75 aniversario. «Me señalaron con el dedo, era la novia del Matavirgen»

Por  7:41 h.

ImageEmiliano siempre sostuvo su inocencia. Cuando fue detenido y casi linchado por la multitud negó «terminantemente», en la Comisaría de Vigilancia, ser el autor de los disparos. Afirmaba, según recogía ABC de Sevilla, que «huyó al ver la actitud de la gente, y negó que hiciera frente a los guardias civiles y agentes de Policía». «La pistola que le fue encontrada dijo que la tenía para su defensa. Desde luego, esta pistola es otra que la que utilizó para disparar, que ha debido arrojar a algún sitio cuando se vio perseguido».
¿Quién era Emiliano?… Ya no puede contarnos de su voz si los hechos que dan pie a esta efeméride son tal y como, con la precaria e inestable documentación en las manos, podemos contar. Sí tenemos la valiosísima memoria de su viuda, Ana Dapena, amanuense de su propia historia en un concreto y delicioso diario de recuerdos de aquellos difíciles tiempos. Atesorados llevó los caminos de los principios de su vida prematuramente adulta, trabajando en una fábrica de aceitunas, con un novio marino de la Mancha, uniendo sus inquietudes a la cruda realidad de la convulsión social que le tocó vivir.
Con 21 años, Emiliano cortejó a Ana vía carta desde los barcos y desde Portugal, desde donde reclamaba su presencia.
Image«El venía cada viaje, como siempre, y me traía muy bonitos regalos y mi mamá y mi hermana lo apreciaban mucho, pues era un muchacho muy formal y muy bueno, hijo de una mujer también viuda, y con muchos hermanos de familia. No gustándole el campo para trabajar decidió hacerse marino separándose así de su familia, a la cual yo no llegué a conocer hasta varios años después, por vivir en tierras de la Mancha».
Cuando Emiliano le dijo a Ana que no quería seguir navegando buscó un trabajo en el muelle de Sevilla y una habitación en una casa de familia para vivir. La madre de Ana le aviaba la comida cada día. Y cada noche, Emiliano iba a visitar a Ana. «Así pasaba el tiempo».
«Por aquel tiempo estaba todo un poco revuelto -escribió Ana- con los hechos de Asturias, la República y demás capitales. Todo andaba liado. Mi novio ya no trabajaba en el muelle, pues se había colocado en la Macarena en un taller de colectividad de carpintero».
El Jueves Santo 24 de marzo de 1932 sucedieron los hechos que dan pie a esta remembranza que afecta tanto a la Hermandad de la Estrella como a la familia del (presunto) autor de los disparos que forman parte sustancial de la leyenda de aquella jornada.
Ana Dapena lo narra así: «Aquella noche mi novio, como siempre tenía por costumbre, no vino a mi casa. Al día siguiente, en mi trabajo, una compañera me preguntó por él. Se dio cuenta de que yo no sabía nada de lo que había ocurrido la noche anterior. Me enseñó un periódico. Quedé muerta al ver su retrato. No me parecía él, estaba desfigurado, la cara manchada de sangre y gruesas columnas en el papel me hablaban de lo que había ocurrido, un alboroto, un atentado contra el paso de la Virgen de la Estrella». Prosigue Ana diciendo que no reconoció a Emiliano en aquella foto de periódico por la sangre que cubría su rostro. «Allí -escribe-, comenzaron mis primeras lágrimas».
Emiliano fue trasladado a la cárcel del Puerto de Santa María. «Yo recibía sus cartas semanalmente, en ellas me contaba la vida que hacía en la prisión y que no me apurara, que cuando él saliera nos casaríamos. Yo salía poco, el trabajo, la clase y la costura, y mamá se disgustaba porque no quería salir con las amigas. Empecé a salir algún domingo, otros nos íbamos al cine, pues era muy joven y al final yo no estaba casada. Me señalaron con el dedo, era la novia del Matavirgen».
Emiliano cumplía condena en la cárcel de El Puerto junto al mecánico del «Plus Ultra», Pablo Rada, con quien, junto a otros presos, se fugó. Un mes más tarde lo supo Ana cuando una madrugada se presentó Emiliano llamando a la ventana de su cuarto. Se iba al extranjero. Después recalaría junto a Ana en el pueblo conquense de Motilla del Palancar. Murió a los 55 años. Sus restos reposan en Fuengirola en forma de cenizas guardadas en la parroquia de San Manuel, donde fueron llevadas por uno de sus hijos.
Con Emiliano se esfumó parte del prisma de aquellos hechos del 32, sus mentiras y sus verdades y una realidad que ya sólo es historia.