SEVILLA. 23.6.17. El delegado territorial de Cultura, Turismo y Deporte, Jose Manuel Girela, visita el taller de restauracion del Museo de Bellas Artes de Sevilla para conocer el proceso de restauracion del lienzo del Crucificado de Zurbaran. FOTO: VANESSA GOMEZ. archsev

Cristo crucificado, por Zurbarán

Por  9:30 h.

El Museo de Bellas Artes de Sevilla ha presentado la restauración del lienzo Cristo crucificado que Zurbarán pintó entre los años 1638 y 1640, obra quizás no suficientemente valorada por el mal estado en el que se encontraba. Fátima Bermúdez-Coronel y Javier Chacón han sido los restauradores encargados de recuperar el lienzo en el taller de restauración del museo, una intervención integral por las numerosas deficiencias que presentaba la pieza. Junto a la actuación sobre la capa pictórica, se ha procedido al forrado de la parte posterior con nuevo tejido de lino para mantener la consistencia del cuadro. Previamente se había realizado un estudio fotográfico con distintas fuentes de luz (normal, rasante, ultravioleta), un estudio radiográfico y el pertinente  análisis químico para determinar la composición de los pigmentos, aglutinantes y barnices empleados en el cuadro, así como el estudio del tejido y la naturaleza de las fibras empleadas.

Crucificado de Zurbarán del Museo de Bellas Artes

El lienzo forma parte de la colección original del museo desde su creación en 1835, procediendo del desamortizado convento de Capuchinos de Sevilla, poseedor de una espectacular pinacoteca que sustenta los fondos de Murillo de la pinacoteca. Un cuadro que se suele datar en torno a 1635-1640 y que  representa a Cristo crucificado sobre una cruz arbórea, Cristo muerto con rigidez cadavérica, sobre fondo negro que hace destacar los blancos de su sudario,  apoyado sobre un suppedaneum (elemento probablemente histórico que impedía la asfixia rápida y prolongaba la agonía de los crucificados) y con empleo de cuatro clavos, uno para cada pie y para cada mano, siguiendo las visiones de la monja sueca Santa Brígida, opción que recomendó Pacheco a comienzos del siglo y que empleó Martínez Montañés en su sus crucificados. De hecho, se podría relacionar la representación, y sus repeticiones, con el Crucificado de San Plácido de Velázquez, obviamente enmarcando cada obra en dos personalidades artísticas muy diferenciadas.

SEVILLA. 23.6.17. El delegado territorial de Cultura, Turismo y Deporte, Jose Manuel Girela, visita el taller de restauracion del Museo de Bellas Artes de Sevilla para conocer el proceso de restauracion del lienzo del Crucificado de Zurbaran. FOTO: VANESSA GOMEZ. archsev

Aunque el cuadro pudo ser modelo para otras de similares características, repetidos de forma casi mimética en el taller, es una creación ya anticuada en el tiempo: su claroscurismo remite a las influencias tenebristas de Caravaggio en las primeras décadas del siglo, tendencias ya superadas por el nuevo empleo de la luz  de Ribera o del propio Velázquez, por entonces en su apogeo.

SEVILLA. 23.6.17. El delegado territorial de Cultura, Turismo y Deporte, Jose Manuel Girela, visita el taller de restauracion del Museo de Bellas Artes de Sevilla para conocer el proceso de restauracion del lienzo del Crucificado de Zurbaran. FOTO: VANESSA GOMEZ. archsev

Uno de los ejemplos más claros para poner en relación con el lienzo restaurado es el cuadro conservado en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Procede de la Colección Pedro Masaveu, quien lo adquirió al bilbaíno Félix Valdés, llegando al museo tras su dación al Principado en 1994. Formaría parte de la treintena de obra de Zurbarán con esta iconografía, en este caso la que muestra a Cristo muerto, con la cabeza inclinada sobre el pecho y la llaga sangrante en el costado, un tema recomendado en las icnografías del Concilio de Trento para mover a devoción  a los fieles. Son obras que emocionan por la sencillez de su discurso, la presentación del cadáver de un crucificado de dedos contraídos, con musculatura poco marcada y sus piernas y pies paralelos apoyados sobre el suppedaneum. En el lienzo de Asturias se puede apreciar la sombra del propio cuerpo, en claro contraste con el paño blanco de pureza. En la parte alta de de la cruz se lee un letrero cuya inscripción reza  “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”, en hebreo, latín y griego. El lienzo de Asturias parece proceder de la colección del marqués de Villafuerte en Sevilla y debió ser una obra de altar.

Cristo muerto en la cruz. Museo de Bellas Artes de Asturias. 1638 – 1640

Variante del mismo modelo del pintor extremeño es el Cristo Crucificado con donante del Museo del Prado, también datado hacia 1640. Cristo está clavado en una cruz lisa y destaca sobre un fondo oscuro, de nuevo con aparición de su sombra, otro nuevo juego con la idea de la representación escultórica. En un extremo del cuadro se sitúa un caballero vestido a la moda de la época, con las manos en actitud orante. Es el donante, comitente anónimo de un cuadro que, probablemente, destinó a un lugar de culto. Una figura de notable interés ya que, dentro de los autores de su época, Zurbarán fue uno de los pintores que menos cultivó el género del retrato. Este lienzo del Prado procede de la colección Lezama-Leguizamón, de Bilbao y fue adquirido por el Prado con los fondos del legado Villaescusa en  1996.

Cristo crucificado con donante museo del Prado

Del amplio catálogo de obras dedicadas a la Crucifixión por Francisco de Zurbarán se suele señalar el lienzo conservado en el Art Institute de Chicago como una de sus cumbres artísticas, desgraciadamente perdida para nuestro país. Se debe entender como el pilar de la iconografía desarrollada posteriormente, formando parte de un contrato firmado en 1626 ante notario con la comunidad dominica de San Pablo el Real, la actual iglesia de la Magdalena. El contrato incluía la realización de 21 cuadros en ocho meses, siendo la obra tan apreciada por sus contemporáneos que el cabildo municipal, no sin polémicas por medio, le propuso al pintor su instalación en Sevilla en 1629. En esta obra hay un sorprendente tratamiento del lienzo blanco que funciona como sudario ciñendo la cintura al cuerpo de Jesús, un juego plenamente barroco en un pintor que solía situarse en parámetros retardatarios respecto a su tiempo. Cristo aparece muerto, con una sorprendente caída del cuerpo inerte  en la obra de un autor que debió conocer en Sevilla la presencia de los grandes crucificados del primer barroco realista tallados por Montañés o Juan de Mesa. Junto al I. N. R. I de la parte superior de la cruz aparece en la parte inferior un papelito de marcado carácter ilusionista, ya que parece estar clavado en la propia cruz, donde aparece el nombre del maestro: la reivindicación del artista frente al anonimato y frente a los que reclamaron su nuevo examen por el gremio sevillano.

Crucificado del art Institute Of Chicago. Procede de San Pablo

Quizás menos conocido pero no menos interesante es el Crucificado conservado en el municipio extremeño de Llerena, en la monumental parroquia de Santa María de la Granada. Es el resto de un retablo encargado para presidir  el altar mayor de la parroquia y estaba dedicado al  apóstol Santiago, patrono de la orden que ostentaba el poder de la localidad. Zurbarán puso como condición la presencia de su amigo el sevillano Jerónimo Velázquez en un retablo que se concluyó el 23 de diciembre de 1.646. Realizado sobre tabla, fue sorprendentemente desmontado y desmembrado en el siglo XVIII, perdiéndose el rastro de muchas de sus piezas, aunque algunas se hayan recuperado y formen parte del Museo del Prado o del Museo de Bellas Artes de Badajoz. La obra sobrevivió a la adaptación a una estructura dieciochesca mixtilínea y al asalto del templo durante la Guerra Civil, quedando en un cierto olvido hasta que, en 1945, se otorgó definitivamente a Zurbarán la paternidad de una tabla que copia casi de forma mimética la conservada en Sevilla  o incluso el mencionado  Cristo con donante, del Prado.

Crucificado parroquia Santa María de la Granada en Llerena

Por cerrar el muestrario de crucificados muertos habría que añadir otra pieza del Museo del Prado, la que representa al evangelista San Lucas a los pies de la Cruz. La tradición sitúa a Lucas, además de evangelista, como médico y artista, lo que puede colocar la obra como una reivindicación de la pintura como instrumento de devoción. También se ha apuntado que pudiera ser un autorretrato del propio pintor, algo habitual en escultores y pintores de la época, quizás más en un plano alegórico que como representación real. El conocido lienzo perteneció al infante don Sebastián Gabriel (1811-1875) y  fue adquirida en 1936  para el Museo del Prado con fondos del Legado del conde de Cartagena.

Cristo con el evangelista San Lucas como pintor , Museo del Prado

En la iconografía de los crucificados de Zurbarán hay un buen muestrario de imágenes que representan a Cristo vivo. Precisamente en el Museo de Bellas Artes se conserva otro lienzo proveniente del convento de Capuchinos de Sevilla, siendo probablemente realizado en torno a 1635. Cristo levanta la cabeza a los cielos posiblemente representando el pasaje bíblico en el que  se dirige  a Dios Padre implorando ” Padre, ¿por qué me has abandonado?”.

Crucificado Museo Bellas Artes de Sevilla. Procede del convento de Capuchinos

Quizás uno de los orígenes de esta variante hay que buscarla en el lienzo que forma parte del Museo Thyssen, obra inédita hasta 1918 que se conservaba en la colección alemana del doctor Rohe, en Munich, donde permaneció, al menos, hasta 1953. En abril de 1956 fue adquirida por el barón Hans Heinrich. Se suele fechar como una obra temprana del artista y los autores que lo han estudiado lo sitúan como una derivación del conservado en la parroquia de la localidad vasca de Mutriku, siendo evidente que en la misma clasificación habría que incluir el lienzo conservado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, donde Cristo aparece de nuevo en esa actitud implorante, quizás expirante, de mirada perdida hacia los cielos.

Crucificado de Zurbarán. Museo Thyssen

Como cierre del recorrido en torno a los Crucificados de Zurbarán se podría citar la pieza que subastó la casa Sothebys en el año 2014 y que acabó en una colección particular. Muestra la particularidad colocar un calvario completo a los pies de Cristo vivo, con la dramáticas figuras de San Juan, la Virgen y la Magdalena a los pies del madero, impactante composición que se acentúa por la falta de cualquier referencia espacial o temporal en el resto del cuadro.

 

Crucificado Zurbarán. Museo Nacional de Barcelona

Con la restauración y exposición del Crucificado del Museo de Bellas Artes se avanza en el mantenimiento y difusión de la obra de Zurbarán en Sevilla. Su contemplación es una ocasión para el disfrute personal y una apuesta por la revalorización de uno de lo grandes pintores del Barroco.

 

Calvario subastado ensothebys en2 014