Salida de Montesión en 1937, archivo ABC
Salida de Montesión en 1937, archivo ABC

HISTORIA

El año que se pregonó la guerra

El año 1937 fue el de la Semana Santa en precario, sostenida con dificultades mientras buena parte de España se desangraba en una cruel guerra.

Por  0:30 h.

En marzo de 1937 España estaba fragmentada por la Guerra Civil. La prensa informaba de la batalla de Guadalajara, en la que un amplio despliegue de tropas italianas, aliadas de Franco, intentaba dar un golpe definitivo en las cercanías de Madrid. El «Corpo di Truppe Volontarie»”, formado por buena parte de los cuarenta mil soldados italianos desplegados en apoyo al golpe, se enfrentaba en cruentos combates desde el día 8 de marzo, cuando se inició la ofensiva contra las tropas republicanas, que el día 19 de marzo empezaron a contener un ataque que acabó en un aliviador triunfo para la república a finales del mes. Frente en Madrid y Sevilla en retaguardia. España dividida, una situación que reflejaban las dos portadas del dividido diario ABC: requisada la sede Madrid, el periódico sacaba una portada como «diario republicano de izquierdas», mientras que en Sevilla la edición de Andalucía se mantenía fiel a sus principios, dedicando buena parte de sus páginas a la celebración de la próxima Semana Santa.

Humor gráfico en el ABC edición Andalucía del 21 de marzo de 1937

Humor gráfico en el ABC edición Andalucía del 21 de marzo de 1937

En aquel mes de marzo, Sevilla permanecía en  la retaguardia de la guerra. Sin combates, alejada de los frentes central y oriental, la ciudad se disponía a vivir una Semana Santa en precario tras la pérdida de numerosas imágenes y  enseres de cultos en los asaltos a iglesias e incendios provocados en julio de 1936. Se intentaba con dificultad mantener una cierta normalidad en plena guerra, intentando recuperar una actividad ya prevista en los años de la República. Desde 1933, diferentes fuerzas «vivas» de la ciudad habían promovido la celebración de una charla que pegonara la Semana Santa, una especie de relanzamiento publicitario de una ciudad que vivía la depresión posterior a la Exposición de 1929. Precisamente, aquel año 1933 había pronunciado en el Teatro Cervantes la primera de estas charlas el afamado Federico García Sanchiz, escritor, periodista y gran viajero, que era requerido en numerosos rincones del país y del extranjero como «charlista».  Las charlas de Sanchiz se deben entender como una mezcla entre la conferencia y el monólogo, en una época en la que el público podía llenar grandes salas para escuchar largos discursos en los que Sanchiz dominaba la palabra y el gesto  para comunicar con el gran público.

Batalla de Guadalajara en 1937

Batalla de Guadalajara en 1937

El pregón de Sanchiz se proyectó para la primavera del año 1936, pero la inestabilidad política reinante impidió que se llevara a cabo una idea gestionada por Manuel Bermudo Barrera. Fue el sábado 20 de marzo del año 1937, en pleno desenlace de la batalla de Guadarrama en el frente central de la guerra, cuando García Sanchiz pronunció el que se suele considerar como primer pregón de la Semana Santa, en el desaparecido Teatro San Fernando. Marco de lujo y presencia obligada del general Queipo de Llano entre el público, en un acto que, siguiendo la crónica de ABC del Domingo 21 de marzo, tuvo más de exaltación patriótica y de arenga militar que de un pregón de Semana Santa. Definido por el cronista como «genial orfebre de la palabra», la insólita charla- pregón de Sanchiz comenzó con una descripción del frente aragonés y los crueles bombardeos sufridos tanto en Teruel como en Huesca, aludiendo a la protección de la Virgen del Pilar y haciendo una encendida defensa de la histórica unión entre Aragón, Cataluña y Valencia, «hoy rota porque los catalanes, que tanto contienen de poetas y patriarcacales, dejaron preponderar a los mercaderes trashumantes, porque Valencia, en contra de su constante voluntad españolista y de su profunda cultura mediterránea, se ve sojuzgada por el aluvión de enemigos de la Patria».

 La versión republicana de ABC de Madrid

La versión republicana de ABC de Madrid

A la proclama política le siguió una defensa de otros pilares históricos, como Zaragoza o como la Salamanca de Fray Luis de León, pasos previos para entrar en una alabanza a Franco, a quien dio vivas en pleno pregón, tras compararlo con el Duce italiano Benito Mussolini, estableciendo un paralelismo entre el pueblo italiano y el español. Continuó Sanchiz, ya sí, con una descripción de la Semana Santa de Sevilla en la que señalaba el protagonismo de sus “Cristos”, aunque ahora fuera semana de “Vírgenes que venían a recoger, en su piedad, el cuerpo otra vez lacerado de su hijo”. No faltaron las alusiones a la doble destrucción quema de la Virgen de la Hiniesta y a la de la Virgen de la Salud de San Bernardo, cuya pérdida lamentó el pregonero aludiendo a la rebelión de los «sucesores de Curro Cúchares y el Tato».

Federico García Sanchís

Federico García Sanchís

Entre tan variopintas  perspectivas y, trazando las líneas de futuros pregones, no faltaría  la alusión a la Macarena, «que resume en su culto a todas las capas sociales de Sevilla». A partir de ahí no entró en poesía, en retratos costumbristas ni en profundidades teológicas. Sanchiz optó por defender la «misión acercadora que los instantes requerían» aludiendo a la figura de Queipo y al ofrecimiento de la corona de la hermandad en tiempos de sacrificios económicos.

Tan singular pregón tuvo un momento de gloria, referido por el cronista, en el que el pregonero, inclinado sobre el micrófono del escenario del Teatro San Fernando, se dirigió a los sitiados en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, gesta que comparó con la de los sitiados en el Alcázar de Toledo, terminando el fragmento con un «España está con ellos», exaltación que terminó según la crónica, con una delirante y larguísima ovación.

Federico García Sanchiz jura como hermano del Valle

Federico García Sanchiz jura como hermano del Valle

En tan sorprendente disertación no faltarían alusiones a la Virgen del Rocío, a la que mezcló con el supuesto movimiento liberador de España, haciendo una recopilación final de devociones marianas que sintetizó en la Virgen de los Reyes.

Así fue una charla que se considera, a pesar de sus contenidos, como el primer pregón de la Semana Santa. Un pregón en ambiente bélico que terminó, no podía ser menos, con una «calurosísima salva de aplausos».

Federico García Sanchiz todavía volvería, en dos ocasiones más, a pronunciar el pregón. El de 1937 fue el preludio a una Semana Santa en la que faltaron cofradías en la calle por haber perdido a sus imágenes titulares, contemplándose estampas de hermandades en precario que salieron a la calle con enseres prestados o con iconografías insólitas, como las del Señor del Desprecio de Herodes, que procesionó en solitario sobre el paso del Crucificado de San Bernardo, tras ser destruidas las imágenes secundarias de su paso en el asalto a San Juan de la Palma. Fue un año de palios prestados, como el de la Hiniesta a la Virgen del Rosario de Montesión; de nueva saya en la Macarena, que recuperaba su corona, y hasta de nuevas imágenes, como la nueva Virgen de la O que había realizado Antonio Castillo Lastrucci tras la pérdida de la anterior. Una semana que todavía tuvo otra presencia difícil, la de la lluvia, que  motivó la salida procesional de la hermandad de la Amargura en la tarde del Lunes Santo.

La Macarena en el Hospital de las Cinco Llagas en 1937

La Macarena en el Hospital de las Cinco Llagas en 1937

El año 1937 fue el de la Semana Santa en precario, sostenida con dificultades mientras buena parte de España se desangraba en una cruel guerra. El año de un pregón incomprensible en nuestros días. Por las páginas del periódico ABC se narraban los combates del frente centro y la resistencia republicana en el frente oriental. Lo peor parecía haber pasado para Sevilla. El discurso de Federico García Sanchiz tuvo más de arenga política y militar que de pregón. Ningún cronista posterior lo pudo catalogar posteriormente con aquello de «muy cofrade y muy sevillano».

Federico García Sanchís en 1914

Federico García Sanchís en 1914

Obligado es, por tanto, retrotraernos hasta el origen de esta costumbre. Para ello hemos de situarnos en el año de 1933,en plena república, cuando  las fuerzas vivas de la ciudad, en su imperioso afán de despegar del enorme retroceso que había experimentado la afluencia de turistas, tras la clausura, tres años antes, de la Exposición Iberoamericana y estando necesitada Sevilla de inyecciones en su economía, tan maltrecha desde el «crack» de Wall Street, en 1929, y por las ingentes deudas que dejó aquel Certamen Internacional en el que se cifraba nada menos que la incorporación al siglo XX, buscaron al más afamado charlista de España, el valenciano Federico García Sanchís, para que incluyera en su tan diverso como ameno repertorio temático, con el que llenaba los teatros de España e Iberoamérica, una exaltación de nuestra Semana Santa, que impulsara a sus audiencias a visitar Sevilla en  dichas fechas.

Así tuvo lugar, en el referido año y en el Teatro Cervantes (hoy, cine) una memorable disertación del celebérrimo charlista por su amenísima erudición, que constituyó el primer antecedente de los pregones, Aquella disertación estaba estructurada como eficaz propaganda de la Semana Santa de Sevilla enfocada para difundirla en el exterior. Pero a nuestros abuelos debió parecerle música celestial toda aquella cascada de piropos a Sevilla y a sus Vírgenes, hasta el punto que, en 1937, en plena guerra civil y estando García Sanchís en la zona sublevada, dio otra de sus famosas charlas sobre la Semana Santa a los propios sevillanos, esta vez en el Teatro San Fernando, de mucho más aforo. Y un tercer «pregón» para los narcisistas locales, en el invierno de 1939 –cuaresma– a punto de concluir el conflicto bélico fratricida. En el mismo teatro y ante la enorme popularidad adquirida, el brillante orador valenciano pronunció, en 1940, su último «pregón».

Federico García Sanchiz (Valencia, 7 de marzo de 1886 – Madrid, 11 de junio de 1964) fue un escritor, periodista, charlista y viajero español, miembro de la Real Academia Española.

Los años veinte y treinta, y tras la guerra española hasta bien entrados los cincuenta, fueron los épocas de su gran triunfo. Durante la Guerra Civil española apoyó a la causa nacional participando en varios actos benéficos y propagandísticos. El conferenciante llevó a cabo extensas giras por todos los continentes y, singularmente, por los países de habla española.

 

 

 

Manuel Jesús Roldán

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