CRÓNICA

El calor y las excesivas representaciones marcan el Corpus de 2017

Hubo hermandades con más de 150 parejas de cirios, en un cortejo de dos horas y media

Por  15:34 h.

Hasta el arzobispo lo dice: «En esta procesión lo sustantivo no son las numerosas imágenes de santos sevillanos, ni las sobreabundantes representaciones que en ella desfilan». Si lo dice ya el prelado, es que algo habrá que hacer con una procesión solemnísima, brillante y majestuosa, pero que cada año adolece de los mismos defectos. En la de este año hubo hermandades, las más numerosas en nómina, que llevaron hasta 150 parejas de cirios. Multiplique eso por dos y le salen 300 personas, un número cercano a los nazarenos que puede llevar una cofradía en Semana Santa. Súmele a eso la media de 40 o 50 parejas del resto de hermandades, las asociaciones, colegios profesionales, sacerdotes… Un cortejo de más de cuatro mil personas que tarda en pasar más de dos horas y media. Los niños carráncanos que abrían el cortejo salieron a las 8.15 y, la Custodia, a las 10.46, un cuarto de hora más tarde de lo previsto, a lo que se le suma el Ejército detrás del Santísimo.

Si encima de lo tedioso que resulta ver pasar el cortejo completo, Sevilla sufre estos días una ola de calor con temperaturas que al mediodía se sitúan a los 40 grados (a las 11 este jueves rozaba ya los 30), provoca que hubiera zonas con muchos claros de público. De hecho, a la hora de la salida, en la Avenida apenas había una fila de personas en la zona de la Catedral y nadie, absolutamente nadie, de García de Vinuesa a la plaza de San Francisco. Conforme fue avanzando la procesión, se fue llenando poco a poco, pero ni tan siquiera se vendieron todas las sillas.

Tres datos para comprobar la dimensión del cortejo: el primer paso, el de Santa Ángela, no salió hasta 20 minutos después que los niños carráncanos; cuando éstos llegaron a Cuna —el ecuador del recorrido—, aún estaba saliendo el segundo paso; y, cuando la cabecera de la procesión entraba por Palos, aún no estaba en la calle el paso de San Fernando.

Fue curioso ver cómo el público se agolpaba en las zonas de sombra y dejaba vacías las de sol. Un ejemplo era Cerrajería, donde ni siquiera al paso de la Custodia había ni un alma, o el de la calle Placentines, con todo el público en la acera del Palacio Arzobispal.

Pero, a pesar de esos defectos que sufre esta procesión, nada puede ensombrecer la brillantez y la solemnidad característica del Corpus de Sevilla. Muchos aprovechan la mañana para hacer el recorrido de los altares, ya con la alfombra de romero y con mucho menos público que la bulla del miércoles de vísperas. Este año, si cabe, los exornos fueron aún más espléndidos, cuidados hasta el más mínimo detalle en la mañana, probablemente, en la que la ciudad está mejor vestida.

Fue el Corpus del sol, más que nunca. Y no sólo por el calor, sino por la luz que inundaba las calles del Centro, imponente, y que convertía en contraluces maravillosos como los del paso de Santa Ángela de la Cruz en el cruce de García de Vinuesa con Alemanes, en la Avenida de la Constitución, con la Giralda de fondo. O, sin duda, los 300 kilos de plata de la Custodia resplandeciendo en el tramo que va del antiguo edificio de Filella a la Plaza de San Francisco.

Todo es perfecto y cuidado, al menos en lo que está en las manos del Cabildo Catedral. Tanto es así, que quienes marcan el ritmo del cortejo comprendieron la necesidad de acelerarlo para entrar cuanto antes, evitando así la excesiva calor que comenzaba a apretar a las doce del mediodía y, por qué no, para aliviar la espera de cuantos estaban viendo la procesión. Esto ayudó a que, ya cercano el final, el público sí fuera abundante desde Francos hasta la entrada en la plaza Virgen de los Reyes. Allí llegó la Custodia minutos antes de las 12.10 horas, a la hora prevista, recuperando los 15 minutos de retraso con los que salió. Y, el desfile del Ejército ante el Santísimo, comenzó minutos antes de lo previsto.

Al Corpus le pasa como a la procesión de la Virgen de los Reyes o como a la que vivió la ciudad el pasado mes de noviembre con el Gran Poder: retrotrae a una época en la que el respeto del público era la nota dominante. Aquí, pese a la todos los problemas comentados de longitud, nadie come pipas, nadie se sienta en el suelo, nadie falta al respeto a la fiesta. Prima el silencio no impostado, el saber estar. Quienes madrugan saben que ante el Santísimo hay que hacer la genuflexión. Qué pocos móviles se veían levantados al paso de la Custodia… Prueba sin duda del enorme arraigo de Sevilla hacia Jesús Sacramentado.

Una vez finalizado el Corpus con la bendición, el Señor de la Cena emprendió el regreso hacia LosTerceros bajo un insoportable calor. El termómetro rozaría los 38 grados…

Figurantes y figurones

Contaban los cronistas siglos atrás que la procesión del Corpus era un espejo de la  ciudad, una especie de pasarela. Y así sigue siendo hoy en día. En esta procesión desmesurada, muchos se pirran por salir a que les vean. Se hacen fotos, saludan a derecha e izquierda… En esa amalgama de representaciones, llama la atención cómo la que debería salir al completo, que es la Corporación municipal, es la primera que ha optado por recortarse a sí misma. Así, desde 2015 sólo salen cinco ediles de cada grupo político. Ayer lo hicieron cinco del PP, otros tantos del PSOE y los tres de Ciudadanos. Ni los de IU o Participa Sevilla estaban ni se les esperaban. En el largo cortejo destacó también lo corta que va la Banda Municipal, cuyos músicos lucían lazos amarillos en señal de protesta.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla