Barroco y medio de Sevilla

Por  9:39 h.

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ImageComo a veces me gusta dejar a la vista la carpintería teatral del artículo y el andamiaje de su arquitectura, con los mechinales todavía abiertos como en la iglesia del Sagrario, para que aniden en ellos las palomas, les diré que pensaba titular esto «Dos barrocos de Sevilla».

Pero me ha quedado barroco y medio tras tomar el barrocómetro, aparato para medir hispalenses horrores al vacío, ya que a uno de ellos le falta cuarto y mitad para barroco total. Pues trátase de dos señores barrocos a más no poder.

El barroco en Sevilla no es solamente un estilo artístico, arquitectónico, literario, escultórico o decorativo, sino una mentalidad, una actitud ante la vida, un lenguaje. ¿Habrá algo más barroco que un cartel de convocatoria de cultos cofradieros? ¿Habrá algo más barroco que un prioste montando mañana al atardecer un altar de la carrera del Corpus? ¿O habrá algo más barroco que una pieza oratoria de mi querido y respetado vecino arenalense, devoto carretero y distinguido hermano de la Pura y Limpia, don Antonio Bustos, a quien le dedico este artículo que le debo desde que con gozo leí la noticia de que le habían dado con tanta justicia como merecimientos la medalla de Sevilla?

-Pues a usted tampoco le ha salido malamente despachada de barroco esta última frase entre interrogaciones retóricas…
Lo que don Antonio Bustos se merece. Este artículo va por mi querido Antonio Bustos, del que soy casi una errata: total, a Antonio Burgos lo separa de Antonio Bustos una S y una T. Y como nos unen muchas otras cosas, a veces me confunden con Bustos, con lo que salgo ganando. Me dicen a lo mejor:
-Oye, no sabía que dirigías el Curso de Temas Sevillanos.
-No, ese curso admirable y fecundo, galardonado por la Unesco, la entidad que más actos culturales organiza en Sevilla al cabo del año, lo dirige mi casi homónimo Antonio Bustos, que aunque se llame Bustos, es un sevillano de cuerpo entero.
Del mismo modo, a Bustos lo confunden muchas veces conmigo. Con lo que sale perdiendo. Y es lógico, porque aparte de las similitudes fonéticas tenemos muchas militancias en común: El Arenal de nación, la Pura y Limpia de devoción, La Carretería de penitencial estación. Ambos nos hemos criado con los mismos calientes de Santitos cabe el Arco del Postigo. Pero Bustos goza de honores que le envidio, cual la manigueta de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, en la tarde carretera del Viernes Santo. Y habla mucho mejor que yo. Antonio Burgos tartajea y Antonio Bustos borda que es gloria bendita la oratoria barroca, pero, vamos, de aguja juanmanuelina. Y la prosa barroca, ni te cuento. ¡Qué volutas, qué curvas y contracurvas, qué hojas de acanto tan barrocas y nuestras decoran cualquier frase en boca o en pluma de Antonio Bustos! Es un maestro del culteranismo. Por ejemplo, usted dice: «Hace sol en El Arenal», ¿no? Bueno, pues eso Antonio Bustos lo dice así: «En este cahíz inmarcesible arenalense, a orillas del olivífero Betis de los romanos, río Jordán de la evangelización de América, tierra devotísima de María Santísima, ora en la advocación caritativa dolorosa baratillera, ora en su límpida pureza concepcionista postiguense, refulgen los esplendorosos rayos del astro rey que empavona y empavesa con panes de oro el albero maestrante.»
Ole. Y escribiendo, Góngora a los albañiles o a la bodega de Villanueva del Ariscal. Así que el honor ciudadano a este gran barroco ha sido totalmente justo, y con alegría le tributo este panegírico. Que me hace pensar que hay barrocos de derechas y barrocos de izquierdas. Bustos es un barroco de derechas. Y otro Antonio, Rodrigo Torrijos, un barroco de izquierdas. Torrijos habla como Antonio Bustos, pero con comunicaciones internodales en lugar de Pura y Limpia. En Sevilla se sigue haciendo barroco oratorio en pleno siglo XXI. Que lo haga Antonio Bustos, el hermano del inolvidable Juan Bustos, el sobrino de mi recordado Paco el Linotipista, es natural. Lo sorprendente es que haga barroquismo el tío de la pipa. Lo de Torrijos no es verborrea: es barroco. Antonio Bustos hace glorioso barroco en la capilla de la Pura y Limpia, y Antonio Rodrigo Torrijos, bajo la cúpula de la carpa de la Copa Davis, barroco internodal del cuento de la buena pipa de sus 25.000 votos.