CRÓNICA

Bellavista gana el pulso al tiempo y salva un triste Viernes de Dolores

Pino Montano, la Misión, la Corona y Pasión y Muerte suspendieron la estación de penitencia por la lluvia que, sobre las ocho, desapareció

Por  0:50 h.

Todo apuntaba a que el Viernes de Dolores se iba a quedar huérfano de cofradías. Desde hacía días, las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas para la jornada inaugural de las vísperas. A eso de las tres de la tarde, el cielo comenzó a descargar agua. Pero no chaparrones, sino una llovizna impertinente y constante que calaba, y un aire frío que parecía más propio del invierno que de la primavera. En Pino Montano había poco ambiente. Desde por la mañana se sabía que la cofradía iba a prorrogar su decisión en busca de una mejoría del tiempo que no llegó. A las 18.45 horas, el primer golpe: el hermano mayor comunicó que se suspendía la estación de penitencia. La noticia sentó como un jarro de agua fría en Heliópolis. En el patio del colegio Claret, a esa hora, se celebraba la misa con los nazarenos metidos en el claustro. La Misión se dio una hora de margen para decidir, a sabiendas de que habría que recortar el itinerario. «Dicen que a las ocho hay un claro y baja el riesgo de lluvia a un 30%», se comentaba. La junta de gobierno se reunía y valoraba el parte: «Hay una ligera mejoría pero no nos aseguran que a partir de las ocho no siga lloviendo». Emocionado, Juan Francisco Reina comunica la triste decisión: «Con todo el dolor de nuestra alma, no vamos a realizar la estación de penitencia». A esa hora llovía en Sevilla.

 

 

Había pocas esperanzas de que el día se pudiese arreglar. Sin embargo, apenas diez minutos más tarde de esa decisión, llega la noticia desde Bellavista —que había pedido una prórroga de media hora—: «La junta de gobierno decide salir. ¡Nos vamos a la calle!», comunica la hermandad en Twitter. Con un cielo plomizo, al ocaso ya, se abrían las puertas y comenzaba a salir la cofradía. Cogió tan a contrapié la decisión, que en los primeros momentos del recorrido, apenas hubo público. En ese instante, todo apuntaba a que la Corona y Pasión y Muerte pudieran tomar la misma determinación porque, además, tenían aún más margen. Sin embargo, a las ocho de la tarde, justo cuando el riesgo de lluvia bajó considerablemente pese a los nubarrones, ambas hermandades anunciaban que no saldrían.

Bellavista arriesgó y ganó. Remitió ese viento húmedo que había a las ocho y en la oscuridad de la noche se veían las estrellas, síntoma de que la jornada se había arreglado parcialmente, al menos hasta las doce, momento en que la hermandad fijó su entrada después de acortar el recorrido. Hubo quien, jocosamente, entre el público, pedía que se le cambiara el nombre por el de «Buena Vista»

Muchos no entendieron la decisión de Pasión y Muerte y la Corona, argumentando que precisamente estas cofradías no tienen por qué cumplir un horario establecido, en un recorrido marcado, y que puede ser acortado. La cuestión es que el Viernes de Dolores lo salvó ayer Bellavista, un barrio en el que, a eso de las nueve y media, cuando el misterio alcanzaba Asencio y Toledo, no se cabía en la calle. Quienes estaban en sus casas esperando que alguna saliera acudieron en masa. No se recuerda una estación de penitencia tan multitudinaria en la hermandad del Dulce Nombre, que ayer reinó en una jornada triste. La corporación fue durante horas trending topic a nivel nacional, y eso que se estaba jugando en esos momentos un Alemania-España.

A un ritmo presuroso, pero sin perder nunca el compás característico del misterio, fue levantando ovaciones cada vez que sonaba una marcha. La agrupación de la Redención no paró de tocar en ningúna chicotá. Y el paso, andando siempre pero marcando el costero, picando el izquierdo y dejándose caer cuando lo apuntaba la música. Se estrenaba el hijo de Juan Manuel Martín, el nieto de «Juanma», que con apenas diez añitos mandaba el paso con el arte del abuelo y de su padre.

Allí, pegadito al paso, iba Fernando Cano, el hombre que donó la imagen del Señor, la obra póstuma de Castillo Lastrucci. Aquella imagen llegó por primera vez al conocido barrio de «La Salud» —que era como se denominaba antiguamente Bellavista— en 1970.

Si popular es el misterio, en la hermandad lo es aún más la Virgen del Dulce Nombre. La dolorosa iba extraordinariamente vestida por David Toro. Ese era el comentario generalizado, pese a que, en los primeros momentos, la candelería no se asentaba y la Virgen iba demasiado oscura. Los Santizo se las vieron y se las desearon para que el aire y la humedad no apagaran las velas pero, como la hermandad, también le ganaron el pulso al tiempo.

El Viernes de Dolores recordaba a los de hacía décadas. Con sólo una hermandad en la calle, muchos cofrades vivieron las vísperas en la intimidad de la Anunciación, con la bajada de la Virgen del Valle, y de San Lorenzo. Porque, desde anoche, el Señor del Gran Poder está en besamanos.

VÍDEOS: ANTONIO PERIÁÑEZ Y JAVIER COMAS

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla