justicia: erigir un monumento funerario a la duquesa de Alba en el santuario. Pepe utiliza palabras simples, pero dice sentencias…

-¿Por qué ha promovido un monumento a la duquesa de Alba antes de cumplir su mandato en la Hermandad de los Gitanos?

-Aquel desgraciado día de hace tres años tuvimos que pensar rápido porque por deseo de ella quería que sus cenizas reposaran en el santuario, que se levantó gracias a ella para la Hermandad de los Gitanos y al servicio de Sevilla. Lo normal es que estuviera en el columbario, donde hay muchos hermanos, porque aquí somos todos iguales. Pero también pensamos que la duquesa tenía que tener algo especial dentro de la iglesia porque gracias a ella se realizó esto. Hay una capilla dentro del recinto de la iglesia que tiene un cuadro regalado por de ella que significa la Resurrección. En ese momento teníamos ahí el Nacimiento de Navidad, habíamos empezado a montarlo, y pensamos que esa capilla sería el mejor sitio donde podría reposar para siempre. No lo dudamos y ofrecimos a la familia el sitio, que le pareció muy bien. Pero teníamos muy poco tiempo y en 36 horas teníamos que adaptar la capilla lo mejor que pudiéramos. Llamamos a Almería y en una sola noche entera hicieron el tapamiento con la inscripción. Lo pusimos lo mejor que pudimos o lo más decente que pudimos. La familia estaba muy agradecida, pero lógicamente pensamos que para la duquesa eso tenía que coger otra forma. Y a los tres años de su muerte hemos pensado que un monumento funerario es lo que ella se merece porque todavía vienen montones y montones de personas a rendirle homenaje. Vienen a decirle piropos y a echarle flores porque la gente piensa que sigue viva entre nosotros. Por eso nos pusimos manos a la obra y se va a inaugurar el 20 de noviembre, tercer aniversario de su muerte.

-Han abierto una cuestación popular para que participe quien quiera. ¿Por qué?

– Al pensar cómo se hacía el monumento, hay una amiga de la duquesa, Carmen Tello, que es una persona que ya sabemos que ha estado siempre muy cerca de la duquesa y haciéndola muy feliz con su amistad. Se puso en contacto de momento conmigo al saber la iniciativa que teníamos y me ha ayudado muchísimo a llevarme de su mano a personas como el presidente de la Caja Rural, José Luis García Palacios. Se han unido muchas personas que quieren colaborar porque Sevilla no ha tenido otra embajadora como la duquesa de Alba. Se han unido sus amigos y muchas empresas. Por eso llegamos a la conclusión de que lo mejor es que Sevilla sea la que erija el monumento a la duquesa y que pueda participar el sevillano que quiera y tenga ese gusto. Por eso hemos abierto dos cuentas para que sea por suscripción popular.

-De la relación de la duquesa con los Gitanos se sabe casi todo, ¿o hay todavía cosas por desvelar que pueden sorprendernos?

-Es sabido que el flamenco y los gitanos han sido cosas que ella ha llevado siempre a gala. Con la hermandad tuvo la deferencia de abrir su palacio. Hoy en día, gracias a Dios, todos tenemos unas posibilidades distintas a las de aquella época, pero entonces no teníamos donde guardar los enseres. Ella habilitó unas habitaciones en el palacio de las Dueñas para que allí pusiéramos todos nuestros enseres, nuestros pasos… Y nos quitó ese problema hace 60 años. Se llegó a enamorar de nuestras imágenes y fue la camarera que con sus manos se subió al paso para adornar con las alhajas propias de ella. Se subía al paso con el vestidor, Juan Miguel Ortega Espeleta, hermano mayor nuestro. Y luego fueron regalos continuos de mantos y de muchísimas cosas hasta que la culminación final fue el santuario. Por eso, mientras exista la Hermandad de los Gitanos, que será hasta el fin del mundo, hasta el fin del mundo estará unida a la duquesa de Alba.

-Usted la trató personalmente en muchas ocasiones. ¿Recuerda alguna vivencia especial?

-Yo diría que fue irrepetible. La primera vez que fui a ver a la duquesa, porque me llamó ella –yo no he llamado nunca por mí solo, pero ella a mí muchas veces-, me senté en el sitio donde se encontraba cómoda. Tengo que confesar que la noche anterior yo no dormí. Pasé una mala noche pensando cómo iba a ser esa situación, cómo iba a desarrollar yo aquello. Y a los diez minutos de estar hablando con ella me relajé, empezamos a hablar de toros y matamos la corrida entera entre los dos. Me di cuenta de la sencillez de esta mujer ante personas como yo. Me dio tanta confianza que me quitó esa mala noche que había pasado. Y luego la he seguido viendo en la hermandad y en continuas ocasiones y ella era así con el pueblo llano. No he visto nunca un no en su boca ante la petición de una foto o un saludo. Una persona que es así de grande y que tenga esa forma de pensar es grandiosa. Por eso la palabra que uso es irrepetible. Personas tan sencillas como la duquesa de Alba, siendo de tanta categoría, no se darán más. Por eso yo la bautizo como la duquesa del pueblo.

-Su predilección por el pueblo gitano fue especial…

-Sí. Llegó a recibir a la cuadrilla de nuestra Virgen en su palacio para que cuando llegáramos allí se pudiera entrar en su casa a refrescarnos. Abría el palacio para que todo el mundo que tuviera una necesidad estuviera allí. Ella siempre ha tenido una debilidad con los gitanos. Tenemos un monumento en Sevilla a Pastora Imperio gracias a ella. La duquesa bailaba bastante bien y siempre decía que su movimiento de manos era de Pastora Imperio, otra gitana de la que estuvo muy cerca. Ha tenido siempre una sensibilidad especial con las cosas de arte, no sólo con los gitanos, pero en los gitanos ella buscaba el baile, el cante, el toreo…

La duquesa de Alba vistiendo a la Virgen de las Angustias

-¿Los gitanos la trataban de igual a igual?

-Un Jueves Santo que estaban los niños de Cayetano viajando de Madrid a Sevilla, me dijo que no tenía prisa hasta que no llegaran los niños, así que le dije que le iba a poner un sillón entre el Cristo y la Virgen. Por allí pasaron todas las personas que había en el templo y todo el mundo se hizo una foto con el Señor, con la Virgen y con la duquesa. Sevilla tiene que estar muy orgullosa de ella, no sólo la Hermandad de los Gitanos, porque yo he ido a los toros y estaba la duquesa de Alba con su mantilla blanca y luego salía por la puerta de la Maestranza y teníamos tal confianza con ella que le decíamos “vaya usted con Dios, doña Cayetana”. Para los sevillanos era una vecina nuestra. En la zona de las Dueñas la conocía todo el mundo y ella saludaba. Sevilla tenía tal confianza con ella que la saludaba con normalidad.

-Su monumento y la nueva casa de hermandad son los últimos hitos de su mandato como hermano mayor. ¿Qué balance hace?

-Cumplo mi mandato dentro de cuatro meses y he sido un hombre muy feliz. Yo nunca pensé que un hombre como yo podía ser hermano mayor de mi Hermandad de los Gitanos, la locura de mi vida por tradiciones familiares. Yo no creo que tenga las mejores aptitudes para haber sido hermano mayor de los Gitanos. Hubo un momento en la hermandad que así lo creyeron las personas y me presenté con el temor de que no se me iba a elegir, pero se me eligió. Y luego he sido un hombre muy feliz porque desde el primer día entendí que había personas que estaban en mi idea y otras personas que no, pero he sido hermano mayor de toda la Hermandad de los Gitanos. Para mí no ha habido momentos de decir “tú no me votaste”. Al otro día de las elecciones, para mí me votó todo el mundo y todo el mundo era de la Hermandad de los Gitanos. Hoy en día tengo que decir que estoy muy feliz de situaciones que ha habido que ir templando porque los hermanos mayores tenemos que darnos a las personas, al cariño, a hablar, al aperturismo, a dialogar con los hermanos y creo que he conseguido que todos me lleguen a tener respeto y cariño aunque haya personas que no estén de acuerdo con las decisiones mías, pero el respeto por encima de todas las cosas. Eso es el orgullo más grande que puede tener un hombre. Yo tengo un vicio con el cariño. Me gusta querer a la gente, pero también me gusta que me quieran. Y puedo decir que lo he conseguido.

-Pocos sevillanos habrá con más vinculación a esta hermandad…
-Yo tengo la tradición en la familia. Tengo un tío que estuvo 19 años de hermano mayor, Manolo Moreno. Luego fue mi padre 10 años, Antonio Moreno. Entonces, en casa, cuando nace un niño nos ponen los apellidos y detrás “de la hermandad de los Gitanos”. Triana está muy vinculada a la hermandad. Nunca salimos de allí, pero allí se sientan unos hombres, gitanos y no gitanos, para fundar la Hermandad de los Gitanos porque en aquellos tiempos los gitanos tenían dificultades para pertenecer a la sociedad. En los primeros inicios de la hermandad hace 264 años los apellidos míos ya rezaban. Ya había familiares ahí, así que la tradición familiar ha ido de padres a hijos por los dos sitios. Yo soy sobrino nieto de Gitanillo de Triana por la parte de mi madre, que eran también muy de la hermandad. En mi casa nada más que se ha respirado toreo y Semana Santa y, respetando a todas las hermandades, los sentimientos se vienen por el puente de Triana todos los días hasta el santuario de los Gitanos.

-Usted además hace gala de su gitanería.
-Creo que es hermoso que exista la Hermandad de los Gitanos. Yo no veo para nada distingos, pero sí veo que es bonito que si todavía la etnia gitana existe, y todavía hay 400 hermanos gitanos, que nos liguemos unos y otros sin ningún problema porque somos todos iguales, pero que existan todavía esas personas gitanas apegadas a su hermandad es algo bonito. Y los que no son gitanos lo aceptan de sumo gusto.

-¿Qué le ha quedado por hacer?
-Me ha quedado por hacer que este último año no he estado acertado. He tenido siete años muy brillantes y este último año no me están saliendo las cosas como a mí me hubiera gustado. Eso no es malo, pero sí me queda un resquemor de haber culminado mi mandato como a mí me habría gustado. No he tenido un mal gesto de nadie, todo el mundo me ha ayudado a que se restablezca el orden, que lo pido desde aquí, la normalidad en la Hermandad de los Gitanos, que no ha pasado nada, que no hay ningún problema, lo aseguro y creo que todo el mundo me cree. Los hombres podemos fallar en un momento, pero los dineros tienen estar donde tienen que estar, en la caja de las hermandades. Y cuando los hombres fallamos, tenemos que ponerlo. El problema es cuando se falla y se dejan las instituciones cojeando, pero aquí no ha pasado nada. Aquí ha habido una situación que ha hecho falta el dinero y se ha puesto encima de la mesa y está en la caja de la Hermandad de los Gitanos. Y no pasa nada, que esté todo el mundo tranquilo, que las elecciones sean bonitas, limpias y que todo el mundo disfrute con los candidatos que haya. Vamos a restablecer el orden y la tranquilidad de que no pasa nada.

Virgen de las Angustias de los Gitanos vestida de hebrea / HDAD. GITANOS

Virgen de las Angustias de los Gitanos vestida de hebrea / HDAD. GITANOS

-Yo creo que la mejor manera de hacerlo es dedicándole unos piropos al Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias. Adelante.
-A mí me pasa con el Señor de la Salud que veo a mi padre y a mi abuelo. El Señor de la Salud para mí es el mayor de los gitanos, al que hay que tenerle ese respeto total. Luego tienes a tu padre, a tus abuelos, a tus tíos, a tus personas que te aconsejan. Pero yo tengo que venir a contarle al Señor de la Salud mis problemas y mis alegrías porque creo que si no se lo cuento a él no estoy respetando al mayor de los gitanos. Por encima de mi abuelo y de mi padre, está el Señor de la Salud, que es al que tenemos que tenerle ese respeto que hay que tener a los mayores, gitanos y no gitanos, pero nosotros estamos educados en el respeto al mayor. A mí me raja el alma el Señor de la Salud. Cuando hablo con Él, me mira y me da consejo y me parte mi corazón por medio. A mí me impone su cara morena porque me recuerda a mi gente, a mi familia, y hasta su nariz tiene parecido con una persona que no voy a decir que es gitano y torero. Eso me causa mucho respeto.

-¿Y la Virgen de las Angustias?

-Tiene algo especial. Los gitanos éramos muy dados a salir en el Señor de la Salud y a mi padre, cuando era hermano mayor, le pregunté un día: “papá, ¿qué sientes que no puedes salir con el Señor y vas delante de la Virgen?”. Y me dijo: “ya me costaría mucho trabajo alejarme de Ella porque si la miras cuando va por las calles de Sevilla te enamoras de Ella”. Aquello no me sonó muy bien, pero cuando he sido hermano mayor lo he comprobado. Te enamoras de Ella porque la inclinación que tiene en la cara y esa humildad… Ser humilde es de los regalos más bonitos que Dios te puede dar en la vida. Con su inclinación te dice muchas cosas. La Virgen de las Angustias es mi madre. Yo tengo una hija, una nieta y una mujer, tres mujeres en mi casa, y siempre se las encomiendo a Ella. “Cuídamelas, ten cuidado de ellas”. Y al Señor, tengo un nietecito, le digo para repartir la carga: “cuida a mi niño”. Y de mi persona que hagan lo que crean oportuno.

Hay que cortar la charla. Pepe está llorando.

Alberto García Reyes

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