El vicario Teodoro León impone la ceniza en la Catedral / ROCÍO RUIZ

CUARESMA

¿Cuál es el verdadero significado del Miércoles de Ceniza?

Un símbolo con tintes de duelo en sus orígenes con más de un milenio de historia en la iglesia católica

Por  13:50 h.

El Miércoles de Ceniza se considera el pistoletazo de salida de la Cuaresma. Uno de los actos más simbólicos de la iglesia católica que abre las puertas al nuevo tiempo penitencial que durará hasta la Semana Santa. El día en el que las frases «Polvo eres y en polvo te convertirás» o «Conviértete y cree en el Evangelio» caen de forma rotunda sobre la persona que recibe las cenizas con la señal de la cruz sobre su frente. Un rito con más de un milenio de historia y que es parte imprescindible de la cultura católica.

La Archidiócesis de Sevilla aclara que es el día «en el que manifestamos nuestro deseo personal de conversión a Dios. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio».

Su origen

Los griegos, los egipcios, los judíos y los árabes, entre otros pueblos de Oriente Próximo, acostumbraban a cubrirse la cabeza de ceniza en señal de luto o duelo. Un símbolo de muerte que la iglesia convirtió a su rito.

Las cenizas se obtienen de la incineración de los ramos bendecidos en el Domingo de Ramos del año litúrgico anterior. Su origen empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso. Hecho que se extiende a todos los viernes de este tiempo cuaresmal.

Por su parte, «la costumbre actual de que todos los fieles reciban en su frente o en su cabeza el signo de la ceniza al comienzo de la Cuaresma no es muy antiguo», como comentan los expertos de liturgia del Arzobispado. En cambio sí para los pecadores: «En los primeros siglos se expresó con este gesto el camino cuaresmal de los ‘penitentes’, o sea, del grupo de pecadores que querían recibir la reconciliación al final de la Cuaresma, el Jueves Santo, a las puertas de la Pascua. Vestidos con hábito penitencial y con la ceniza que ellos mismos se imponían en la cabeza, se presentaban ante la comunidad y expresaban así su conversión».

Llegado el siglo XI, y habiendo ya desparecido la institución de los penitentes como grupo, se consideró este gesto «bueno para todos», extendiéndose así su práctica a todos los cristianos «de modo que toda la comunidad se reconocía pecadora, dispuesta a emprender el camino de la conversión cuaresmal».

En la última reforma litúrgica se reorganizó este rito, haciéndose «de un modo más expresivo y pedagógico. Ya no se realiza al principio de la celebración o independientemente de ella, sino después de las lecturas bíblicas y de la homilía. Así la Palabra de Dios, que nos invita ese día a la conversión, es la que da contenido y sentido al gesto», comenta la Archidiócesis.

¿Por qué en miércoles?

El día es otra de las claves de esta celebración. En el siglo IV se fijó la duración de la Cuaresma en 40 días que comenzaba seis semanas antes de la Pascua. Era en domingo, el llamado domingo de ‘cuadragésima. Llegados los siglos VI-VII el ayuno como práctica cuaresmal comenzó a cobrar gran importancia entre los creyentes. Por ello, este hecho se hizo incompatible con el domingo ya que desde los orígenes de la liturgia cristiana nunca se ayunó en día domincal por ser ‘día de fiesta’, el día del Señor. Por ello se eligió al miércoles previo al primer sábado este inicio de la Cuaresma.

¿Qué significa la imposición de las cenizas?

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la eucaristía, tras acabar la homilía; «aunque, en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Génesis, 3, 19 y Marcos 1, 15», refleja este texto explicativo.

Así, el simbolismo de la ceniza, según explica la Delegación de hermandades, se basa en «la condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte; la situación pecadora del hombre; la oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda y la Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo».

«La ceniza es el residuo de la combustión por el fuego de las cosas o de las personas. Este símbolo ya se emplea en la primera página de la Biblia cuando se nos cuenta que ‘Dios formó al hombre con polvo de la tierra’ (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de ‘Adán’. Y se le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: ‘hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho’ (Gn 3,19)».

Asimismo, el polvo y la ceniza son un hilo contacte de simbolismo que eleva este acto a la categoría de imprescindible en el concepto actual de la iglesia. Multitud de citas bíblicas hacen referencia a esta práctica que posteriormente se comenzó a llevar a la práctica. «Nos lleva a todos a asumir una actitud de humildad (“humildad” viene de humus, “tierra”): ‘polvo y ceniza son los hombres’ (Si 17,32), ‘todos caminan hacia una misma meta: todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo’ (Qo 3,20), “todos expiran y al polvo retornan” (Sal 104,29). Por lo tanto, la ceniza significa también el sufrimiento, el luto, el arrepentimiento. En Job (Jb 42,6) es explícítamente signo de dolor y de penitencia. De aquí se desprendió la costumbre, por largo tiempo conservada en los monasterios, de extender a los moribundos en el suelo recubierto con ceniza dispuesta en forma de cruz. La ceniza se mezcla a veces con los alimentos de los ascetas y la ceniza bendita se utiliza en ritos como la consagración de una iglesia, etc».

La imposición se se puede hacer también fuera de la Eucaristía, en especial en la comunidades que no tienen sacerdote, «pero siempre en el contexto de la escucha de la Palabra».

 

Javier Comas

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