Antonio Luis Troya

DOS HERMANAS

Antonio Luis Troya: la savia nueva de la imaginería sevillana

El joven escultor tiene imágenes repartidas por diversos puntos de España y ha restaurado importantes tallas en Latinoamérica

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El escultor sevillano Antonio Luis Troya es uno de los principales exponentes de la nueva generación de jóvenes dedicados al mundo de la imaginería cofrade en Sevilla. Su trayectoria así lo avala, después de que a sus 29 años ya cuente con importantes trabajos hechos a sus espaldas. Tiene imágenes religiosas repartidas por diversos puntos de España, especialmente en sitios de Andalucía como la propia Sevilla, Jaén o Málaga, y ha restaurado destacadas tallas devocionales en Latinoamérica.

Desde su céntrico estudio de la calle Fernán Caballero de Dos Hermanas, su pueblo natal, Troya ha creado a lo largo de estos años numerosas obras tanto para hermandades como para particulares, que le han valido para hacerse un nombre como escultor. En la actualidad, acaba de terminar una nube de querubines y ángeles para el paso procesional de la Virgen de la Asunción a los Cielos, titular de la hermandad de la Vera Cruz de Dos Hermanas, y está realizando un Cristo de la Humildad para Sevilla. Además, hasta Córdoba irá también otra Virgen bajo la advocación de María Rosa Mística, que acaban de encargarle.

«De momento, trabajo no me falta. Soy afortunado porque vivo de lo que me gusta», reconoce el joven imaginero en un receso que se toma para atendernos en su propio estudio, donde realiza la gran mayoría de sus encargos, aunque también colabora con el taller de dorado Moreno y Mateo y con el de fundición de Francisco Rejano. Entre sus trabajos realizados destacan imágenes como una Virgen de la Asunción en Dos Hermanas, el misterio de la Caridad de Jaén, una réplica de la Virgen de Valme para el Vaticano así como otra para la parroquia de San Lorenzo de Sevilla, una Virgen del Rocío y un cristo Cautivo en Málaga o una dolorosa con la advocación de María Santísima de la Esperanza y Caridad para Madrid.

Nazareno de Atalaya

Pese a que reconoce que trabaja sobre todo en el campo de la escultura, fue la restauración la que le permitió impulsar aún más su carrera, abriéndose paso también en Latinoamerica. En 2013, desde Panamá contactaron con él para que restaurara, junto al escultor José Pablo Cañete, la talla de Jesús Nazareno de Atalaya, imagen centenaria a la que los panameños profesan una gran devoción. El verano pasado regresó, de nuevo, al país latinoamericano para realizar otra intervención al Cristo, de cara a preservar su conservación. En este tiempo, además, ha podido también restaurar un crucificado de marfil en México. «Esos trabajos me abrieron mucho las puertas», reflexiona Troya sobre su andadura al otro lado del Atlántico.

El imaginero en su taller

El imaginero en su taller

A su currículum se suman también numerosas réplicas que, aunque reconoce que «no dejan de ser copias», le han servido «para demostrar» su formación y trabajo en el mundo de la imaginería. Así, entre estas réplicas –la mayoría de encargos particulares- destacan los cristos, a tamaño natural, del Gran Poder de Sevilla, también el de Dos Hermanas, el crucificado de la Buena Muerte, San Gonzalo, el cristo de la Vera Cruz del municipio nazareno, el Cautivo de Málaga o la Virgen del Rocío, también de la capital malagueña.

El joven escultor comenzó su andadura con 16 años en la Escuela de Arte de Sevilla, donde cursó los estudios de Dorado y Policromía. Allí descubrió el modelado, un área que acabó enamorándolo y a la que decidió dedicarse por completo. Fue aprendiz con imagineros y adquirió conocimientos en talleres de dorado y de fundición, antes de iniciar su andadura en solitario. Cuando tenía entre 17 y 18 años tuvo ya los primeros encargos. «Es complicado vivir de esto, considero que sí. Pero siempre digo que con empeño, esfuerzo y constancia, se puede», resume el joven imaginero y restaurador de Dos Hermanas.