El Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

El Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta cumple 80 años

Castillo Lastrucci aplicó al resto de sus imágenes cristíferas, al rostro del Cristo de la Buena Muerte

Por  0:35 h.

El Cristo de la Buena Muerte de la hermandad de la Hiniesta cumplió el pasado martes, 3 de abril, 80 años desde que fuera bendecido en 1938. Realizado por Antonio Castillo Lastrucci, escultor que está enterrado delante del misterio de la Piedad, también obra suya, en la parroquia de San Julián.

La corporación celebra esta efeméride con un concierto que va a efectuar la banda sinfónica municipal de Sevilla y la coral polifónica «Virgen de la Hiniesta», a partir de las 20.30 horas en el salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla.

La talla del actual crucificado de la Buena Muerte era encargado el 14 de agosto de 1937. A la hora de su creación, Castillo Lastrucci quiere recrear a una del estilo de Juan Martínez Montañés y su discípulo, Juan de Mesa. Tal y como indica en los medios de la hermandad: Según Jesús Palomero Páramo, «del Cristo de la Clemencia toma prestada la cabeza y el tronco, del Cristo de la Conversión del Buen Ladrón copia el sudario y del Cristo de la Buena Muerte de la cofradía universitaria recrea las piernas». Y todo ello a partir del estudio del natural, pues Castillo utilizó como modelo a un empleado de la tienda de muebles Europa, que regentaba su hermano Manuel, llamado Manuel Gómez Lora.

La historia recuperada: fotografías inéditas del siglo XX (y III)

La historia recuperada: fotografías inéditas del siglo XX (y III) 19847

El antiguo Cristo de la Buena Muerte

Los Cristos de la Buena Muerte de la Hiniesta

El antiguo Cristo de la Buena Muerte

El anterior titular de la Hiniesta fue destruido en 1932, en el incendio provocado en la parroquia de San Julián. Era una obra atribuida al círculo de Felipe de Ribas, autor por ejemplo del Señor de la Divina Misericordia de las Siete Palabras, el de la Salud de la sacramental de San Pedro, los retablos mayores de las parroquias de San Pedro o San Lorenzo, de San Juan Bautista o del Bautismo del convento de Santa Paula o del monasterio de San Clemente.

Fueron varios siglos los que esta imagen fue titular de esta corporación penitencial. Fue realizado en el año 1647 para el retablo mayor del templo de San Julián. Felipe de Ribas fue un escultor cordobés que trabajó en el Sevilla en el taller de Juan de Mesa. Nació en el año 1609 y murió en Sevilla en el año 1648. Sus dos hermanos, Gaspar y Francisco Dionisio también fueron artistas, que tuvieron relación con su obra en distintas facetas. Tras la muerte de Mesa estuvo relacionado con el círculo de Alonso Cano, de quien fue discípulo, siguiendo su línea artística.

La segunda imagen a la que rindió culto esta hermandad de la Hiniesta fue una talla realizada en pasta que procedía de la iglesia de San Marcos, que fue igualmente quemada en el incendio provocado en la parroquia de San Julián el 18 de julio de 1936. Este talla realizó la salida procesional en los años 1935 y 1936

La historia recuperada: fotografías inéditas del siglo XX (II)

La historia recuperada: fotografías inéditas del siglo XX (II) 19822

La talla

Cristo de la Buena Muerte / RECHI

El rostro del Cristo de la Buena Muerte es el que el escultor aplicaría posteriormente a todas las imágenes cristíferas nacidas de su gubia. El 3 de abril de 1938, el vicario Jerónimo Armario y Rosado, lo bendijo en la iglesia de San Luis de los Franceses, sede la Hiniesta después de los incendios de San Julián y San Marcos. La primera vez que salió a la calle lo hizo desde la iglesia de los Terceros, sin María Magdalena, quién fue incorporada en 1944.

Se trata de una talla de 1,72 metros de alto, realizada en madera policromada, que representa a Cristo ya muerto. Es una escultura neobarroca. Tuvo un coste de 3.500 pesetas.

Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta por Relator/ JAVIER COMAS

Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta por Relator/ JAVIER COMAS

Intervenciones

El Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta

A lo largo de sus ocho décadas ha tenido varias intervenciones como la de José Pérez Delgado en 1991, quién sustituyó la cruz original por una réplica; o la del mismo restaurador en 2006, que repuso las espinas pérdidas en su corona.

La última, quizás la de mayor envergadura ha sido la efectuada por Pedro Manzano en 2015. Ocho meses permaneció fuera de San Julián. La eliminación de la suciedad hizo que el Cristo perdiera la negrura que le caracterizaba en los últimos tiempos, por lo que resultará sorprendente a quienes lo contemplen a partir de ahora.

El Señor presentaba por aquel entonces, además, varias fisuras por el cuerpo y alguna fractura como la del dedo meñique de la mano derecha, que han sido subsanadas. Por otro lado, no tenía ningún tipo de ataque de microorganismos ni de xilófagos. Asimismo, tanto en la mano izquierda como en la herida del costado derecho, donde había desaparecido parte de la policromía, se ha repuesto. Por último, el Cristo presentaba acumulación de cera en las piernas, que también ha sido eliminada.

Han pasado ocho décadas desde su llegada a San Julián, pero parece llevar toda una vida el Cristo de la Hiniesta en su barrio. Sin duda, uno de los pilares para entender a esta feligresía. Cada Domingo de Ramos, suena «Hiniesta», de Peralto en el interior del templo cuando el Señor va a girar para enfilar la ojiva de la parroquia. Al término, esos sones de Santa María Magdalena de Arahal, de una cofradía que recuerda en su regreso a un auténtico pueblo sumergido en el interior del casco antiguo, de otro tiempo, de otra época.