Ana y Dolores, Camareras de la Virgen de los Reyes: La Catedral, como segunda residencia

Por  3:57 h.

Muchos son los que aprovechan el mes agosto para tomarse un merecido descanso después de todo un año de trabajo. Lo hacen convencidos que esa paz la encontrarán en un apartamento en primera línea de playa o en algún crucero perdido en olas del Mediterráneo.

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Se podría decir que Dolores Gálvez y Ana María Molero hacen lo propio en este cálido mes: abandonan sus casas para no volver en, al menos, una veintena de días. Desde luego, el ejemplo tiene truco y es que estas dos hijas de la ciudad han decidido que el mes de agosto no consistirá, para ellas, en la búsqueda ansiada del mar de cualquier playa.

Para ellas, su “segunda residencia” en estos días es la Catedral más hermosa del mundo. Ambas son las responsables de cuidar el ajuar de la Virgen de los Reyes y de ayudar a las Hermanas de la Cruz en la tarea de vestir a la imagen fernandina.

Al lado de la Patrona, cualquier playa sabe a poco y es que estas dos mujeres llevan el orgullo de ser las camareras de la Virgen… ahí es nada.

Lo cierto es que el mes de agosto es, para ellas, un continuo trasiego de naves catedralicias convertidas en grandes pasillos que no pesa recorrer cuantas veces sea preciso. Dolores Gálvez posee un gracejo innato. Su marido, Enrique Rodríguez fue un cofrade de feliz recuerdo, sobre todo, en el Dulce Nombre. El hijo de ambos, Jesús Rodríguez Gálvez, fue hermano mayor de esta cofradía hasta hace un par de años. Dolores ha sabido transmitirle la devoción por la Virgen de los Reyes a todos ellos.

Ambas camareras acuden diariamente al templo catedralicio en estos días de verdadera agitación. El mes está cargado de actos en torno a la Virgen: besamanos, novena, procesión, octava y segundo besamanos. Sólo así se puede entender que Dolores Gálvez haya optado por llevarse al templo, cada día, dos pares de zapatos (uno “de faena” y otro “de novena”).

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Cuando apenas faltan dos días para que la Virgen de los Reyes vuelva a abrazarse a la ciudad, estas dos camareras sueñan con que el mes de agosto nunca acabe. Es el particular síndrome post-vacacional, de quienes viven cerquita de la Virgen en pleno mes de agosto.