«Preparando el rosario», una pintura de Rico Cejudo
«Preparando el rosario», una pintura de Rico Cejudo

17 de junio: 325 años del primer Rosario público en Sevilla

Todo comenzó un día de junio de 1690, en la Hermandad de la Virgen de la Alegría de San Bartolomé

Por  10:41 h.

Año 1690. Reinaba en España, es un decir, por su escasa capacidad de gestión, su Católica Majestad Carlos II. En Sevilla ocupaba la sede arzobispal Don Jaime Palafox, y Don José de Solís, conde de Montellano, era Asistente de la ciudad. El día 6 de junio había fallecido Fray Pedro de Ulloa, dominico que alcanzó tal grado de popularidad que atrajo a las masas sobre su cadáver buscando una reliquia, de tal forma que los frailes del convento de San Pablo (actual parroquia de la Magdalena) tuvieron que vestir de nuevo al fallecido hasta en dos ocasiones. Llevaba Fray Pedro apenas tres años en la ciudad, a la que había llegado tras recorrer medio mundo. Asentado definitivamente en Sevilla, predicó contra la doctrina quietista de Molinos, que defendía la pasividad en la vida espiritual y mística, ensalzando las virtudes de la vida contemplativa. Pero la actividad de Ulloa destacó especialmente en la ciudad por su defensa de la devoción a la Virgen y al rezo de Rosario. El fervor popular desatado tras su muerte hizo que fuera retratado y que se imprimieran estampas con su rostro, teniendo incluso que ser enterrado en secreto para evitar a las multitudes, según narra Ortiz de Zúñiga: «a las treinta y seis horas de muerto le dieron sepultura, engañando al pueblo para que no estorbase, depositándole en la bóveda de la capilla mayor del templo».

Pero las honras fúnebres no terminaron aquí, ya que continuaron durante días, con exequias celebradas por lo terciarios franciscanos o por el mismo Cabildo catedralicio; el día 17 de junio «en el dicho convento con todo el aparato acostumbrado, nombró a tres de sus individuos para celebrar la misa con una diputación que en su nombre asistiese, habiendo formado un túmulo magnífico. No contentos con esto, los capitulares concurrieron de manteos, siendo mucho el concurso, no sólo de la nobleza, sino también del pueblo».

Pero la gran novedad llegó en forma de rezo colectivo cantado, desde la antigua judería de San Bartolomé, donde radicaba la hermandad de la Virgen de la Alegría. Allí nació, en el amanecer del día 17 de junio, la práctica del rezo del Rosario público de la aurora, que tanto marcaría la piedad popular sevillana del siglo XVIII: «Aseguran varios autores que en esta año, a 17 de junio, los hermanos de Nuestra Señora de la Alegría, sita en la Iglesia Parroquial de San Bartolomé, fueron los primeros que salieron con luces e insignias cantando alabanzas a la Virgen, en lo que no hay duda es que desde aquel tiempo cada vez han sido en toda Sevilla más y mayores las muestras de su devoción a la Madre de Dios».

La Virgen de la Alegría en besamanos / RECHI

La Virgen de la Alegría en besamanos / RECHI

Nacía aquel día la que sería gran práctica piadosa de los sevillanos del siguiente siglo XVIII, hasta el punto de hacer eclipsar a las hermandades penitenciales. Procesiones al amanecer, faroles, estandartes, rezos cantados, cortejos sin itinerario definido… No hubo agrupación, parroquia o corporación que no tuviera su propia procesión de Rosario de la aurora, llegando en ocasiones a la coincidencia de itinerarios que motivaron enfrentamientos entre los diferentes cortejos, popularizándose aquel refrán de «acabar como un Rosario de la aurora: a farolazos», constatación de los enfrentamientos que se produjeron en más de una ocasión entre estos cortejos.

El rosario de la aurora

El rosario de la aurora

Un fenómeno que, además, intentó ser monopolizado por diferentes congregaciones, especialmente por capuchinos y dominicos, una nueva lucha de poder que venía a sustituir a las controversias vividas en la ciudad con motivo de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Cuadrillas con un cortejo en la calle de «más de dos horas porque los paternóster y las avemarías se dicen cantados en tonos gravísimos y muy agradables al oído, que ha inventado cada parroquia o cuadrilla, llevando en ellos grandísima pausa o devoción, aún de los que se hallan en los corazones más empedernidos… de los cuales crece el número que ha habido cuadrilla a quien la curiosidad le contó más de mil y quinientas personas entre hombres y niños».

Liturgia callejera, nueva devoción, lugar de encuentro y relación social; los nuevos rosarios de la aurora llegaron a alcanzar cifras espectaculares en el siglo XVIII, según recogía la Guía de Forasteros de Sevilla en 1758, que cifraba los rosarios en 81 de hombres, 47 de mujeres y hasta uno infantil. Justino Matute, en sus Anales de Sevilla, llegó a indicar que «son tantos los que progresivamente se han fundado, que sería más fácil enumerar las iglesias parroquiales, los conventos y los retablos por donde no hay establecida esta devoción que de los que la hay».

Todo comenzó un día de junio de 1690. Hermandad de la Virgen de la Alegría de San Bartolomé. Hace 325 años.

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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