75 años de la salida de la «Valiente»

Por  7:32 h.

Image Mañana se cumplen 75 años de la legendaria salida de la Estrella el 24 de marzo de 1932, menos de un año de la proclamación de la Segunda República. De aquel controvertido Jueves Santo le quedó el sobrenombre de «La Valiente» por ser la única cofradía que realizó estación de penitencia.

Los años y la propaganda se encargaron de que el apelativo se adscribiera a un reto directo a la República, pero, en realidad, La Estrella desafió de un golpe y salvó la manipulación político-eclesial a la que se vieron abocadas el resto de cofradías.
«España ha dejado de ser católica», había pregonado el ministro de la Guerra, Manuel Azaña, «el problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta fase nueva e histórica el pueblo español». Pero la Segunda República, de corte burgués, defraudó a muchos, pulverizó los privilegios de la Iglesia y el Ejército y no trajo el cambio para los obreros.
Sevilla, al igual que el resto del país, vivía un clima generalizado de pobreza, hambre, miseria, conflictos sociopolíticos, huelgas, incidentes, atentados… el descontento también se plasmó en estos albores de los años 30 en la terrible quema de iglesias, conventos y establecimientos religiosos en esa «gimnasia revolucionaria» de agitación y terrorismo de los anarquistas, opuestos a cualquier tipo de gobierno por principios.
Uno de los principales intelectuales republicanos, José Ortega y Gasset, afirmó: «No es esto, no es esto», referenciando el desasosiego y el descontento reinantes.
Estado aconfesional
A finales de marzo de 1932, Sevilla estaba aún conmocionada por la muerte de Sor Ángela de la Cruz, ocurrida el día 2, que provocó multitudinarias manifestaciones de dolor.
La Semana Santa, que coincidió hasta el Martes con el IV Congreso Nacional Comunista, se presentaba plagada de escollos con la sombra del artículo tercero de la ley fundamental, con la aconfesionalidad del Estado y la abstención de signos, emblemas o imágenes relacionadas con cultos. A pesar de este clima de tintes antirreligiosos, el mismo Ayuntamiento que había eliminado las referencias religiosas del callejero sevillano, con el alcalde a la cabeza, a la sazón José González y Fernández de la Bandera, del partido radical republicano, acordó por unanimidad en un Pleno extraordinario dedicar la antigua calle Alcázares a la Madre de los pobres.
Desde enero se produjeron idas y venidas en las juntas de las hermandades calibrando las salidas y finalmente, todas, exceptuando la Estrella, decidieron no realizar estación de penitencia para evitar el peligro de la «anarquía reinante».
En el fondo de estas decisiones estaba el reflejo de la vida en el marco de la situación política, los intereses, la manipulación y la misma idiosincrasia sevillana.
Tanto el alcalde como el gobernador civil, Vicente Sol, hicieron todas las gestiones posibles para que se celebrase la Semana Santa. Pero chocaron contra la actitud de los hermanos mayores opuestos al Gobierno.
La Estrella envió a finales de febrero un comunicado al Ayuntamiento en el que comunicaba que haría estación de penitencia el Domingo de Ramos «siempre que cuente con medios económicos para ello». Las autoridades se comprometieron a dar garantías económicas y de orden público. Finalmente, el mismo Lunes Santo, tras navegar entre el sí y el no, decidió salir el Jueves.
En ese impass, la Hermandad de la Estrella fue calificada de «esquirola» y menospreciada por el resto de cofradías.
En este ambiente tenso y enrarecido llegó el Domingo de Ramos en una ciudad huérfana de Semana Santa. Según cuentan las crónicas de la época acudieron en masa a los templos «más aún -narraban- que en otros años de Semana Santa oficial y externa».
Image
Transcurrieron los días entre mítines comunistas, que celebró su congreso hasta el Martes Santo; cultos piadosos en el interior de las iglesias y una huelga de taberneros.
… Y llegó el Jueves Santo. A las puertas de San Jacinto, donde entonces radicaba la Estrella, estallaron emocionados aplausos a las cuatro de la tarde, cuando se vislumbró la Cruz de Guía.«En verdadero triunfo -reflejaba la crónica de ABC- repitiéndose las ovaciones en las calles trianeras, recorrió la cofradía el populoso barrio. Una gran muchedumbre se mezcló entre las filas de nazarenos y siguió el paso de la Virgen, cerrando marcha». La cofradía tardó dos horas en llegar a la calle San Pablo en un recorrido en el que los gritos y los silbidos de los alborotadores fueron silenciados con vivas a la Virgen y a Triana.
Según los «Anales de las Cofradías» del desaparecido Juan Carrero Rodríguez, el primer incidente grave se produjo en la calle Rioja, cuando cayó sobre el techo del palio un objeto pesado que resultó ser el bolo del pasamanos de una escalera, de aproximadamente un kilo.
Image
Después, en la calle Santa María de Gracia esquina con Sierpes lanzaron una piedra desde el zaguán del Kursáal, que según unos dio en la espalda del Cristo de las Penas y según otros en el ala derecha de un ángel. Ese cascote rebotó en la cabeza de un soldado de Regimiento de Línea 9, Ginés Silvestre, que detuvo al agresor, dependiente de taberna.
Enormes ovaciones, aclamaciones y vítores continuaron por la calle Sierpes hasta llegar a la Plaza de San Francisco, donde, a las puertas del Ayuntamiento estaban el alcalde y varios de sus tenientes de alcalde. Fue la cofradía en una verdadera apoteosis de entusiasmo hasta llegar a la Catedral. En la Puerta de San Miguel estallaron sobre el palio dos cohetes que rompieron los cristales del guardabrisas de la candelería e impactaron contra el manto de la Virgen, provocando una gran alarma. Inmediatamente después se oyeron dos disparos y luego otros tres más. «Y a seguida, un grupo emprendió la huída. El público salió corriendo en todas direcciones. Las puertas de la Catedral se cerraron tras el paso. Un grupo de espectadores salió corriendo en persecución de los fugitivos», publicaba ABC. «La persecución-continúa- se ciño al autor de los disparos. El paisano que le seguía más de cerca, llamado Diego Jiménez Martínez, de 29 años, logró darle alcance en la calle Mañara. Con un bastón que llevaba le dio un golpe en la cabeza, produciéndole una contusión. El herido se revolvió e hizo unos disparos. También disparó contra los agentes de Policía que le perseguían». Al ser detenido, casi fue linchado por la muchedumbre.
Según el atestado de Comisaría, el autor de los disparos, al que se le ocupó una pistola de 6,35, dos cargadores y dos carnés de la CNT, era Emiliano González Sánchez, de 21 años, de Alcázar de San Juan, de oficio carpintero y con domicilio en San Juan de Aznalfarache. «Tenía liada al cuerpo una bandera roja y negra, de los anarcosindicalistas».