Antonio Castillo Lastrucci
Antonio Castillo Lastrucci

Castillo Lastrucci: 50 aniversario de su fallecimiento

Una de las figuras más importantes para entender la Semana Santa de Sevilla

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Antonio Castillo Lastrucci nació en Sevilla el 27 de febrero de 1882. Es el autor que más obras ha realizado para la Semana Santa. De su taller salieron  multitud de imágenes para diversos lugares de la geografía española. Es toda una referencia de la imaginería. Falleció el 29 de noviembre del año 1967 a los 85 años de edad. Sus restos mortales se encuentran en un mausoleo en la parroquia de San Julián, junto a su misterio de la Piedad que no sale procesionalmente aunque recibe culto y que intentaron adquirir en otros rincones de la geografía española.

En este 29 de noviembre, se cumple el cincuenta aniversario de su muerte. Durante estos meses, tanto la hermandad de la Hiniesta como del Dulce Nombre se han unido para realizar varios actos en homenaje y recuerdo a esta importante figura de la Semana Santa. 

Castillo fue una persona que destacó por la realización del prototipo de la Virgen castiza y  por las remodelaciones de los pasos de misterio,  por ser discípulo de Susillo y un escultor e imaginero que expandió su arte por toda Andalucía e incluso para España. Una de las ciudad donde pueden admirarse una gran parte de sus obras es en Alicante.

A raíz de la Guerra Civil, fue una persona muy importante en recomponer, tanto a las imágenes secundarias, como algunos de los titulares de las diversas cofradías que perdieron prácticamente todo su patrimonio.

Hace siete años, su taller quedaba cerrado después del fallecimiento de José Pérez Delgado “Pepe Gubia” tras convertirse este último en el continuador de la obra empezada por su maestro. Dos de sus familiares más conocidos hoy día son su nieto, Adolfo Arenas Castillo, quién fuera hermano mayor de la Hiniesta y presidente del Consejo de Cofradías, y también su biznieto, el escultor Jesús Méndez Lastrucci o su nieta, Concha Moreno Castillo.

Una de las principales aficiones de Antonio Castillo Lastrucci era el toreo, llegando incluso a desear  ser matador de toros desde su propia infancia. En la Alameda de Hércules, de  niño, jugaba a los toros con sus amigos. Vivía en el seno de una familia de clase media. Sus padres tenían una empresa de sombreros – complemento muy utilizado en aquella época-. Nunca llegó a romper en la tauromaquia, pero la amaba tanto que incluso instaló una pequeña plaza en su casa.

Finalmente, con el paso de los años, se dio cuenta que su sitio estaba frente a la gubia y descubre desde muy pequeño el taller de Antonio Susillo, en la calle Peral, gracias a uno de sus sobrinos, llegando a ser el alumno más joven, y teniendo como compañeros a personas de la talla de Gonzalo Bilbao o Collaut Valera. Antonio Castillo Lastrucci comenzó a jugar con el barro a una edad temprana hasta que empezó a modelar figuras. Ingresó en la escuela de artes y oficios en 1897, lo que actualmente es la parte superior  del Museo de Bellas Artes.

Destacó por el dibujo y comenzaron a salir de él sus primeros trabajos en la época del costumbrismo, que cubriría a una sociedad abrumada por las dificultades e injusticias de aquel tiempo. Desde su entrada en el taller de Susillo y la escuela, su arte consiguió tener influencias románticas, costumbristas e historicistas.

Jesús ante Anás / JESÚS SPÍNOLA

En 1914, llegó la primera gran guerra mundial. La Diputación le deja  una subvención para irse fuera de España, pero tuvo que permanecer en su taller y seguir trabajando. En 1922, se reúne la junta de gobierno del Dulce Nombre para encargarle la confección de su  primer misterio; el de Jesús ante Anás. Un año más tarde, se estrenó el mismo, era el gran golpe definitivo de Antonio Castillo Lastrucci, momento en el que comienzan a llegarle multitud de encargos.

Fue un trabajo gestado  desde su primer taller, situado en la propia empresa de sombreros que ostentaban sus padres hasta que consiguió tener su propio taller en la sevillana calle de San Vicente número 52. 

A partir de ahí, se indtroduce de lleno en las cofradías. Aportó tres elementos fundamentales: la ejecución de estos misterios, sus personajes secundarios de la pasión y la aportación de la dolorosa que desarrolla a través de la mujer andaluza.

Antonio Castillo Lastrucci llega a convertirse en el imaginero con más tallas de la Semana Santa de Sevilla. Rompió por ejemplo con la rigidez neoclásica de las figuras de los pasos, sin disponer de comunicación y dándole una escenografía, es decir, convertirlo en un escenario teatral sacro.

El misterio del Beso de Judas, en la plaza de Jesús de la Redención / JUAN FLORES

El misterio del Beso de Judas, en la plaza de Jesús de la Redención / JUAN FLORES

Incluye incluso  elementos ambientales naturales y artificiales en los pasos, como el olivo en el Beso de Judas o los Panaderos, o el pebetero del misterio de Jesús ante Anás que reparte incienso en el propio paso. Personajes que toman aptitudes como el escriba de la Macarena, el conocido popularmente «perra gorda» que se mofa del Cristo en San Esteban o la postura de Pilatos en San Benito que sobresale del propio paso, por citar algunas de ellas. Creó el romano, el sayón judío o el esclavo etíope, cuidando más el efecto que la calidad de sus obras.

Si ven a sus Cristos o Vírgenes, notaran que ha sublimado el dolor para convertirlos en elementos devocionales y de fe para las personas. En las secundarias recrea la fealdad, la maldad -un recurso infantil pero efectista- una cuestión creada en el cine mudo.

Otra de sus grandes aportaciones son las imágenes de la Virgen, lejos de los rostros de sufrimiento. Creó el canon de la Virgen castiza, mujer andaluza, ojos negros, de piel amulatada y capaz de transmitir la emoción de su belleza.

El Dulce Nombre por el Banco de España el Martes Santo de 2015

El Dulce Nombre por el Banco de España

La primera que esculpió es la del Dulce Nombre. Salió por primera vez en 1924. Tomó como modelo a María, una vecina del barrio de San Lorenzo, siendo retocada por él mismo en años venideros. También firma a la Hiniesta por dos veces y la Virgen de la O. De ahí, siguió con San Esteban, la Sentencia, San Benito y los Panaderos.

Igualmente se dedicó a restaurar y la más sonada de todas quizás sea la de la Esperanza de Triana. Trabajó por toda la geografía española , como por ejemplo en Alicante donde la mayor parte de la imaginería salió de sus manos.

Recompuso grandes tallas perdidas durante la Guerra Civil. Talló al Señor de la Buena Muerte de la Hiniesta, así como a su dolorosa, o María Magdalena, al San Juan de la Borriquita, al misterio de la Estrella, del Beso de Judas y la Virgen del Rocío, las imágenes secundarias de San Gonzalo, excepto Caifás,  San Esteban, San Benito, el de Jesús ante Anás y la Virgen del Dulce Nombre, los Panaderos, el misterio de Montesión, el de la Macarena o el de las Tres Caídas, la Virgen de la O, y su última obra antes de fallecer, el Señor de Bellavista. Sus últimos trabajos además, fueron el Beso de Judas y el misterio de San Gonzalo.

El misterio de San Gonzalo entre los naranjos del Barrio León / RAÚL DOBLADO

Fue una persona importante e imprescindible para entender la Semana Santa, tal y como la conocemos hoy. Igualmente, como se ha indicado,  restauraba, hacía pasos y altares, llegando a ser uno de los referentes de aquella época  y que tuvo claro que quiso dedicarse en cuerpo y alma a la escultura religiosa, a pesar de ser un amante del toreo.