José Antonio Fernández Cabrero / JAVIER COMAS
José Antonio Fernández Cabrero / JAVIER COMAS

Cabrero: «Sacar pasos a la calle es fácil, contribuir al progreso es lo difícil»

El hermano mayor de la Macarena y su opinión sobre Sevilla

Por  16:07 h.

José Antonio Fernández Cabrero es un modelo de hermano mayor distinto al tradicional. Cántabro de nacimiento y sevillano de adopción, Cabrero ha querido apostar por en perfil de hermandad dirigida esencialmente a la caridad. Muchos piensan que con ese arrojo y su capacidad de convencimiento, el hermano mayor de la Macarena puede elevar a la hermandad a un nivel más alto todavía del que se encuentra.

-¿Qué opinión tiene sobre proyectos enquistados de la ciudad como la Gavidia o las líneas restantes del metro?

En Sevilla adolecemos más de la cuenta del mal del nosotros frente a los otros, y lo llevamos a todos los ámbitos de la vida ciudadana. Eso nos hace perder de vista el concepto del bien común, es decir, las decisiones y acciones que benefician al conjunto de la ciudadanía independientemente de quién las proponga o impulse. Perdemos mucho tiempo en pelearnos por ver quién ha hecho esto o aquello en lugar de ayudarnos en pos de ese bien común superior. Los dos casos que me refiere adolecen de ese mal: llevan años enquistados por recelos partidistas y luchas entre diferentes intereses políticos y sociales. Como dije con ocasión del cambio de itinerario de nuestra Hermandad, cuando hay voluntad de hacer las cosas, se hacen.

-¿Qué pasará con los restos de Queipo de Llano en la Basílica?

Para mí, este asunto es sumamente importante, hay que abordarlo con rigor y seriedad. Hemos encargado informes a varios juristas de prestigio para conocer de qué modo afecta la Ley de Memoria Democrática de Andalucía a la Hermandad. Los analizaremos y actuaremos en consecuencia cumpliendo escrupulosamente lo que nos marque la ley, sin renunciar a actuar con sensibilidad con respecto a unos restos mortales -porque también entra aquí en juego el Derecho de Familia-, y sabiendo interpretar la responsabilidad de nuestra corporación en la sociedad actual e informando a nuestros hermanos. No nos hemos puesto plazos, pero sí estamos trabajando en ello conscientes de nuestra responsabilidad y de la necesidad de conocer en profundidad todos y cada uno de los condicionantes legales. Hay una cosa clara: la Hermandad jamás podrá ser acusada de hacer apología de ninguna práctica anticonstitucional o ilegal de manera consciente y premeditada.

-¿Cree que se ha formado un excesivo ruido con la seguridad en la Semana Santa?

El ruido es lógico ya que los incidentes del año pasado causaron un shock en la ciudad. La primera obligación de las autoridades es garantizar la seguridad de los ciudadanos, y la de las Hermandades colaborar intensamente con éstas además de establecer sus propios protocolos y medidas de prevención para evitar, en lo posible, estos incidentes. El dispositivo de seguridad de este año ha sido nuevo para todos y estoy seguro de que en años sucesivos nos iremos amoldando a una nueva situación.

Detalle de un policía nacional en la salida de Santa Marta / VANESSA GÓMEZ

-Las hermandades, con red en la que se encardina la sociedad sevillana, ¿qué papel deben tener en asuntos de patrimonio de la Iglesia o asistencia social?

En patrimonio de la Iglesia ya juegan un papel importante. La nuestra, por ejemplo, contribuye a las obras de la Iglesia de Sevilla a través del Fondo Común Diocesano y ayudas a conventos e instituciones religiosas, eso sin contar con las becas a seminaristas. Muchas hermandades, además, contribuyen a mantener abiertas y en uso algunas iglesias. En cuanto a la asistencia social lo tengo claro: las hermandades se enfrentan a un reto, el de resultar útiles a la sociedad atendiendo a los más desfavorecidos y excluidos, llegando allí donde las administraciones no llegan. Sacar pasos a la calle es fácil, contribuir al progreso de una sociedad es lo difícil y lo que nos exigen los tiempos.

-¿Considera que el consejo de hermandades debería tener un papel más activo en la vida social de la ciudad?, es decir, un papel parecido al que juega hoy día el Ateneo.

Creo que ese papel ya lo juegan las hermandades, cada una en su área de acción, y eso es bueno porque permite desarrollar multitud de iniciativas en todos los barrios de la ciudad. El Consejo es un órgano de coordinación, organización y representación. En Sevilla, y debido a la ingente actividad que desarrollan todas y cada una de las hermandades, este órgano debería centrarse en cumplir estas atribuciones y desarrollar aquellas iniciativas que las propias hermandades proponen.

-Como cántabro, ¿son los sevillanos verdaderamente acogedores o es un mito más que una realidad?

Ya soy ya más sevillano que cántabro, llevo más tiempo en Sevilla que en Cantabria. Es cierto que la historia y la cultura marcan mucho, y cuando llegas de fuera debes manejar algunas claves de la ciudad para integrarte y no ir de «enterao». Al sevillano debes ganártelo poco a poco, tomártelo muy en serio y no pretender que esté todo el día cantando y bailando, como históricamente se le ha caricaturizado. Los sevillanos son norteños al revés: te reciben efusivamente, pero debes irte ganando luego poco a poco su respeto y amistad.

-Desde hace poco se debate por el excesivo turismo que hay en Sevilla y la calidad del mismo. ¿Nos quejamos de gusto o realmente es un problema?

La industria del turismo no es un problema, el problema es que prácticamente la única industria que tengamos sea el turismo. Sabemos que el turismo bascula en función de factores incontrolables; ahora esos factores favorecen que el turismo busque Sevilla, pero eso no es eterno y llegará un momento en que baje la afluencia. Entonces nos quejaremos de lo contrario. Creo que la ciudad, sus monumentos y la forma de vida es un valor que debemos explotar con sentido común y sin olvidarnos de desarrollar otras industrias basadas en la tecnología, la investigación, el talento y el valor añadido.