Jesús Nazareno y el Cristo de la Vera Cruz de Alhaurín el Grande

Alhaurín el Grande: Cuando la Palabra cobra vida

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Cuando se acerca la Primavera Alhaurín el Grande, una localidad de 25.000 habitantes situado en el Valle del Guadalhorce, en Málaga, comienza a transformarse. Se empieza a ver ese trajín que tan bien conoce el cofrade, y que allí tiene además una especial singularidad: y es que no sólo cuentan con las manifestaciones públicas de fe habituales, las procesiones. Allí cada año reviven La Pasión, Muerte y Resurrección con  representaciones en vivo que llevan a cabo los mismos hermanos.

Alhaurín cuenta con la Cofradía de la Santa Vera Cruz (Los Verdes) y la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Los Moraos), que entre la tarde del Miércoles Santo y la madrugada del Domingo de Resurrección sacan a la calle un total de cinco procesiones y escenifican hasta  siete representaciones en vivo.

«La Semana Santa de Alhaurín el Grande es una Semana Santa diferente. Es como en tantas otras ciudades de Andalucía, la manifestación de la religiosidad popular más importante, pero con una diferencia muy destacable: las representaciones en vivo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo», asegura el hermano mayor de la Santa Vera Cruz, José María Díaz. Por su parte, el hermano mayor de la hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Salvador Pérez, entiende la Semana Santa de su pueblo como una «celebración, única y singular, capaz de transformar, cada primavera, a todo un pueblo», ya que «no sólo posee un enorme arraigo, sino que además tiene un sello característico, inequívocamente alhaurino».

Estas representaciones en vivo no son desconocidas en la provincia de Málaga, ya que un puñado de localidades también representa su Semana Santa, como herencia de los Autos Sacramentales. Díaz asegura que Los Verdes cuentan con antiguas referencias históricas de las mismas: Tratar de buscar el origen de esta tradición tan alhaurina es prácticamente imposible. Según las Constituciones de la Cofradía, ya se realizaban representaciones en vivo de la Semana Santa con anterioridad al siglo XVIII, por lo que cabe suponer que ya en el siglo XVII y, probablemente, en siglos precedentes los Hermanos de Arriba escenificaban la Pasión y Muerte de Cristo».

Por su parte, Pérez también señala el barroco como origen: »Es ahí donde hay que buscar las primeras referencias de este drama sacro que, dividido en escenas o “Pasos”, ya está plenamente estructurado en el siglo XVIII, según atestiguan diversas referencias que transcriben apartados de unas desaparecidas Constituciones de Los Moraos fechadas, según el primer Libro de Actas de esta corporación nazarena, hacia 1714. Aunque la historia no se detuvo ahí, ya que también el siglo XIX supo dotar de una suave huella romántica a la tradición, como describen el Diccionario Madoz y las portentosas plumas de Ildefonso Marzo o Dolores Gómez de Cádiz».

Las representaciones de Semana Santa se extinguen en la década de los años 30 por los desórdenes ocurridos, sobre todo, durante la Guerra Civil, no siendo hasta 1957, tras casi tres décadas de parón cuando se retoma esta celebración, tan característica de esta localidad del Valle del Guadalhorce. Pero habría que esperar a la década de 1960 para que, junto a las procesiones, se recuperaran también las representaciones.

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Los guiones, vestimentas y decorados han ido evolucionando a lo largo del tiempo, siempre adaptándose a las circunstancias presentes, aunque siempre manteniendo los espacios escénicos: el atrio del Convento, en el caso de los Verdes –donde escenifican la Crucifixión, uno de sus grandes momentos- y el “Entablao” de la plaza Nueva en el caso de los “Moraos”. En la actualidad, tanto en la Cofradía como en la hermandad participan cerca de 60 jóvenes representando sus papeles. Para ello cuentan en sus juntas de gobierno con la Comisión de Semana Santa, que se encarga de preparar a los chicos y chicas para el momento de la Pasión a representar. En muchas ocasiones son los mismos actores los que una vez acabada la representación cambian sus vestidos de la época por hábitos nazarenos o trajes de portadores de trono y participan en el recorrido procesional.

Eso sí, siempre y cuando los papeles que representen no tengan un “Cuadro” durante la procesión, y es que además de lo que hacen en el escenario también hay una parte que se escenifica por la calle –en el caso de Los Moraos, en la calle se vive el Viernes Santo unos de sus momentos álgidos con la representación de Las Tres Caídas-.

Pero no sólo hay procesiones con sus correspondientes nazarenos vestidos de terciopelo en Semana Santa. Las calles de Alhaurín el Grande se convierten en el mismo Monte Calvario en el mes de mayo con la presencia de un Crucificado: «La Virgen de la Soledad y el Cristo Yacente son los Titulares de Pasión, pero nuestra Cofradía es a su vez una Hermandad de Gloria, y nuestro principal icono devocional, el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, conocido popularmente como “Señor del Convento”, sale en procesión de gloria los días 1, 2 y 3 de mayo”, revela Díaz a la vez que añade que días antes de esta festividad, conocida como El Día de la Cruz, “se respira de otra manera, se respira a primavera y a verde esperanza. Por eso, podemos afirmar que nuestra fiesta grande es una explosión de colores y olores que son difícilmente narrables.»

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Pero también en el mes de junio o incluso de julio, Alhaurín puede recordar a las calles que dirigían al Gólgota con el transcurrir del Nazareno, el mismo que sale en Semana Santa, pero en esta ocasión en el conocido como Día de Jesús y que se celebra siempre en la octava del Corpus: «Es una celebración llena de sentimiento y marcada por un color, el “Morao”, que engalana Alhaurín durante una semana en honor a «Padre Jesús», relata Pérez quien explica que los días grandes se extienden más en el tiempo y cuenta con especiales particularidades: «Es muy curioso señalar que en estos desfiles procesionales participan nazarenos con nuestras magníficas túnicas de terciopelo bordado en oro y no sólo pueden contemplarse nuestros ricos enseres, sino también cruces de flores y los “Cirios”, un enser efímero realizado con flores encañadas. Y desde luego que no puede faltar la presencia de la Legión, a través del I Tercio, ininterrumpidamente desde 1947», apostilla.

Como curiosidad, cabe señalar que existe cierto “pique” histórico entre las dos corporaciones que no viene más que a engrandecer cada acto que se realiza en esta bella localidad malagueña.

La Semana Santa de Alhaurin el Grande es Fiesta de Interés Turístico Nacional en el territorio andaluz, conocida y reconocida a nivel provincial, regional e incluso nacional, aunque como recuerda la alcaldesa, Antonia Ledesma, «aunque tenga sus días grandes, cada primavera está presente en el día a día de nuestro municipio: ensayos, bordados, limpieza de enseres, conciertos, dedicación, trabajo y entrega de jóvenes y mayores que hacen que todo luzca de manera inmejorable cuando llegan los días señalados».

Ledesma está convencida de que la Semana Santa de Alhaurín el Grande «es una fiesta capaz de transformar a un pueblo, que lo ilumina de dos colores, el verde y el morado, el morado y el verde, que llena de pasión cualquier rincón, emociona a vecinos y visitantes, convierte nuestras calles en escenarios de la pasión de Cristo sin dejar indiferente a nadie, deja en el ambiente olores inconfundibles y en el paladar sabores propios y típicos de estas fechas, sin dejar a un lado y tan importante como todo lo anterior lo que representa espiritualmente para cada uno de los amantes de la Semana Santa».

Así es como vive la Pasión en Alhaurín el Grande, un lugar en el que la palabra cobra vida.

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